1-Querido Gabriel, me alegra mucho que me lo pregunte, porque de ello le quería hablar. La gran distancia que nos separa no impedirá que el hilo invisible de las grandes finalidades nos unan en el éter donde germinará la elocuencia. Entonces, como primera cosa, le estoy escribiendo. La pluma ha retomado el vuelo arrastrando mis estímulos hacia aquellas regiones donde el ingenio humano se pavonea entre estirpes doradas. Pretendo develar junto a usted todos los problemas de las ciencias, los misterios del espíritu y las oscuras razones de las intrigas políticas internacionales.
2-Querido Lázaro: a su pregunta le respondo con un razonamiento medianamente regular. Una especie de plasma, un noble vuelo, aquellos que dicen estar preparando una nueva personalidad, las inversiones de 180 grados, las sorpresas de la vida doméstica, todo parece hablar al unísono. Si bien estamos preocupados por el bien general del rebaño humano, esto no se refleja en cada una de nuestras palabras como yo pretendo. Hay que trabajar más en el campo del espíritu y olvidar todo arreglo navideño. Así como los perros tienen cuatro patas y un hocico, así es como debemos despertar cada mañana. Seguros y confiados en la inutilidad de toda tarea.
3-Querido amigo Gabriel, la confianza en la inutilidad a la que hace referencia me lleva a reflexionar sobre el hecho que no soy yo ni es usted y ni siquiera esa caterva de focas insensatas, el alguien que está haciendo algo. Si, lo sé, estos argumentos nos pueden llevar fácilmente hacia una vulgar comedia. La gran farsa fue siempre compañera de todo pensamiento articulado y no por ello la humanidad ha dejado de hablar y creer en sus propios asuntos. Entonces bien, hemos hablado muchas veces de un perro negro, de un manto blanco y de algún tipo de fuerzas que no tienen lugar en el reino de las apariencias. Seguramente usted, querido Gabriel, será capaz de trazar una geometría eficaz entre las tres cosas.
4-Lázaro: la geometría tiene la eficacia que emana del perro negro cuando se junta con el espejo donde se reflejan sus pensamientos. El manto blanco no es más que otra de las ocurrencias de aquella que intermitentemente es abducida por un conejo. Debería reconocer de una vez por todas que esquivar las responsabilidades es mi habilidad primaria. En cambio, el perro negro, como cualquiera de sus compañeros del mundo animal, me supera en todo. Ni siquiera tiene responsabilidades. La vieja disputa entre el yo y la vida animal, el sòlo habita su nombre como nosotros habitamos nuestras casas. Nada más y nada menos.
5-Gabriel, estoy analizando minuciosamente su plan de acción y espero de poder responder con rapidez y certeza lógica, a la serie de estímulos sensibles que esta materia inevitablemente convoca.
Sì, esto es lo que estoy haciendo Gabriel, esto y no otra cosa, esto, y no aquello referido al sendero que conduce a la pradera donde pastan los alces. Usted sabe de que cosa hablo, lo sabe también el perro superador: habitar en espejos no es como habitar casas, no es lo mismo, y no me diga que es lo mismo si el espejo se encuentra dentro de una casa. Por más que llenemos los espacios que llenemos, con adornos , seremos por siempre dos sometidos en el reino de los injustos.
6-Querido Lázaro: no me resultan para nada interesantes sus conclusiones acerca de los espejos. Prefiero ahora hablarle de lo que ocurre en mi casa, ya que lo ha mencionado. En la otra habitación se desliza el hombre devorado por los peces. Pensé mucho en él durante estos días. aquel fracasado mago que saliò una primavera rumbo a la pradera, y como único truco logrò extraviarse en la severa conducta de los alces.. Cada noche, tengo unas palabras hacia él antes de conciliar el sueño. Me pregunto, amigo Lázaro, si es usted capaz de recordarlo.
7-Querido Gabriel: estoy pensando que, fracasados o no, los magos me han infundido siempre temor. Todo aquello que juega al engaño con lo desconocido, puede provocar daños irreversibles en las conciencias puras. Por otra parte, en nuestros comunes estudios sobre la ictiología, no hemos tocado jamás casos similares que nos permitan resolver el problema del hombre devorado que se desliza en su habitación. Prefiero olvidarlo, para volver a concentrarme en los objetos centrales de nuestra investigación: el perro negro y el manto blanco. Ese perro realmente existe, se mueve, come, ladra, duerme; el problema es que allí donde sólo tiene residencia la simple naturaleza animal, nosotros vemos, algo así como una fuerza inèdita, que por implosión, tendría que forjar la escritura de nuestros recuerdos. No le parece Gabriel, què también esto, puede resultar peligroso?
8-Amigo Lázaro: frente a semejante afirmación no me queda otra alternativa que decirle, que lo peligroso no es más que una parte ínfima de todo emprendimiento. En nuestro caso, deberíamos comenzar por proyectar en este mismo instante el recorrido y los mecanismos ocultos que el perro negro y su espejo nos han preparado. Los he visto algunas veces, cercanos al horizonte, casi al modo de los espejismos; y puedo asegurarle, que algo se traen entre manos (valga esta distracción morfológica para alguien que le habla de un perro y un espejo). Por el momento es lo único que tengo para decirle, pero el ojo avizor, estará atento a cada uno de sus movimientos. Como bien usted decía, los componentes originales son tres: pero lo primero es lo primero.
9-Estimado Gabriel, de tanto pasar el tiempo pensando en lo primero, me encuentro ahora envuelto en una encrucijada de falsas partidas. Tengo que moverme de aquí para poder continuar. Disculpe Gabriel, no se volverá a repetir. Espero que el ojo avizor, nos deslumbre anulando todas las fantasmagorías.
Volvamos a los tres componentes originales….perro, espejo y manto blanco. Agregamos figuras recortadas, mecanismos oscuros, arcanos reverenciales, cables de alta tensión, fauna exótica, diagnósticos médicos.
Como ve, le estoy diciendo algo falso. Aún estoy pensando en lo primero, en lo que estoy haciendo ahora, una y mil veces.
10-Lázaro, Lázaro: me pregunto si usted realmente piensa que el espejo es uno de los tres componentes originales, o si como decía anteriormente y me atrevo a citarlo textualmente “algún tipo de fuerzas que no tienen lugar en el reino de las apariencias” es el verdadero componente que acompaña a animal y objeto. Dilucidar esta controversia nos permitirá guiar al universo de un modo más justo en el campo de los pensamientos, tomar la rienda con la tensión exacta para que los caballos embravecidos nos transporten con gracia hacia el océano de las grandes ideas.
Por otra parte le sugiero revise la ecuación: animal, objeto y objeto es la primera. Animal, objeto y fuerza, es la segunda.
Creo ver algún tipo de distracción en usted. Le suplico retorne rápidamente a su habitual entrega.
11-Estimado Gabriel: le estoy renovando mis disculpas y emplearé todo el tiempo necesario para que usted pueda entender las dificultades que atravieso, ya que, de un momento a otro, también usted las puede llegar a padecer. Estoy aún detenido en el movimiento local de la pregunta que nos repetimos. El perro negro no logra atravesarla con sus quijadas, y no es en el espejo donde el espíritu se hace tiempo.
El inicio lógico de la pregunta no deja espacio a ninguna claridad intuitiva que me permita separarme de ella. Como hacer para que podamos ser libres de la interrogación? Como hacer para poder construir sobre sus desechos el reino aéreo de todas las narraciones?
Tal vez tenga que descender sobre ellos como un pájaro carroñero, superando los límites del corazón y el comportamiento. Beber al fin la linfa del guijarro y escapar de la perspicaz atracción de los vigías. Congelemonos en un lenguaje común, reiniciando el diàlogo anterior.
12- Lázaro: una vez más me veo en la obligación de reprenderlo, aunque por otra parte saludo su oportuno intento por definirlo todo. Pero quizás en el mismo sitio en que lo reprendo esté la salida, y en el mismo en que lo saludo, se encuentre el cerrojo que le impide ver que no se trata ni de inicio ni de fines. Hoy depositaré en la brevedad la significación.
13-Querido amigo Gabriel: no es sólo lo repetido, el inicio continuo, lo que acecha la conciencia común de lo que debería ser. Tampoco la torpe razón que habla siempre en primera persona. Ahora se trata de extrañas voces, interferencias, presencias que no llego a descifrar, entidades que proliferan como bacterias y esporas entre nuestras acrobacias gramaticales. A veces pienso que hemos quedado encastrados en una absurda decoración, y en ella, estos entes nos vigilan, obligándonos a repetir siempre lo mismo.
Otras veces veo una forma levantándose de un lecho de espinas, una varilla hueca que absorbe los paisajes, animales heridos y otras cosas de difícil comprensión. Pero no importa, no importa, concentrémonos nuevamente en las geometrías de ese relato que es de ninguno.
14-Estimado Lázaro: he pensado en esas voces mucho antes de su aparición. He previsto en algún momento que esas interferencias serían parte de nuestro errar. Puedo ver como esboza una sonrisa mientras lee estos párrafos. Pero debería saber, amigo Lázaro, que pocas veces suelo lanzar estas estrofas sin haber adquirido antes una profunda convicción. Es en este primer recorrido geográfico en donde podremos comenzar a quitar el velo que aún cubre a la geometría de esas presencias que viven en el misterio.
15-Amigo Gabriel: puede ser que su gran convicción haga causa común con mis continuos ataques de amnesia (Usted lo sabe, provocados por mi adhesión morbosa al manto blanco).
No obstante, la cosa despierta mi curiosidad, ya que las pasiones, en dos vidas serenas y regulares como las nuestras, son materia rara; o forman más bien, sòlo parte de los errores, de la irrenunciable vocación hacia el saber científico.
En buena hora si dejamos de lado un poco el rigor y nos dedicamos cada tanto a las debilidades humanas. ¡Ocio, emotividad, pasión, alces y adalides cristalinos! ¡Forjados por el fuego, seremos el oropel de las novias extasiadas que no tocaremos jamás!
16-Queridísimo Lázaro: siento que ha comprendido finalmente el verdadero sentido de mis preguntas, el verdadero material del que se nutren mis palabras. Quisiera que traigamos una vez más esa larga hilera de alces que no se atreven a desplazarse más allá de lo que les indica el que inicia la caravana. El estudio de sus costumbres, extrañas a primera vista, pero absolutamente filosóficas una vez conocidas, será el primer paso en nuestra búsqueda del sendero que nos conduzca al mundo sensual. Sólo se llega al mundo de las debilidades por el cerrojo de los rigores más extremos.
Tenga confianza, Lázaro, nunca las tocaremos pero serán nuestras para siempre.
17-Estimado Gabriel, ya que el mundo sensual fue lo por siempre excluido, encontrándome en mis más de 50 años todavía en estado de virginidad, no puedo no coincidir devotamente con su propuesta. Detrás de ese cerrojo vive lo que no hemos sido, el paraíso nupcial de los espíritus yuxtapuestos.
Construyamos con la ayuda de todas las ciencias el taladro definitivo que abrirá el pasaje hacia las novias aladas que con su ronda sensual harán vibrar por siempre nuestros corazones.
18-Lázaro: quiero advertirle que es un camino espinoso, como el sendero que tantas veces hemos recorrido, allí donde una rosa traicionera puede terminar con la vida del más inocente. Esta advertencia es tan pura como su confesión de virginidad. Hay que saber diferenciar la virginidad de la castidad .Me pregunto por donde le gustaría comenzar: ¿Alces? y su enorme atracción por el olor de los neumáticos en las rutas que confunden con los fluidos de las hembras en celo.
19-Querido Gabriel, creo que usted certificará sin duda, que la irrupción de estos discursos, ha otorgado una luz nueva a la aventura compartida.
Esta tempestad de sensualidades incontroladas genera nuevos paisajes y nuevas ocasiones existenciales. El hacer humano edificarà en ellos estructuras eficaces, estoy seguro. La gran voz del celo invadirá cada objeto, será el magnifico pegamento que hace lo único. Me detengo aquí, mis manos tiemblan, no había transitado jamás en mi vida por estos terrenos. Por años hemos estudiado el comportamiento de los alces, recién ahora revelamos a nosotros mismos estos aspectos increíbles de su vida sexual. Lo habíamos omitido por oscuras razones. Es ello tal vez la castidad?
20-Amigo Lázaro: creo que se trató de inocencia. De pura inocencia. Aún no llego a vislumbrar la relación exacta entre el manto blanco y la castidad, aunque sea una imagen recurrente a lo largo de la historia de la humanidad. Deberíamos reparar que igualmente nuestro manto blanco como objeto de estudio solo adquiere un nuevo ser cuando está en conexión con el perro negro y éste a su vez sólo es en tanto el espejo es. Todo esto ha confundido un poco mis pensamientos somnolientos de este atardecer sombrío, justo cuando releo aquello que dice sobre las oscuras razones de la omisión. He aquí la clave de la velocidad de mi respuesta. Es como el rumbo de la economía universal. Hacer pasar gato por liebre no es tarea de científicos. Usted y yo deberemos ser el gran cocinero de las sensaciones por venir.
21-Estimado Gabriel: temo a El manto blanco. Temo que cubra cada cosa. Bajo él, el perro negro sería sólo una silueta blanca, el espejo nada. Sus pensamientos somnolientos querido Gabriel, se unen fácilmente a los míos, dejemos que floten como niebla dorada sobre la perfidia del manto blanco. Allí las novias fabulosas levantarán la arcana semilla y la cruz de huesos, generarán el muñeco de leche y la loca orquesta de espectros.
De nuevo los estímulos sensuales me impiden continuar escribiendo, pienso en números, recetas de cocina y manuales de instrucciones. Le renuevo mis afectos y me disculpo por no haberle respondido sobre lo que estoy haciendo ahora.
22- Lázaro, Lázaro: ahora estoy respondiéndole a usted y seguiré haciéndolo en tanto insista en preguntármelo cada vez que estoy aquí. El gusto por los números es una afición que muchos cultivan, pero he conocido a otros, muy particulares que tienen entre los preferidos al 5, al 9, al 16, al 26 y sobre todo al 29. Sin tratarse de algo que pueda sorprenderme, lo hace más que sus muñecos de leche o las varillas caninas que pasean por las ciudades pequeñas. Todo tiene el mismo sabor cuando El manto blanco los cubre. Y es en esto donde debo detenerme hoy. Le vuelvo a repetir: estoy respondiéndole.
23-Le respondo estimado Gabriel, eso es lo que estoy haciendo, estoy haciendo lo mismo que hizo usted anteriormente. Nos respondemos excluyendo a todos los otros. Solo convivimos con voces lejanas, crujidos de viejos muebles, cortinas pesadas e insectos secos.
Pero nuestro lugar es en el mundo y entre las cosas, lo que hacemos es para nosotros y también para los otros. Las novias serán para todos, en ningún allí se perpetuará el egoísmo. Viviremos como militantes de la sensualidad siguiendo los severos pasajes de avanzadas metodologías. El valor de la ciencia se hará presente en cada momento de nuestra obra
Pongamos entonces en claro que en todos los lugares dejaremos un espacio para el perro negro, el espejo y el fluido viscoso que intenta hacerlos uno.
24-Sí Lázaro, claro que sí. Tengo la profunda convicción de que esta vez seremos comprendidos. No me pregunte como lo sé. Quizás alguna de las interferencias, eso que usted llama voces lejanas y yo estoy comenzando a sospechar que también son ojos y oídos, serán las encargadas de dicho cometido.¿Estarán allí todas las novias, todos los amores resumidos en uno solo? Es probable, pero para saberlo deberemos emprender un nuevo tipo de investigación. Realmente no sé muy bien que es lo que nos rodea.¿Usted también ha notado algo extraño?. Así es también la vida de los alces, aquí va un dato curioso acerca de ellos: nunca han sido capaces de pasar una línea imaginaria que los hace caminar en forma rectilínea de este a oeste primero, de oeste a este después. No hay ni abundancia ni hambruna que los desvíe de esta senda. Es así como nuestros pensamientos van a dar con el tiempo el resultado que esperamos. ¿Sabe algo del enano de terracota? Espero sus encuentros con el tapir sigan siendo tan regulares como siempre. Sepa disculparme, acabo de darme cuenta que olvidé lo que realmente quería decirle acerca del perro negro y el espejo, superado por una tormenta de palabras que me obligaron a comenzar el camino desde su final.
25-Querido Gabriel, estoy haciendo lo imposible para poder detener los flujos no monitoreados. Le propongo que actuemos siguiendo un proceso de archivo y clasificación minuciosa. Es hora de que hagamos entrar por la puerta principal a nuestra mejor amiga: la ciencia.
La sensualidad y el engaño van siempre de la mano, y usted lo sabe mejor que yo. La conciencia no será nunca universalmente válida.
Tendríamos que comenzar a definir la escenografia general: la pregunta que no podemos dejar de hacernos es: ¿Qué estás haciendo ahora?
Estoy pensando en usted, querido Gabriel; y cada pensamiento renueva en mí el más sincero sentido de amistad. Recuerdo nuestras investigaciones sobre los alces, vívidas al extremo en su hábitat natural. Recuerdo también que nos llevaron a la bancarrota, motivo por el cual emprendimos los estudios sobre la economía mundial. Y si mal no recuerdo, al enano de terracota lo usábamos como pisapapeles durante nuestros estudios. No lo veo desde aquellos tiempos. El tapir tuvo un triste final…
26-Querido Lázaro: que trampas las que nos tiende la memoria. No se muy bien quién dijo eso, tampoco importa tanto. Más bien pienso en su reclamo permanente acerca de mi negativa a darle las llaves de mi casa. Hoy el mundo asiste estupefacto al quiebre de todas las leyes que hasta ahora les resultaron más que suficientes. No se dan cuenta que es exactamente lo que nuestro oráculo pausado les ha advertido hasta el cansancio. Una, dos, tres y cuatro veces.
27-Llorando, amigo Gabriel, eso estoy haciendo, y no por las interminables diatribas entre la sensibilidad y el intelecto. Son dolores verdaderos los que me aquejan. Dolores que salen del niño y explotan como serpientes en la cabeza. El otro lado de la sensualidad, el tapir y su cadáver semejante, las piedras y la espada clavada en su lomo.
Oh querido amigo, mi corazon abraza los despellejados, seca las heridas de los moribundos y se estrella en espasmos irrisorios! Esto es suficiente.
28-Al fin puedo llamarte por tu nombre Lázaro: ¿O debería dejar de llamarlo? ¿Como exigir garantías a la nada? ¿Hay nuevas formas de luchar contra la mentira? Ha ofrecido sus valerosos partes diarios desde tiempo inmemorial. No hablo de palíndromos ni de sonrisas estúpidas.
Esto es como decir: no volveremos atrás.
Nos preguntamos: ¿Es para procrear? ¿O por ambición? ¿O por hábito?
¿Es el perro el hábito y yo el monje? ¿O sólo es espíritu de imitación?
¡A esconderse entonces, Lázaro! ¡A esconderse cantando su vieja canción.
Me siento obligado a seguir escribiendo.
Antes hablaba usted de insectos secos, parámetros inaudibles. El peso general de la cosa, eso que nos arrastra, es lo que hace que la persona más sensata se vea excedida. Todo tiene un motivo.
La gente reconoce lo que le sirven en bandeja.. No elegimos las cosas. Su trabajo no necesita nada para estar arruinado. Es por algo .Es lo que hago.
Su mano es tan grande como rudimentaria. Fluctúa y desvía. Distrae hacia un lugar que es recurso. Ponga todo junto y se dará cuenta. No por buscar un resultado vamos a estar en otra parte.
¿En qué está pensando, Lázaro?
Esto es como decir: no volveremos atrás.
Nos preguntamos: ¿Es para procrear? ¿O por ambición? ¿O por hábito?
¿Es el perro el hábito y yo el monje? ¿O sólo es espíritu de imitación?
¡A esconderse entonces, Lázaro! ¡A esconderse cantando su vieja canción.
Me siento obligado a seguir escribiendo.
Antes hablaba usted de insectos secos, parámetros inaudibles. El peso general de la cosa, eso que nos arrastra, es lo que hace que la persona más sensata se vea excedida. Todo tiene un motivo.
La gente reconoce lo que le sirven en bandeja.. No elegimos las cosas. Su trabajo no necesita nada para estar arruinado. Es por algo .Es lo que hago.
Su mano es tan grande como rudimentaria. Fluctúa y desvía. Distrae hacia un lugar que es recurso. Ponga todo junto y se dará cuenta. No por buscar un resultado vamos a estar en otra parte.
¿En qué está pensando, Lázaro?
29-Querido Gabriel, esto es lo que estoy pensando : al actualizarnos en el instante no hacemos otro cosa que no sea negar la majestuosa sensualidad de lo extensivo.
La linfa abandonada en el camposanto confirma esta teoría. El peso general de la cosa, a la que usted hace referencia, lo confirma doblemente: la persona (nosotros) es una realidad sujeta a su continua disminución. Entonces si “algo” es el camino, allí resplandecerán los fuegos inviolados, las criaturas de la candidez y el revuelo de las vírgenes. Todo lo gastado fue alguna vez construido y agobiado por los mismos aforismos.
Amigo mío, creo que, aquello que llamamos “la gente”, verá salir de nuestros ojos solo gallinas espantadas, pelotas de cemento y carrillones enloquecidos
Nos preguntamos que estamos pensando, el cambio es notable.
La linfa abandonada en el camposanto confirma esta teoría. El peso general de la cosa, a la que usted hace referencia, lo confirma doblemente: la persona (nosotros) es una realidad sujeta a su continua disminución. Entonces si “algo” es el camino, allí resplandecerán los fuegos inviolados, las criaturas de la candidez y el revuelo de las vírgenes. Todo lo gastado fue alguna vez construido y agobiado por los mismos aforismos.
Amigo mío, creo que, aquello que llamamos “la gente”, verá salir de nuestros ojos solo gallinas espantadas, pelotas de cemento y carrillones enloquecidos
Nos preguntamos que estamos pensando, el cambio es notable.
30-Lázaro: no responder es parte de lo que en otros momentos definíamos como alguien cobarde. Lo sé. Lo soy. Sé muy bien de que se trata todo. Esos que creía eran usted, parecen ser otros, y la pregunta que creíamos hacernos, quizás no nos pertenezca. Si quitamos el manto blanco a todo lo ya dicho, aparecerá en un instante algo que sacudirá violentamente a toda la filosofía presente. No crea que es uno de mis habituales ataques de vanidad o calvicie. Es más bien una nueva manera de responder a esa actual pregunta.
31-Estoy pensando querido Gabriel; y al pensar mi imaginación queda bloqueada por sus propios límites. ¿Que cosa son esos “otros”?¿ El océano inmenso? ¿Los cielos infinitos? ¿Lo que nos trastorna y agita violentamente descubriendo nuestra común virginidad?¿ Todo lo que vive bajo el manto blanco?¿O los muñecos de leche que extraen la gema de la amistad del árbol de huesos? No puedo hacer otra cosa más que ponerme a tartamudear..si no soy yo ni es usted...¿serán los pájaros carroñeros?¿El enloquecimiento que impide la síntesis?¿El ir y venir del palabrerío?¿Esto, aquello, todo, algo o nada?¿Si somos parte de un gigantesco error, como haremos para encadenar nuevamente a los símbolos en las reglas de la reflexión?...Disculpe, querido Gabriel, me he dejado llevar de la mano por una exagerada inocencia. Nuestra amiga la ciencia nos ayudará a comprenderer este extraño fenómeno, pondrá en orden la filosofía y ya que está, resolverá lo de sus ataques de calvicie.
32-Queridola Lázaro: mis pensamientos van y vienen sobre lo que está sobre mi cabeza. Hoy luzco una cabellera magnífica, sin un esbozo blanco. Más pude ver en un sueño, lisa y brillante, la esfera de un planeta desconocido... en pleno ataque de calvicie. Al menos no fue un ataque de tumbas carnero, tal como solían visitarme. ¿Realmente es atribuible éste tipo de fenómenos hipnóticos a esa multitud que parece murmurar a nuestro alrededor? ¿A todos esos nombres que adoptaremos como propios para responder siempre a la misma pregunta? ¿Es algo que atañe a la crisis de la economía mundial? ¿A eso que los viejos revolucionarios llamaban etapa final del imperialismo, proponiéndonos castillos de cristal en el fondo del océano y tranquilidad para los tigres y orangutanes mientras el martillo pilón trabajaba sin aburrirlos? ¿Veremos al fin como todos utilizarán nidos sobre los árboles, cubriéndose con enormes hojas de banano cada vez que la lluvia cae? ¿O ese será para siempre nuestro secreto? ¿Qué se ha hecho del perro negro y su espejo?
¡Basta Gabriel!¡Basta! ¡Detiene el sudor que cae por tu cuello y vuelve a la domesticación a la que te han acostumbrado los años! ¿Será posible que en una sola palabra pueda resumirse lo que me acaba de ocurrir? Esto es lo que hago, esto es lo que pienso, amigo Lázaro: que al fin ha concluido el primer capítulo de esta gran conversación que no dejará de continuarse.
¡Basta Gabriel!¡Basta! ¡Detiene el sudor que cae por tu cuello y vuelve a la domesticación a la que te han acostumbrado los años! ¿Será posible que en una sola palabra pueda resumirse lo que me acaba de ocurrir? Esto es lo que hago, esto es lo que pienso, amigo Lázaro: que al fin ha concluido el primer capítulo de esta gran conversación que no dejará de continuarse.
33-Estoy confirmando mi total acuerdo con su propuesta, querido Gabriel. Si hay “otros” así como “hay lombrices” o “hay lápices”, de alguna manera tenemos que gratificarlos.
El nuevo capitulo de nuestro obra, germina en el murmullo de esos nombres que hacen y deshacen la pregunta infinita.
Creo que su hipótesis, estimado Gabriel, sea la justa. Estas presencias tienen mucho que ver con la crisis de la economía mundial. El viejo sueño revolucionario de una bioesfera en la que hombres, animales y objetos conviven en equilibrio extasiado, ha quedado allí, en los estratos polvorientos de una vieja alacena universal. Nos toca ahora poner orden a esta situación más complicada de lo que pensábamos; y créame Gabriel, nuestros viejos estudios nos daràn las herramientas necesarias para la batalla. Después de todo, intuyo que estos “otros” están implicados hasta el cuello en el problema; y ,quienes más, quienes menos, darán su contributo en el debate. Resta saber la colocaciòn del perro negro y su espejo en el index de la producción y los mercados.
El nuevo capitulo de nuestro obra, germina en el murmullo de esos nombres que hacen y deshacen la pregunta infinita.
Creo que su hipótesis, estimado Gabriel, sea la justa. Estas presencias tienen mucho que ver con la crisis de la economía mundial. El viejo sueño revolucionario de una bioesfera en la que hombres, animales y objetos conviven en equilibrio extasiado, ha quedado allí, en los estratos polvorientos de una vieja alacena universal. Nos toca ahora poner orden a esta situación más complicada de lo que pensábamos; y créame Gabriel, nuestros viejos estudios nos daràn las herramientas necesarias para la batalla. Después de todo, intuyo que estos “otros” están implicados hasta el cuello en el problema; y ,quienes más, quienes menos, darán su contributo en el debate. Resta saber la colocaciòn del perro negro y su espejo en el index de la producción y los mercados.
34-Las tardes, Lázaro, ya no serán las mismas. He comprendido que nosotros no somos lo mismo. Yo Gabriel, tengo un norte que pocos reconocen. Ni siquiera yo me doy cuenta de cual es. Tengo una voluntad que pocos podrían develar. Para mí, Gabriel, siempre es el día la mañana. Y siendo mañana, no me doy cuenta del Hoy. Es la tarde ya, y sigo siendo Gabriel. Pueden ignorarme, cuestionarme. Pero a ver quién es capaz de quitarme mi nombre. Es siempre tarde para eso. Sigo siendo Gabriel.
35-Querido Gabriel, usted es hijo de la mandrágora y la rueda, yo de una silla rota y un vaso antiguo. El árbol en el que reposan nuestros nombres tiene las raíces al revés, se nutre con lágrimas de arcángeles enfermos y saetas . Yo soy la tumba abierta, usted el astro y la rima, yo soy el muerto verdadero, usted la sinfonía de lo prodigioso. Si a veces somos otros no es por culpa de los nombres, ellos están siempre allí, colgando de las ramas, puro efecto de la primavera que para ser, nos los renueva.
No se preocupe ya por eso, piense más bien en el habla que persiste en el mundo.
Todos los nombres fueron convocados en la apariencia de lo natural y el suyo y el mío se unieron bajo un signo de pregunta. Esperemos que los otros se mueran de risa y no de espanto.
No se preocupe ya por eso, piense más bien en el habla que persiste en el mundo.
Todos los nombres fueron convocados en la apariencia de lo natural y el suyo y el mío se unieron bajo un signo de pregunta. Esperemos que los otros se mueran de risa y no de espanto.
37-Lázaro amigo: debería comenzar esta vez por decirle que casi no he logrado pensar en nada. Atribuyo este percance a un grado inexacto de intromisión de esos otros, pero como usted bien dice debemos dejar de darles tanta importancia. Hoy lo que realmente vale es el estudio de la vida natural. Luego iremos por la filosofía una vez más. Me pregunto si esa vieja historia acerca de aquel primate prodigioso es cierta. ¿La conoce? Yo solo de mentas. Por más esfuerzos que hago por pensar en algo sigue apareciendo ese pequeño orangután que se desplaza de un árbol a otro, que lleva colocado sobre su cabeza un gorro rojo y me mira con el desdén de quienes se saben absolutamente superiores. Debo buscar en diario de bitàcora , si hay algún indicio sobre algo semejante.
38-Lo que estoy haciendo ahora querido Gabriel, es señalarle que otra vez la memoria nos está tendiendo una trampa. Y es evidente que lo hace cuando los argumentos se nutren de materias sexuales. Basta que revisemos el diario de bitácoraque remiteal capìtulo acerca de nuestras investigaciones sobre los primates de los archipielagos. Podemos omitir en un largo “entre paréntesis” vacío, la fracción más trágica de la experiencia. Sólo le recuerdo que el gorro rojo era su gorro, que tuvimos que escapar de allí una vez más por la falta de financiamientos, que la población local se declaró hostil a nuestro proyecto y que los pocos buenos resultados obtenidos fueron vulgarizados de manera obscena por esos editores sin escrúpulos. Lo importante ahora es mirar hacia adelante, fijar un punto en el horizonte, drenar esa sensualidad excesiva, para poder continuar con la frente en alto. Después de todo, tenemos siempre que recordar que no hay nada más innoble que llorar en público.
39-Hola Lázaro: ¿era realmente mío el gorro rojo? ¿Era entonces yo quién se desplazaba de árbol en árbol? ¡Ahora puedo recordarlo!¡Ahora comprendo mejor por que correr de aquí para allá con una pelota azul en la boca se ha convertido en mi pasatiempo favorito. No dudo en recomendárselo. Es una técnica del todo sencilla. En primer lugar tendrìa que encontrar un perro y una pelota, preferentemente azul. Luego esperar a que el perro la arroje por la ventana, situada en un cuarto en un piso elevado. Cuando la pelota cae, ir tras ella tomando la precaución de utilizar las escaleras. Nada más. También su referencia al horizonte puede combinarse con esta simple actividad. Mejorará sus mandíbulas y sus miembros inferiores al mismo tiempo. Debemos encontrar urgentemente nuevos editores y a su vez una fuente de financiamiento más segura.
40-Querido Gabriel, estoy pensando que tengo que hacer algo para ayudarlo. Su relato sobre el juego con la pelota azul es el expediente emotivo de la gran remoción, la escenografía que cubre la verdad de la que ”no se puede hablar”. No es mi intención abrir una nueva llaga, se cuanto para usted era importante ese gorro rojo. Es también muy común (lo he leído en un manual de psicología) que ante una situación traumática la victima responda mimetizándose con su verdugo: no era usted el que se desplazaba de árbol en árbol....En el diario de bitácora, que conservo con premura, está escrito todo con lujo de detalles....Haga un esfuerzo, Gabriel, no es necesario que se muestre ante mi como un héroe, los dos hemos padecido los abusos de esa naturaleza lujuriosa sacrificándonos en nombre de la razón científica.
Con respecto a lo de buscar nuevos editores estoy plenamente de acuerdo.
Con respecto a lo de buscar nuevos editores estoy plenamente de acuerdo.
41Querido Lázaro: Pienso en Los apaches de París, las historias de los instantes, las grandes migraciones humanas; por sobre todo las grandes migraciones que sacuden actualmente al rebaño humano.
Veo pasar fantasmas amarillos, rojos, incoloros… Veo que por la ventana asoma uno que no logra emitir ningún sonido, aunque su gran boca de aire grita algo enorme… Pasan… intuyo no dejarán de pasar por mucho tiempo. El egoísmo no necesita alimentarse; sereno, adelgaza toda consciencia e inmóvil, se sabe triunfante. Querido amigo Lázaro, ya no lloraré en público, tomaré por pasatiempo la infinita tarea de fotografiar cada partícula de maldad, para presentarla como prueba de nuestra ciclópea tarea. Hacer la risa eterna en el horizonte de las tempestades, crear nuevas emociones, gestar amistades que sólo viven en el encuentro imposible. Volver a la selva tropical a buscar el gorro rojo, en fin… volver a escribir un nuevo diario de bitácora. No pueden leernos así como no pueden ver: es el principio activo que dirige sus narices alargadas, sus ojos maliciosos, su indecencia.
Veo pasar fantasmas amarillos, rojos, incoloros… Veo que por la ventana asoma uno que no logra emitir ningún sonido, aunque su gran boca de aire grita algo enorme… Pasan… intuyo no dejarán de pasar por mucho tiempo. El egoísmo no necesita alimentarse; sereno, adelgaza toda consciencia e inmóvil, se sabe triunfante. Querido amigo Lázaro, ya no lloraré en público, tomaré por pasatiempo la infinita tarea de fotografiar cada partícula de maldad, para presentarla como prueba de nuestra ciclópea tarea. Hacer la risa eterna en el horizonte de las tempestades, crear nuevas emociones, gestar amistades que sólo viven en el encuentro imposible. Volver a la selva tropical a buscar el gorro rojo, en fin… volver a escribir un nuevo diario de bitácora. No pueden leernos así como no pueden ver: es el principio activo que dirige sus narices alargadas, sus ojos maliciosos, su indecencia.
42-Si usted lo dice querido amigo Gabriel, podemos tomar por esa vía de fuga. La psicología sirve solo para distraernos de la pureza. Volver a los lugares como si se volviese a un sueño, volver, vagar, despejar los traumatismos, iluminar la posibilidad errante.
Mezclemos todas las cartas, todos los animales, corramos desnudos por la selva tropical
con las amistades gestadas en el encuentro imposible. Todo de nuevo Gabriel, vivamos con ellos los problemas privados de solución y la totalidad de las condiciones. Hagamos con los abismos y las tempestades la razón de esta arrogancia compartida. ¡Que vayan ellos a buscar su gorro rojo! ¡Que me dejen en paz esas malditas voces que salen de ninguna parte! ¡Déjenme en paz con mi inocente creencia de existir! ¡Voces, seremos voces como un modo de estar en el presente actuando sobre posibles y rellenando huecos!
Pero... que alguien me lo explique: ¿la ilusión de los lenguajes y sus reglas forjarán el nosotros, las voces y los cuerpos? ¿Los datos secretos que incesantemente nos renuevan serán el combustible de nuestra patética altisonancia?
Mezclemos todas las cartas, todos los animales, corramos desnudos por la selva tropical
con las amistades gestadas en el encuentro imposible. Todo de nuevo Gabriel, vivamos con ellos los problemas privados de solución y la totalidad de las condiciones. Hagamos con los abismos y las tempestades la razón de esta arrogancia compartida. ¡Que vayan ellos a buscar su gorro rojo! ¡Que me dejen en paz esas malditas voces que salen de ninguna parte! ¡Déjenme en paz con mi inocente creencia de existir! ¡Voces, seremos voces como un modo de estar en el presente actuando sobre posibles y rellenando huecos!
Pero... que alguien me lo explique: ¿la ilusión de los lenguajes y sus reglas forjarán el nosotros, las voces y los cuerpos? ¿Los datos secretos que incesantemente nos renuevan serán el combustible de nuestra patética altisonancia?
43-Hola Lázaro: es el momento exacto para iniciar una gran investigación acerca de la maldad, del crimen, de la indolencia, de las sandalias de los santos, del libertinaje y su redención, de cómo se suceden cotidianamente las atrocidades domésticas. Dar comienzo a una gigantesca tarea de refutación. Nuestro diario batallar deberá ocuparse de un análisis estricto y minucioso de cada acto diario que modifica inevitablemente el curso de los días. Sabemos que podemos descubrir cada día a ese que quiere pasar desapercibido. No el crimen estrepitoso, sino ese que por perfecto se ocupa de la moral. Aquel que quiere pasar por crimen cuando en realidad es su contrario. Estoy pensando una vez más en las grandes migraciones. Alces que van de aquí para allá, no migran, caminan. Van y vuelven, suben y bajan, como yo con la pelota azul, Lázaro. Ejercicios de dominio muscular, irregularidades de la materia. Podría ser el ciempiés con su pelota roja, o el enano de seis brazos y el tapir. ¿Qué más da? En cambio, esos humanos representan en sí mismos el horizonte, el manto blanco y el perro y su espejo. ¡Qué así sea desde ahora y para siempre!
44-Querido amigo Gabriel, estoy bajando el tono de mi prédica, calmando las aguas, poniendo en su lugar el cortejo de adornos irritados. No todo lo que viene y va en este mundo invisible prescribe en los otros la atención necesaria para una lectura eficaz.
Luego de haber abovedado el tiempo con introducciones floreales y fanfarrias, vuelvo a construir en el acto de la escritura, una estructura económica que de los abismos nos pueda ahorrar.
No todos aquellos que no han podido acceder a la información abstracta quedarán al margen de nuestra misión de felicidad. Tarde o temprano el problema de los “otros” se resolverá, cada persona se hundirá definitivamente en su espectro dejando en los retretes del alma la farsa de lo únìco y de lo múltiple.
Nuestro contributo termodinámico no pasará inadvertido: es importante que las voces, los otros y los cuerpos, sepan eso.
Luego de haber abovedado el tiempo con introducciones floreales y fanfarrias, vuelvo a construir en el acto de la escritura, una estructura económica que de los abismos nos pueda ahorrar.
No todos aquellos que no han podido acceder a la información abstracta quedarán al margen de nuestra misión de felicidad. Tarde o temprano el problema de los “otros” se resolverá, cada persona se hundirá definitivamente en su espectro dejando en los retretes del alma la farsa de lo únìco y de lo múltiple.
Nuestro contributo termodinámico no pasará inadvertido: es importante que las voces, los otros y los cuerpos, sepan eso.
45-Querido Lázaro: No más pensamientos. Las indicaciones son las mismas. Releer el regreso del hijo pródigo, las cartografías anteriores, planos, mapas, indicaciones, algo que a todos les parece borrosamente antiguo. ¿Debería continuar? Me detiene una mano de cera en el mismo instante en que profiere mi pensamiento la pregunta: ¿Ardo? Arder es la dicha del presente. Quién arde graba a fuego su verdad en el otro. No necesita más que arder para saberlo. Es lo que algunos llaman amor y otros titulan infierno. Dejemos a los creyentes la segunda opción, con lo cual declaro, Lázaro, nunca pude creer. No fui educado para ello, y las revelaciones no son mi fuerte. Repito para no volver a tener que decirlo: arder antecede a la duda, aniquila toda ejecución, es y existe.
46-Estoy pensando que en buena hora usted, querido Gabriel, introduce el ardor en esta compleja encrucijada de lenguajes. La fe que se desprende de sus palabras lava cada partícula de indiferencia, corrompe los astros e ilumina de gracias los paisajes.
¿Es en el arder donde viven las esposas? Se trata de un fluido, de materia gaseosa o de pura voluntad sin sujeto? ¿Arder, participa tanto de nosotros como de los otros?
¿Arde la sensualidad como arde el papel de empaques? ¿Arde el tonto peregrino como arde el ancla de los siglos? ¿Arden los cielos sin escaleras como arde el hechizo de las novias sin corazón?¿Cuanto la mano de cera vale en la intensidad de lo que arde?
¿Arde el perro negro, su espejo y el manto blanco? ¿Arden los personajes que no alcanzan a persistir? ¿Arden las colinas lejanas bajo los árboles de la alabanza? ¿Arde la muda aserción en el hombre quemado? ¿Arden los otros en el abismo que se llenará de gozo?
¿La duda es enemiga del ardor? ¿La duda no existe porque no arde? ¿Y si acumulando todas las dudas logramos alcanzar el supremo ardor?
¿Es en el arder donde viven las esposas? Se trata de un fluido, de materia gaseosa o de pura voluntad sin sujeto? ¿Arder, participa tanto de nosotros como de los otros?
¿Arde la sensualidad como arde el papel de empaques? ¿Arde el tonto peregrino como arde el ancla de los siglos? ¿Arden los cielos sin escaleras como arde el hechizo de las novias sin corazón?¿Cuanto la mano de cera vale en la intensidad de lo que arde?
¿Arde el perro negro, su espejo y el manto blanco? ¿Arden los personajes que no alcanzan a persistir? ¿Arden las colinas lejanas bajo los árboles de la alabanza? ¿Arde la muda aserción en el hombre quemado? ¿Arden los otros en el abismo que se llenará de gozo?
¿La duda es enemiga del ardor? ¿La duda no existe porque no arde? ¿Y si acumulando todas las dudas logramos alcanzar el supremo ardor?
47- Lázaro: El silencio me escucha. Nadie lo sabe. Pero guardo en mi bolsillo un cerillo que me regaló hace mucho tiempo que no será encendido por mí, al menos hoy. Otro día, cuando el silencio comience a hablar, diré lo contrario. Pero hoy el silencio me escucha y nadie lo sabe. Una vez que realice la comprobación necesaria, y que será en este caso de orden práctico, acumularé las dudas, les aproximaré el cerrillo y veré si arden en supremo ardor. No es nuestro deber corregir las desviaciones de los hombres, pero si relatar con exacta precisión la geografía de los mismos. Desnudarlos, publicar la dirección única de sus moradas, despertarlos, alterar sus moléculas perniciosas. No hablo de espadas o justicia divina, no pienso en la verdad. He despertado en un nido en la copa de un árbol, me cubro cuando la lluvia cae con hojas enormes, perdido para siempre mi gorro rojo. Habito a Lázaro siendo Gabriel, ¿cuantos pueden pensar como yo?
48-Querido Gabriel, estoy pensando que una vez más su respuesta es contundente. Ha logrado concentrar todas mis preguntas sobre el ardor, en la cerilla que tiempo atrás le regalé. Su maestría en el arte de la síntesis, estimado amigo, me deja perplejo, la perplejidad me deja en el silencio, el silencio en usted, los que hablan, afuera.
La geometría de los hombres no develará jamás su origen, nuestro relato dejará allí su falta. Podemos rellenar esa omisión con paisajes coloridos y melodías populares.
Los “otros” encontrarán al fin un lugar donde pastar. Nosotros seremos absorbidos por las surgentes nerviosas, expandiéndonos en horrorosos lamentos, pero de esto no tendríamos que preocuparnos: podemos dejar de pensar en la verdad y sus calamidades, no así en los rituales que incesantemente la renuevan.
La geometría de los hombres no develará jamás su origen, nuestro relato dejará allí su falta. Podemos rellenar esa omisión con paisajes coloridos y melodías populares.
Los “otros” encontrarán al fin un lugar donde pastar. Nosotros seremos absorbidos por las surgentes nerviosas, expandiéndonos en horrorosos lamentos, pero de esto no tendríamos que preocuparnos: podemos dejar de pensar en la verdad y sus calamidades, no así en los rituales que incesantemente la renuevan.
49-Querido Lázaro: el principio de todo es tan inexacto como el final de todo. Es por eso que no puedo dejar de escribirle. Cada instante se revela como único, cada todo como ausente. En realidad, parece una gran broma. Algo así como perder algo. ¿Perdió algo ahora? El universo se alza sobre mis espaldas. Dejemos entonces la verdad en el estante más alto, lejos del alcance de las manos de los niños. O podemos embarcarla en un avión con destino impreciso. O mejor aún recordarla a cada instante para que por el procedimiento de la repetición se torne invisible. Usted será quién lo decida.
50-Pienso que usted, Gabriel, me está dando una gran responsabilidad: la verdad y su hermana la mentira, nos dejarán con un sabor amargo en la boca. Demasiado tarde para arrepentirnos, demasiado temprano para volver por los mismos pasos. Quedamos como siempre atrapados en la pregunta. Pero esta vez no tenemos que caer en la trampa: se abren horizontes inexplorados, lejos de toda la sopa profética y autoreferencial que nos inhibe.
Retomemos nuestros viejos instrumentos de trabajo: el compás, la brújula y el termómetro. No serán ni la ilusión del presente, ni los parámetros domésticos de la insanía, lo que tendremos que medir.
Retomemos nuestros viejos instrumentos de trabajo: el compás, la brújula y el termómetro. No serán ni la ilusión del presente, ni los parámetros domésticos de la insanía, lo que tendremos que medir.
51 Querido Lázaro: pienso que su hablar de sopas y profecías despertó mi apetito y mi vocación culinaria a un mismo tiempo. Pero antes de darle mi receta del día pienso (desde hace tiempo sólo pienso) quién pudo convencerlo que arrepentirse y volver por los mismos pasos tienen alguna relación con las referencias temporales. Tarde y temprano han sido siempre lo mismo para nosotros. Creo, sin temor a equivocarme que ha caído en la trampa. ¿Tendida por los alces que claman por su ausencia? ¿Por el perro negro y su espejo? ¿Por el manto blanco, ahora transparente para todos? ¿Por el mismo Gabriel que está pensando en quién le ha tendido la trampa en que Lázaro ha caído? Vuelvo al arte de la cocina para responder al enigma de la cuchara de la impaciencia. En primer lugar debe esterilizar compás, brújula y termómetro en un poco de agua hirviente. No se puede más tarde enfriar la razón sin haber aniquilado primero cualquier vestigio contaminante. Sepa, Lázaro, y repito su nombre por el solo gusto de repetirlo, que estos primeros pasos son importantísimos. Lo doméstico, lo sujeto a mesura, lo que no es inteligencia ni piedra con agudas protuberancias, aquello que me hace pensar aún sin querer hacerlo, es finalmente mi ilusión presente, anteriormente nominada arder, incluso cuando se vuela como el halcón peregrino con la mirada fija en una sola presa. Le recomiendo a todos esos Gabrieles y Lazaros que usted llama “otros”, que vuelvan sus ojos al principio y descubran la certeza.
52-Estoy pensando Querido Gabriel, que ya que nunca dimos particular relevancia en nuestros estudios a las artes y a la poesía, mucho menos lo haremos ahora. Nuestro “ahora” se nutre de lógica y rigor científico, no nos interesan ni la distracción ni la fuga. Cada palabra tiene un objetivo preciso, una finalidad pràctica que no sabe de sulfurosos empíricos ni de jabatos esponjosos.
Todos los Gabrieles y los Lazaros son uno en el candor de la intencionalidad. Ellos “aparecen” y repiten sus nombres por el sòlo gusto de repetirlos. Lázaro y Gabriel para cada uno de los Lazaros y Gabrieles; Lázaro y Gabriel como unidad de todas las condiciones bajo las cuales Lázaro y Gabriel aparecen.
El orden de la coexistencia nos presenta: antes y después, ya no riman.
Todos los Gabrieles y los Lazaros son uno en el candor de la intencionalidad. Ellos “aparecen” y repiten sus nombres por el sòlo gusto de repetirlos. Lázaro y Gabriel para cada uno de los Lazaros y Gabrieles; Lázaro y Gabriel como unidad de todas las condiciones bajo las cuales Lázaro y Gabriel aparecen.
El orden de la coexistencia nos presenta: antes y después, ya no riman.
53-Lázaro, querido amigo. El caldero en el cual el orden y no el todo, está siempre en ebullición; el cuánto, el dime, el siempre estoy a su lado: Sólo amargas hojas dulces en el entierro del sentido.¡He visto que los “otros” insisten en monitorear las grandes conversaciones y dar caza a los fantasmas que adornan sus viejos castillos! ¡He visto que la rima no ha hecho mella en nuestros experimentos de miniaturización! ¡He visto una vez más en un sueño al que aparece por la ventana anunciándome que el fin está cerca, pesadilla recurrente de la cual el calendario es origen! Ahora, en cambio, ya no veo nada ni cerrando los ojos. Es momento de volver e empezar, querido amigo.
54-Entonces lo que hago es risponderle , querido amigo Gabriel, saliendo de las tinieblas rojas de la anunciada deflagración. ¿Quién comienza? ¿El martillo que cae sobre la rosa? ¿El pájaro que muere y la sobrina del sastre? ¿Lo infinitamente diminuto y la orquesta de la plaza? ¿Los ojos que ven todo y el mediodía de verano? No lo sé, me maravillan esas voces que suben con la marea, la ceguera de la juventud y el universo que nos juzga. Querido amigo, su sueño es un dato del cual no podemos no señalar la importancia; el cuadro completo se va haciendo más claro: esto es lo que estamos haciendo y lo que estamos pensando.
Lo que no podemos comprender, es porque nos lo preguntamos todavía.
Lo que no podemos comprender, es porque nos lo preguntamos todavía.
55-Mi muy querido Lázaro: debo recordarle que ni el martillo, ni la rosa del sendero, ni los pájaros, ni los más remotos azules que suelen aparecer en algunas auroras, son quienes preguntan. Somos nosotros: Lázaro y Gabriel, en cada aventura emprendida, en cada molécula de nuestra escritura.. La sobrina del sastre vive a dos casas de distancia de la mía y he decidido espiarla. Veré de comprar todos los instrumentos necesarios para empezar la tarea. Sé que no resultará fácil y habrá que superar peligros y numerosos obstáculos. El principal de ellos, su tío, el sastre. ¿Recuerdas cuando de niños lo veíamos salir, con la tijera colgando de su bolsillo, atada con una soga, que imaginábamos de piel humana? ¿Y aquella vez, que escuchamos su voz al lado nuestro, mientras toda la casa temblaba? Me pregunto cuantos años han pasado de estos episodios… Si puedes aportar algún otro dato que consideres de importancia no dudes en enviármelo de inmediato. Pongo manos a la obra. Creo que también deberemos investigar en que fase se encuentran el perro negro y su espejo y el manto blanco (ya casi olvidado por todos).
56- Querido amigo Gabriel, estoy pensando que si su propuesta es la de revisar metodológicamente aquello que comúnmente viene llamado “recuerdo”, me encontrará ciertamente en el vuelo compartido de un entusiasmo incontenible. La sola palabra “recuerdo” dibuja meandros insospechados en nuestra geografía común. El éxito de este nuevo emprendimiento dependerá de cuanto más claras y despojadas de folclorismos sean las historias recuperadas. ¡Ahime!, los otros (la comunidad científica), no ven la hora de poder chusmear en intimidades, candorosas y privadas de presupuestos especulativos, como las nuestras. Pero allí donde ellos verán sólo la crónica rosa, nosotros edificaremos el basamento de la biología evolucionista. Nos interesa el resultado alcanzado por la especie en su particular merodear por la biosfera, no la comedia psicológica que se agota en el patetismo de la individualidad. Pues entonces es hora de diseccionar, cortar y armar. No es un caso que nuestro objeto de estudio sea la sobrina del sastre y no es un caso que aún incumban sobre nosotros los efectos de su tío. No es un caso tampoco que de niños imaginásemos la soga hecha de piel humana. No, no, no se confunda estimado Gabriel, no entiendo dar inicio a una novela policial: no todas las prisiones tienen rejas. Existen otras, mucho menos evidentes, de las cuales es imposible huir porque no sabemos que somos en ellas prisioneros.
57-Lázaro: evitemos caer de aquí en más en rumias tales como “la comunidad científica”, los “otros”, “toda referencia a un universo paralelo”, o como usted menciona más precisamente “la comedia psicológica”. Nada más lejano a mi intención que la elipsis del vulgarizador.
“Tengo el trabajo más dulce ahora (suele repetir el viejo sastre), ya que estoy esperando la muerte”. ¡Fruslerías de anciano! Mejor paso al campo de la ausencia de memoria, eso que usted llama recuerdos. ¿Es el tiempo el principal elemento que diferencia la memoria del recuerdo? ¿Se trata acaso de la historia de los instantes, como ya le decía en otra oportunidad? Me despojo finalmente de toda trampa.
Los alces, orientados principalmente por sus sentidos del oído y el olfato (ya sabe que su vista es tan mala como la mía) viven solos o en pequeñas comunidades, exceptuando las gigantescas migraciones durante las cuales pueden coexistir cientos de ejemplares en busca de un mismo objetivo. Los alces nunca abandonan su idea de ser. Aún siendo miles son sólo uno.
¿Qué puedo decir de las actuales migraciones del rebaño humano? Y es aquí donde quiero detenerme para subrayar sus observaciones sobre las prisiones sin rejas. En primer lugar que, por actuales e invisibles, hacen tambalear nuestro pensamiento. Tomemos bien en cuenta que “en ellas somos prisioneros”. Y entonces: ¿Es cada uno de nuestros actos una estrategia de fuga? Le pido se concentre en este punto, y abandone momentáneamente a la sobrina del sastre, perros, mantos y espejos.
“Tengo el trabajo más dulce ahora (suele repetir el viejo sastre), ya que estoy esperando la muerte”. ¡Fruslerías de anciano! Mejor paso al campo de la ausencia de memoria, eso que usted llama recuerdos. ¿Es el tiempo el principal elemento que diferencia la memoria del recuerdo? ¿Se trata acaso de la historia de los instantes, como ya le decía en otra oportunidad? Me despojo finalmente de toda trampa.
Los alces, orientados principalmente por sus sentidos del oído y el olfato (ya sabe que su vista es tan mala como la mía) viven solos o en pequeñas comunidades, exceptuando las gigantescas migraciones durante las cuales pueden coexistir cientos de ejemplares en busca de un mismo objetivo. Los alces nunca abandonan su idea de ser. Aún siendo miles son sólo uno.
¿Qué puedo decir de las actuales migraciones del rebaño humano? Y es aquí donde quiero detenerme para subrayar sus observaciones sobre las prisiones sin rejas. En primer lugar que, por actuales e invisibles, hacen tambalear nuestro pensamiento. Tomemos bien en cuenta que “en ellas somos prisioneros”. Y entonces: ¿Es cada uno de nuestros actos una estrategia de fuga? Le pido se concentre en este punto, y abandone momentáneamente a la sobrina del sastre, perros, mantos y espejos.
58-Querido amigo Gabriel, estoy pensando que las modalidades de creencia de la humanidad rumiante, son solo eso: modalidades de creencia. No será nunca vulgarizador el adalid (Lázaro o Gabriel, o Lázaros y Gabrieles) que imprima sobre ellas la abstracción temática. El vulgarizador es ese curioso faltante que se desvanece en las zonas oscuras de la experiencia.
Se nos acusará seguramente de promover lo incierto que coagula las acciones en vacíos inertes, se nos acusará de no valorizar a los caballos que despedazan a los cerdos, de incitar una falsa excelencia técnica ante el desastre ... pero no importa, no importa,...éste es todo otro discurso. Volvamos a dar al corte y a la tijera los roles protagónicos que harán del sastre y su sobrina el punto de encuentro de todas las experiencias vividas. Esforzándonos, podremos hasta encontrar un nexo entre los aforismos seniles del sastre y las grandes migraciones de los alces.
No creo que se trate de fuga, más bien de responsabilidad ante toda la temporalidad no existenciada. Si el presente viviente lleva los egos vivientes hacia el enigma del terror futuro nuestros, deberes se haràn más que evidentes.
Se nos acusará seguramente de promover lo incierto que coagula las acciones en vacíos inertes, se nos acusará de no valorizar a los caballos que despedazan a los cerdos, de incitar una falsa excelencia técnica ante el desastre ... pero no importa, no importa,...éste es todo otro discurso. Volvamos a dar al corte y a la tijera los roles protagónicos que harán del sastre y su sobrina el punto de encuentro de todas las experiencias vividas. Esforzándonos, podremos hasta encontrar un nexo entre los aforismos seniles del sastre y las grandes migraciones de los alces.
No creo que se trate de fuga, más bien de responsabilidad ante toda la temporalidad no existenciada. Si el presente viviente lleva los egos vivientes hacia el enigma del terror futuro nuestros, deberes se haràn más que evidentes.
57-Querido Lázaro: Se me ocurre que momentáneamente debería dedicarme a los anatemas. Objetos que pendulan entre la consagración y la condena eterna. La versión más evidente habla de excomunión, pero los que soportan el griego pensarán mucho tiempo antes de aseverarlo. Es casi como lo familiar, el pequeño desvío, el atajo que no conduce a ningún sitio. También quisiera hablarle del catedrático de las serranías, esa sombra que también puede ser el origen de una gran revelación. Soñé con tres colores que podrían ilustrar nuestro relato: el verde en el horizonte, el rojo en el centro y el negro por encima. Tres elementos para nombrar al Gran Todo. Tan distinto al callejón sin salida, a la desconfianza en el futuro y sus enigmas. Así como es diverso el andar cansino del orangután, serán cotejadas cada una de las palabras que profirió el sastre en un atardecer violento
58-Estoy pensando, Querido Gabriel, que la presión del ojo avizor se está haciendo insoportable: sus rayos hipnotizan al árbol de la amistad vejando la desnudez de todas sus criaturas. No dejaremos que una vez más se intrometa en nuestros proyectos. Eyectaremos el entusiasmo de los cuerpos más allá de sus retinas Haremos que la vitalidad de un nuevo tipo de conciencia haga vanas sus visiones. Lázaros y Gabrieles enardecidos levantarán sus muñecos de leche hasta hacerlo llorar. Las novias y las historias con perros negros, espejos, sobrinas y sastres estarán de nuestra parte, despreciarán al ojo y lucharán con nosotros hasta el fin.
Disculpe amigo Gabriel, por el torpe broquel que a esto antecede. Tanta perorata irracional tiene un motivo: los riesgos que amenazan nuestra supervivencia son severos. Urge un plan de acción articulado, el contendiente es suspicaz y poderoso.
Disculpe amigo Gabriel, por el torpe broquel que a esto antecede. Tanta perorata irracional tiene un motivo: los riesgos que amenazan nuestra supervivencia son severos. Urge un plan de acción articulado, el contendiente es suspicaz y poderoso.
59-Estimado Lázaro: se que la presión del ojo avizor es y será cada día más grande. Así como le hablé del conferencista almidonado que llegó de las montañas, puedo hablarle una vez más de la tríada de colores que se van trocando en calzado, lencería y sustento para mi vida cotidiana, iluminando un vasto campo de mi periferia. Es allí donde busco el descanso necesario para emprender la gran batalla. Usted, y algunos otros pocos, sabrán comprender en grado certero la idoneidad de las almas que nos acompañarán en esto. Siento ya que Lázaros y Gabrieles han dejado de estar solos, pero una oscura fuerza intenta volver a llevarlos al olvido. Se trata de esto entonces ahora, y sepa disculparme también a mí por el tono superfluo y ambiguo, de mi pequeña notación. ¡Hagamos un plan!
60-Me estoy preguntando esto, querido Gabriel: ¿qué presente alocutivo dejará su marca fónica en el ojo avizor? ¿qué subterfugio literario lo hará ser incondicionante, padre primordial y sepulcro vacío? Amigo, todas las posibilidades están aquí, y los Lazaros y los Gabrieles se harán cargo de ellas denunciando el defecto universal en el que se fundan: ¿por qué temer entonces las furias de un ojo que cancela?.
Detrás del gran complot las ondulaciones de las formas abstractas nos dejarán cara a cara con la realidad ordinaria. Hechos de otros Lazaros y Gabrieles disminuidos, volveremos finalmente al microcosmos planetario, el ojo avizor no atravesará con ellos sus membranas. ¿O tal vez si?
Retomemos entonces el garrote y la viril producción revolucionaria, el horizonte popular de las masas promoverá la amistad como la mejor de las armas.
Amigo, hagamos del ojo el rival altanero que nos transformará en justos, nos donará un lugar seguro en el mundo y lavará las llagas de la vanidad. Luego podremos volver a nuestras adoradas investigaciones y a nuestros siempre postergados objetos de estudio.
Detrás del gran complot las ondulaciones de las formas abstractas nos dejarán cara a cara con la realidad ordinaria. Hechos de otros Lazaros y Gabrieles disminuidos, volveremos finalmente al microcosmos planetario, el ojo avizor no atravesará con ellos sus membranas. ¿O tal vez si?
Retomemos entonces el garrote y la viril producción revolucionaria, el horizonte popular de las masas promoverá la amistad como la mejor de las armas.
Amigo, hagamos del ojo el rival altanero que nos transformará en justos, nos donará un lugar seguro en el mundo y lavará las llagas de la vanidad. Luego podremos volver a nuestras adoradas investigaciones y a nuestros siempre postergados objetos de estudio.
61-Así es, amigo Lázaro. Estoy pensando en ese gran ojo. No en vano la sobrina del sastre me contó que su hermana es quién vigila los bosques. En esa pequeña parece estar la clave que nos permitirá que ese párpado nunca más se abra. O mejor aún, que quede abierto para siempre. Pienso que la verdadera función del ojo es ejercida por el párpado, por el oscurecimiento intermitente, ya que como sabe, Lázaro, no podemos ver siempre. Esto lo he aprendido hoy, luego de una gigantesca tarea de meditación, mientras se horneaba algo, mientras un perro con sus cuatro patas hacia el cielo descansaba en el sillón. Es en cada una de las moradas humanas donde se resuelve esta gran lucha. Es allí hacia donde dirijo mis investigaciones. No postergaré ni un minuto más mi tarea de investigar a la sobrina del sastre, a su tío, a la pequeña hermana que ha vuelto al bosque, a los pájaros que a su vez la vigilan a ella, a toda la tribu que encantada en torno a la fogata protegen a su progenie y entonan viejas melodías. El perro negro comienza a proyectar en el espejo pensamientos que aún no distingo, pero sé que lo que ha comenzado ya no volverá atrás. Algo ha despertado, y ambos sabemos, el tiempo de las siestas consiste en ser constelación breve, oscilación perfecta que antecede al sueño y a la muerte.
62-Pienso que el riesgo ante el poder del ojo, querido Gabriel, es el nuevo protagonista de nuestra aventura, así como ayer lo fue la retirada de la ley o andando más atrás en el tiempo, la cruzada de los niños.
Su elegante disertación, estimado amigo, contiene finalmente entre sólidos terraplenes el estado de exaltación del cual creía ya no poder salir. Como bien dijo, es en cada una de las moradas humanas donde tenemos que intervenir, estaremos de ahora en más, fuera de todo lo apegado a sí mismo.
Los pensamientos que no distingue, Gabriel, ocultan una verdad irrisoria: lo comenzado persiste hacia atrás y hacia adelante. El perro sonriente juega con el astro, con el ojo y con nosotros. Siempre volveremos hacia él sin obtener respuestas. Más allá de todo esto, es bueno saber que algo ha despertado…
¿Ha despertado en las moradas intervenidas? ¿En las costumbres de esos curiosos conglomerados humanos? ¿Ha despertado porque ha callado la razón? ¿Ha despertado porque el ojo avizor no hace otra cosa más que ejercicios con sus párpados?
Algo ha despertado y nos acompañará en lo humano invirtiendo la dirección de la luz.
Es cierto, ahorremos nuestro tiempo: la misión del sastre no tiene otro alcance que el de encontrar un nombre ya pensado.
Su elegante disertación, estimado amigo, contiene finalmente entre sólidos terraplenes el estado de exaltación del cual creía ya no poder salir. Como bien dijo, es en cada una de las moradas humanas donde tenemos que intervenir, estaremos de ahora en más, fuera de todo lo apegado a sí mismo.
Los pensamientos que no distingue, Gabriel, ocultan una verdad irrisoria: lo comenzado persiste hacia atrás y hacia adelante. El perro sonriente juega con el astro, con el ojo y con nosotros. Siempre volveremos hacia él sin obtener respuestas. Más allá de todo esto, es bueno saber que algo ha despertado…
¿Ha despertado en las moradas intervenidas? ¿En las costumbres de esos curiosos conglomerados humanos? ¿Ha despertado porque ha callado la razón? ¿Ha despertado porque el ojo avizor no hace otra cosa más que ejercicios con sus párpados?
Algo ha despertado y nos acompañará en lo humano invirtiendo la dirección de la luz.
Es cierto, ahorremos nuestro tiempo: la misión del sastre no tiene otro alcance que el de encontrar un nombre ya pensado.
63-Querido Lázaro: El ojo, el perfecto mundo de los niños y los ancianos, los helados, las hamacas, el paseo encantado, los introvertidos, los que hablan aún en silencio; todo esto parece indicar un destino preciso para la misión del sastre y su sobrina. He pensado un rato también en su hermana menor y en la manera en que vigila el bosque. Luego volví a pensar en el perro que con sus cuatro patas hacia arriba reposa aún en el sillón, en su hocico renegrido y sus ojos que ronronean como un gato. Pienso también en las oscuras razones que ha tenido el rebaño humano para seguir representando las mismas escenas días tras días, años tras años, en sus moradas intervenidas. En los pasillos de espejos parece jugar otra vez el perro negro con la pelota azul. La corre de un infinito a otro sin inquietarse un instante. Es allí hacia donde me dirijo esta noche, allí donde los sueños nacen ni bien terminan.
64-¿Que es lo que estoy haciendo? Aunque no lo crea, querido Gabriel, estoy escuchando una voz mortecina que dice: “Ojo avizor, tu mole incandescente parece asomar por la ventana .En este momento extrañas interferencias hacen inaudible el resto de la plegaria. ¿De que cosa se trata? ¿Es la enésima burla del perro negro proyectada en los espejos del éter? ¿O sólo una ingenua cantinela de la sobrina del sastre mientras lava las camisas blancas del hermano de su madre?
No lo sé, le pido disculpas, Gabriel, disculpas porque mis acentos críticos navegan en la opacidad de mares ya transitados, disculpas por no saber iluminar nuevos horizontes conceptuales, disculpas por no saber adobar su espíritu con gracias frescas y perfumes desconocidos.
No lo sé, le pido disculpas, Gabriel, disculpas porque mis acentos críticos navegan en la opacidad de mares ya transitados, disculpas por no saber iluminar nuevos horizontes conceptuales, disculpas por no saber adobar su espíritu con gracias frescas y perfumes desconocidos.
65-Lázaro, Lázaro: no sé en realidad si podría disculparle semejante parrafada tan cargada de debilidades. ¿Usted realmente cree que vale la pena seguir hablando del ojo avizor, de sus amenazas, de las voces que se apagan, de esos que hemos llamado “otros”, incluso del perro negro? Es momento ya de retomar las riendas de la severidad. Es el momento de ensordecer ante la futilidad de las palabras y las cosas. Pienso en este instante en la sordera de Beethoven y en tantas otras. Hagamos nuestra propia sordera. Construyamos en ella toda nuestra obra. El bien y el mal, el rigor de las ciencias. Pienso, Lázaro, que toda la confusión se inició cuando erróneamente, y sin tomar precaución alguna escribí la palabra poesía. ¿Recuerda el preciso instante en que lo hice? ¿Debería transcribirle ese párrafo completo que atesoro en mi memoria? Lo haré: “Sepa, Lázaro, y repito su nombre por el solo gusto de repetirlo, que estos primeros pasos son importantísimos para toda cocción filosófica. Lo doméstico, lo sujeto a mesura, lo que no es inteligencia ni piedra con agudas protuberancias, aquello que me hace pensar aún sin querer hacerlo, es finalmente mi ilusión presente, anteriormente nominada arder, incluso cuando se vuela como el halcón peregrino con la mirada fija en una sola presa. Le recomiendo a todos esos Gabrieles y Lazaros que usted llama “otros”, que vuelvan sus ojos al principio y descubran la certeza allí donde creían ver poesía”. Quizás esta repetición le parezca un recurso poco valioso, sin embargo a mi me parece el momento exacto para hacerlo, incluso podría hacerlo una vez más en este mismo momento. Pero una mano firme me lo impide
66-En esa mano firme que le impide la repetición, querido Gabriel, estoy pensando. Esa mano se llama escepticismo y los azorados conceptos que en la razón se yerguen indemostrables, describen el resultado con el cual ella se impone. También estoy pensando, estimado Gabriel, que Lázaro y Gabriel acosados por el ojo avizor, oyen sólo las sirenas de su autoadoración. En la dormidera de la interioridad no existen orejas verdaderas. Mejor estar de la parte de lo justo, de la distribución razonada e igualitaria de los bienes comunes, promoviendo la felicidad general.
No es en un nosotros donde se cobija lo separado del ojo. Dejemos entonces andar sus visiones por el bosque de pilastros jabonosos donde gime la esperanza; el ojo, como un hermano mayor, nos asistirá en los estudios y dará buenos consejos.
¿Podemos decir que esto sea un “plan” para desplazarnos momentáneamente de este argumento? Creo que sí, asumo toda la responsabilidad, la asumo en nombre de las madrinas que en los olivares nutren a esos cormoranes acéfalos que siempre nos sirven como excusa, en nombre del fluido que sin haberse generado no logra dar continuidad a las historias y en nombre de muchas cosas más. Al fin de cuentas, amigo, no hemos nacido, fuimos englobados en estos sucios negocios terrestres. No se deje avasallar por lo descolorido, los estatutos de la voluntad son claros: prevalece en algunos un incurable optimismo. A propósito, ¿recuerda ésta vieja canción? Más allá de los oropeles y las ingenuidades, el efecto es inmediato como en toda canción popular. Me gustaría que se espejase en nuestro horizonte así cómo la imagen común de lo transitable o la apocatástasis de la sordera. No se preocupe, haremos con todos una gran fiesta; el ojo, el perro, el espejo, el sastre, la luna, el bosque, la sobrina, el manto, las tijeras, los primates, las primas, los alces, la madrina, la severidad, el árbol, la pelota azul, la figuras recortadas, la razón y la ciencia. Nada detendrá la ronda de la alegría.
No es en un nosotros donde se cobija lo separado del ojo. Dejemos entonces andar sus visiones por el bosque de pilastros jabonosos donde gime la esperanza; el ojo, como un hermano mayor, nos asistirá en los estudios y dará buenos consejos.
¿Podemos decir que esto sea un “plan” para desplazarnos momentáneamente de este argumento? Creo que sí, asumo toda la responsabilidad, la asumo en nombre de las madrinas que en los olivares nutren a esos cormoranes acéfalos que siempre nos sirven como excusa, en nombre del fluido que sin haberse generado no logra dar continuidad a las historias y en nombre de muchas cosas más. Al fin de cuentas, amigo, no hemos nacido, fuimos englobados en estos sucios negocios terrestres. No se deje avasallar por lo descolorido, los estatutos de la voluntad son claros: prevalece en algunos un incurable optimismo. A propósito, ¿recuerda ésta vieja canción? Más allá de los oropeles y las ingenuidades, el efecto es inmediato como en toda canción popular. Me gustaría que se espejase en nuestro horizonte así cómo la imagen común de lo transitable o la apocatástasis de la sordera. No se preocupe, haremos con todos una gran fiesta; el ojo, el perro, el espejo, el sastre, la luna, el bosque, la sobrina, el manto, las tijeras, los primates, las primas, los alces, la madrina, la severidad, el árbol, la pelota azul, la figuras recortadas, la razón y la ciencia. Nada detendrá la ronda de la alegría.
67-Hola Lázaro: “… pienso entonces en aquello que la ciencia nos ha dado. En este caso, los primeros términos, resuelven en un sólo acto toda desconfianza. Sabemos que todo acto de amor tiene un primer acto en el cual el error no tiene lugar. El segundo acto suele ocurrir en el gran mar del equívoco. Aquí se puede vislumbrar si se trata de un gran amor. El tercer acto, algo que generalmente no sucede si no hay una persistencia que lo justifica, nos dice que todo va a ser equivocado. Desde el primer llamado, hasta la última de las justificaciones. Se ama por error”. Es exactamente lo que dijo el sastre a su sobrina y pude escuchar gracias a mis dotes de espía. Prosiguió diciendo: “…La lluvia y el sol han dado sobradas cuentas de sus beneficios. Han otorgado a los humanos mucho más de lo que podría esperarse. Pero hoy, se trata de otra cosa.” Creo que trataba de definir el arte actual, la presencia de la poesía, diferenciarlo todo. Será en esto en lo que consiste nuestra vulgar tarea. Hemos equivocado el objetivo. Las caras del cubo hablan. Las membranas del aire. Todo aquello que puede ser y no es. Todo aquello que pudiendo ser será y nunca no es. Nosotros Lázaro, la escritura. El acto diario. El presente.
68-Estimado Gabriel, estoy pensando que podría decirle esto:…”inmersos en el crepúsculo seguiremos las rondas de fantasmas y cantaremos oscuras letanías”…o esto: “el reflejo del fuego cae sobre las hojas, volando en vano el pensamiento nos distrae”, pero no, prefiero decirle lo siguiente:…”Oh Gabriel, cuando las corrientes submarinas lo arrebataron de lo que amaba y su corazón se hundió en un abismo sagrado, yo ví sus lágrimas convertirse en los héroes de una comedia enloquecida”
Me perdone amigo, pero por el momento no puedo más que escuchar mi propia voz, arrastrada por coros implosivos. Sólo, en este cuerpo, niego el infinito que en su faz me consuela.
Volvamos a la pregunta, estoy pensando que un oído total no es necesario, existir tiene su sentido en ese gran mar de equívocos del cual usted me habla. La telenovela del sastre y su sobrina niega a los interlocutores todo poder de consolidación de interioridad. ¿Cuál es la imagen que del sastre nos puede quedar luego de aquello que ha dicho? No lo sé; el arte, la poesía, lo dado por supuesto, la reciprocidad… todo rebota entre espejos como la pelota azul.
Me perdone amigo, pero por el momento no puedo más que escuchar mi propia voz, arrastrada por coros implosivos. Sólo, en este cuerpo, niego el infinito que en su faz me consuela.
Volvamos a la pregunta, estoy pensando que un oído total no es necesario, existir tiene su sentido en ese gran mar de equívocos del cual usted me habla. La telenovela del sastre y su sobrina niega a los interlocutores todo poder de consolidación de interioridad. ¿Cuál es la imagen que del sastre nos puede quedar luego de aquello que ha dicho? No lo sé; el arte, la poesía, lo dado por supuesto, la reciprocidad… todo rebota entre espejos como la pelota azul.
69-Querido Lázaro: si bien la ciencia nos ha dado respuestas novedosas debo repetirle que ni Gabriel ha desplazado a Lazaro, ni Lázaro a Gabriel. No. Ninguno de ellos cae en el tobogán de la historia. La ciencia sí, descubre un abismo para cada antepasado, lo abre y lo cierra en un parpadeo. El equívoco es mi sentencia y no debo anidar allí en donde otros anidan. La saga debe insistir en su tiempo continuo y no serán sesenta mil perros perfectamente verticales vestidos con sus polleritas quienes me hagan cambiar en este momento de carril. Hay tiempo para tantas situaciones como silencios por imponer. Me han callado. Ha cerrado mi pico e intentado cegar al ojo avizor. La telenovela del sastre y su sobrina no es más que un vulgar reflejo de mis propias desventuras. Ya le contaré todo en más detalle. Shhh… Shhh! Sepa atesorar mis palabras como la cuchara atesora la sopa. Escribo cada una de mis palabras para explicarle lo que siento. No hay nada por ocultar. Ni siquiera esas horrorosas garras que aparecen cada mañana para despertarme.
70-Querido Gabriel, no lo tome como un problema personal, su gesto es muy noble, pero no es por culpa de sus propias desventuras si las cosas están así. Estoy pensando que creo finalmente entender el problema general: el ojo avizor, el oído total y la mano de cera son el obstáculo verdadero que intenta hacer vanas nuestras investigaciones. A hurtadillas de esta omnipresente compañía, tejemos una red de banales presupuestos filosóficos entre ciertos “personajes”: un perro negro, una pelota azul, un sastre, su sobrina, un manto blanco, un espejo, sin saber muy bien el porqué. Así y todo, lo incierto no nos detiene, el continuo rumiar de la propia inadecuación nos mantiene presentes. No lo dude, insistiremos hasta que la materia se interrogue, al costo de ser vapuleados por el lenguaje mismo. Pero no todo parece tan fácil, queda una zona de sombras, usted bien lo dijo: “no debo anidar allí donde otros anidan”. Nuestras viejas investigaciones sobre los volátiles nos pueden ser de ayuda, aún si en este caso no se trata de aves migratorias. Pongamos bien en claro quienes son estos “otros” es indispensable para poder ajustar el entero sistema.
71-Clarividente Lázaro: hoy tuve un encuentro en la llanura con un búfalo. El hablaba con voz clara y serena acerca del conjunto de las cosas que atañen a los humanos, y créame que hacía tiempo que nadie me hablaba de esa manera. Puso en primera instancia que el hecho de rumiar es un acto reservado en todos los sentidos. Reservado para unos pocos que están capacitados para hacerlo, por un lado; y reservado en cuanto acto privado, por el otro. Así supe que no podría rumiar, sino rascarme con mis propias uñas. Mientras lo veía marcharse, alejándose de mí con un paso grácil que nunca olvidaré, mientras una nube de vapor surgía de su venerable hocico, creí escuchar algo acerca de un perro que no era negro y un espejo en el que nada se reflejaba. Detrás de él, muy cerca del horizonte, una figura esbelta me hizo un gesto amistoso. El alivio, en su forma más verdadera y que yo llamo olvido, colmó mi espíritu antes entumecido. Ahora sé en que debemos pensar: el conejo corrió detrás del búfalo y la silueta; perdiéndose los tres en el horizonte. La mañana echó a andar y yo con ella.
Luego le contaré los extraordinarios acontecimientos que me esperaban a lo largo del día.
Luego le contaré los extraordinarios acontecimientos que me esperaban a lo largo del día.
72-Gabriel, el ingenuo distribuidor de adivinanzas Gabriel, querido Gabriel. Estoy pensando en su encuentro con el búfalo y en la picardía con la cual usted se esconde de las fuerzas de lo necesario. Estamos llamados a sintonizarnos en los rangos más elevados del espíritu, la respuesta común requiere el absoluto equilibrio entre las partes. Espero algún día poder descifrar el enigma de estas nuevas apariciones: un búfalo que habla con voz clara y serena, una figura esbelta que hace un gesto amistoso, el alivio y el olvido, un conejo.
Tomo cada elemento con precaución, lo apoyo en la mesa de trabajo, mido la temperatura y, altanero, aferro el alambique y el compás. Usted conoce bien, Gabriel, cuan rigurosos somos en este tipo de investigaciones; llevará mucho tiempo llegar a un buen resultado. Volvamos por el momento a esa zona de sombras que nos cuesta tanto develar: los otros.
Tomo cada elemento con precaución, lo apoyo en la mesa de trabajo, mido la temperatura y, altanero, aferro el alambique y el compás. Usted conoce bien, Gabriel, cuan rigurosos somos en este tipo de investigaciones; llevará mucho tiempo llegar a un buen resultado. Volvamos por el momento a esa zona de sombras que nos cuesta tanto develar: los otros.
73-Querido Lázaro: resulta un deber comenzar a escuchar un poco más a esas voces que se camuflan bajo nombres indistintos, a esos que se dicen amigos y yo creía que eran siempre usted. Intuyo que no es usted, ya que se presentan hablando una lengua extraña a la suya. También he descubierto que eso que llamábamos “ojo avizor” y la pregunta que respondemos día tras día no es suya ni mía. Hay un gran mecanismo, una maquinaria independiente a la que debemos empezar a observar con más cuidado. Diferenciar cada una de esas voces y empezar a recordar sus nombres. Hablar con ellas, responderles, involucrarlas en la gran tarea de la conversación. ¿Cree usted que los alces están involucrados en este operativo? ¿El ojo avizor es el ojo de un rumiante? ¿Qué papel juega el perro negro y el espejo? ¿Hay posibilidad de que el “ojo avizor” de señales más precisas, o sólo repetirá incesantemente la misma pregunta que creíamos nuestra? ¿Debemos instalar una nueva pregunta cada día? Esto es parte de lo que me ocurrió el día en que el búfalo decidió hablarme convirtiéndome en un iniciado. Sin sus palabras estos descubrimientos no hubiesen sido posibles. Su sinceridad, su gesto amable… Pero no fue sólo esto lo que me deparó el día más largo que pueda recordar. Ya le contaré acerca del espejo y la silueta, del perro escolar y su dueña, de lo que el sastre dejó de decir y lo que su sobrina intuyó a partir de sus silencios… Ya le contaré, Lázaro, no se impaciente.
74-Querido Gabriel, estoy pensando que tendré que comenzar a habituarme a su “adorado” búfalo. Le tengo que confesar que su apego amoroso hacia a esa bestia me sumerge en un irracional sentimiento de recelo. Ciertas veces la ciencia es impotente ante la presión de las pasiones humanas. Mea culpa, la patética confesión no debe distraernos del objetivo finalmente centrado: es un hecho, los otros no somos ni usted ni yo. “Existens unum compactum pluribus” Es hora de magnetizar “con fluidos perniciosos” a la gran maquinaria independiente de la cual me habla. Cada una de sus preguntas amigo, abre un panorama dimensional de nuevo género, la puesta en juego no es poca cosa.
Intentaré enriquecer las respuestas con nuevos acentos interrogativos. No creo que los alces estén involucrados en el operativo, más de una vez hemos sobrevaluado las capacidades de esos gigantes tontos; si tienen algún rol en el complot debe ser absolutamente marginal. ¿El ojo avizor es el ojo de un rumiante? Es posible que así sea; ¿recuerda que en una oportunidad, durante uno de nuestros experimentos de miniaturización,
fuimos vejados por las esporas que infectaban las vísceras de un mamífero rumiante? ¡Ahime! ¡No obstante las escoriaciones que todavía conservamos, nos salvamos por milagro! ¿Qué papel juega el perro negro y el espejo? Un papel fundamental que tendremos que abordar en un momento sucesivo. ¿Hay posibilidad de que el "ojo avizor" de señales más precisas, o sólo repetirá incesantemente la misma pregunta que creíamos nuestra? La pregunta (¡que ingenuos que fuimos, la creíamos nuestra!) se repetirá incesantemente, porque es parte de un mecanismo que ninguna acción exterior puede modificar. Creo que el ojo avizor contiene en sí mismo todas las señales, por precisas o imprecisas que sean. Sólo viven en ellas los dioses lapidarios. Nosotros y nuestros amigos (¿ya podemos llamarlos así?) jugaremos desnudos sobre ese plasma nominal, ignorando sus efectos.
Si se trata de “amigos” y de “amistad” (sepa que hasta prueba contraria lo considero mi único amigo) tomaremos todas las responsabilidades del caso. ¿Tendremos que presentarnos formalmente? ¿Disculparnos por los anteriores equívocos? ¿Tendremos que darles algún tipo de participación en nuestras investigaciones?
Intentaré enriquecer las respuestas con nuevos acentos interrogativos. No creo que los alces estén involucrados en el operativo, más de una vez hemos sobrevaluado las capacidades de esos gigantes tontos; si tienen algún rol en el complot debe ser absolutamente marginal. ¿El ojo avizor es el ojo de un rumiante? Es posible que así sea; ¿recuerda que en una oportunidad, durante uno de nuestros experimentos de miniaturización,
fuimos vejados por las esporas que infectaban las vísceras de un mamífero rumiante? ¡Ahime! ¡No obstante las escoriaciones que todavía conservamos, nos salvamos por milagro! ¿Qué papel juega el perro negro y el espejo? Un papel fundamental que tendremos que abordar en un momento sucesivo. ¿Hay posibilidad de que el "ojo avizor" de señales más precisas, o sólo repetirá incesantemente la misma pregunta que creíamos nuestra? La pregunta (¡que ingenuos que fuimos, la creíamos nuestra!) se repetirá incesantemente, porque es parte de un mecanismo que ninguna acción exterior puede modificar. Creo que el ojo avizor contiene en sí mismo todas las señales, por precisas o imprecisas que sean. Sólo viven en ellas los dioses lapidarios. Nosotros y nuestros amigos (¿ya podemos llamarlos así?) jugaremos desnudos sobre ese plasma nominal, ignorando sus efectos.
Si se trata de “amigos” y de “amistad” (sepa que hasta prueba contraria lo considero mi único amigo) tomaremos todas las responsabilidades del caso. ¿Tendremos que presentarnos formalmente? ¿Disculparnos por los anteriores equívocos? ¿Tendremos que darles algún tipo de participación en nuestras investigaciones?
75-Querido Lázaro: cuando hablé del tobogán de la historia, no pensé en que hay hamacas en ella mucho más interesantes. De esto hablaré ahora. Las hamacas son el entusiasmo de la historia, mientras el tobogán es el vértigo por la finitud. Así que decido tomar partido por el entusiasmo. Hay quienes escribirán magníficas novelas, y cómo en todo género falso, existirán miles de trampas que los alejarán de su labor. Pero confíe en aquellos que emprenden infructuosamente tan noble tarea. Observe su mirada, su ardor inesperado, sus pausas (que convertidas en tiempo de descanso y reflexión los llevarán al puerto menos pensado). No quitemos mérito a su obra. Es por esto que vuelvo a repetirle que debemos iniciar la tarea de espiar con los oídos y escuchar con los ojos, llenarnos de sentido, volver a nuestra vieja arqueología de los nombres.
76-Estoy pensando que no entiendo hacia dónde me quiere llevar, querido Gabriel , ¿porqué tendríamos que confiar en aquellos que “escribirán magníficas novelas”?¿Quiénes son esos adalides de mirada noble que en la pausa de la reflexión encuentran el pan recién cortado? ¿Saben algo ellos de la niña muda que gime en la casa derribada? ¿Saben algo de la piedra de ónix que se hunde en el estanque? ¿Son los carpinteros, los orfebres, los hermanos de la paciencia y el corte preciso? ¿Tenemos que seguir los consejos de sus obras y sus manías zodiacales? ¿Que tienen que ver las oraciones humanas en los fétidos sepulcros con el mérito de su obra? ¿Porque tendrían que servirnos como ejemplo y para qué? ¿Son ellos los padres primordiales de los otros? ¿Los maestros del dolor bribón y de la enredadera?
¿Tenemos que someternos ante sus formas de jerarquía? ¿Poseen ellos la llave de hueso de la amistad? ¿Serán sus nombres y la mirada noble lo que nos reemplazará para poner orden en nuestras investigaciones? ¿Serán la garlopa, el cúneo, la lima y el escalpelo la lengua del dolor lechoso? ¿Serán sus manos laboriosas el símbolo de una nueva religión? ¿Serán ellos los que lograrán hacer coincidir al sastre con el perro, el espejo y el manto? ¿O es que en el mar de los equívocos tenemos que esperar amortajados la bendición de estos fantoches del espíritu? No, está bien, no quitemos mérito a su obra, hagamos con ella un pequeño pesebre y salgamos a correr enloquecidos con pelucas de oro falso por las praderas en llamas. Nuestros amigos levantarán banderas de alegría y cantarán en coro que la inmortalidad podrá distendernos.
¿Tenemos que someternos ante sus formas de jerarquía? ¿Poseen ellos la llave de hueso de la amistad? ¿Serán sus nombres y la mirada noble lo que nos reemplazará para poner orden en nuestras investigaciones? ¿Serán la garlopa, el cúneo, la lima y el escalpelo la lengua del dolor lechoso? ¿Serán sus manos laboriosas el símbolo de una nueva religión? ¿Serán ellos los que lograrán hacer coincidir al sastre con el perro, el espejo y el manto? ¿O es que en el mar de los equívocos tenemos que esperar amortajados la bendición de estos fantoches del espíritu? No, está bien, no quitemos mérito a su obra, hagamos con ella un pequeño pesebre y salgamos a correr enloquecidos con pelucas de oro falso por las praderas en llamas. Nuestros amigos levantarán banderas de alegría y cantarán en coro que la inmortalidad podrá distendernos.
77-Lázaro: hay un tiempo inexacto. Algo que nos supera. Algo que no podemos llamar. Ahora bien, de algo depende el gran resultado. Las cosas y sus silencios. El no decir nada. Hoy descubro que lo más cercano es exactamente lo que puedo traicionar. Lo que en un acto acrobático, resuelve en un segundo toda la historia. Querido Lázaro: lo invisible es un recurso antiguo. Hoy acabo de descubrir que los otros son unos. No hay un más allá. Ellos estaban desde antes, nos leían, esperaban que nos demos cuenta nosotros. Esperan ser parte de nuestra historia. Su amabilidad es grandiosa. No podemos quejarnos de su paciencia infinita. No deberíamos involucrarnos en un rosario de preguntas que en su interrogación apelan a la burla para confundir la gran obra con la tarea del vanidoso. Me alegra que al final de su enorme última respuesta encuentre en la factura del pequeño pesebre y las pelucas de oro falso la calma que lo vuelve a tornar humano. Sé, Lázaro, que nuestra condición es actualmente inestable, qué nos vemos perdidos a veces en los caminos que oscilan entre la enfermedad última y la inmortalidad cotidiana. Ya el perro negro, el otro perro, incluso aquella columna vertical de sesenta mil perros de altura que continúa paseándose por algunas ciudades, serán quienes nos traerán en la risa una respuesta adecuada. Me despido por hoy amigo en la dicha de haber encontrado el sendero que creía perdido por artilugios del espejo, del sastre y su sobrina.
78-Querido Gabriel, estoy pensando que si los “otros” son nombres útiles para las relaciones esenciales entre las conciencias, útiles serán tambien para liberarnos de la confusión y la oscuridad. Bien, vengan entonces, en su amabilidad grandiosa y en la paciencia infinita. Amigo mío, si toda legitimidad reside en ellos, el presente de su percepción nos coloca en un inventario activo, somos Lázaro y Gabriel al fin en un mundo de carne, huesos, rostros y ojos.
Estamos asumiendo un difícil compromiso, ninguno será desterrado impunemente de esta nueva casa, la hospitalidad es nuestro credo. El riesgo de zozobrar en el intento y los artilugios del espejo, pasarán como un aturdido tropel en el loco paisaje
Pero todavía no logro entender algunas de las cosas que me está diciendo: ¿a que se refiere cuando habla de una “gran obra” contrapuesta a la tarea del “vanidoso”? ¿Que cosa significa “traicionar”? En el glosario de mis creencias, la ausencia intermitente de la atención ha generado estos agujeros primordiales. Con su ayuda y la ayuda del correcto pensar, el proyecto recuperará su valor simbólico. Volveremos sobre este punto en otro momento.
Ahora entiendo porque me decía que “algo ha despertado”, hemos despertado de nuestro escondite. Algo ha despertado, partamos entonces hacia una libertad ignota.
Le pido por favor que me perdone otra vez por mi sumisión a los acentos proféticos, son sólo el efecto de las emociones derivadas por el nuevo descubrimiento.
Estamos asumiendo un difícil compromiso, ninguno será desterrado impunemente de esta nueva casa, la hospitalidad es nuestro credo. El riesgo de zozobrar en el intento y los artilugios del espejo, pasarán como un aturdido tropel en el loco paisaje
Pero todavía no logro entender algunas de las cosas que me está diciendo: ¿a que se refiere cuando habla de una “gran obra” contrapuesta a la tarea del “vanidoso”? ¿Que cosa significa “traicionar”? En el glosario de mis creencias, la ausencia intermitente de la atención ha generado estos agujeros primordiales. Con su ayuda y la ayuda del correcto pensar, el proyecto recuperará su valor simbólico. Volveremos sobre este punto en otro momento.
Ahora entiendo porque me decía que “algo ha despertado”, hemos despertado de nuestro escondite. Algo ha despertado, partamos entonces hacia una libertad ignota.
Le pido por favor que me perdone otra vez por mi sumisión a los acentos proféticos, son sólo el efecto de las emociones derivadas por el nuevo descubrimiento.
79-Querido Lázaro: Hoy debo hablarle de algo más importante que los “otros”, las vanidades del novelista o la vieja fábula del sastre y su sobrina. El tiempo es un sonido. Silenciarlo corre por nuestra cuenta cada mañana. Les cedo mi cuerpo, mi espacio, prueben ser yo, Gabriel, al menos por un segundo y verán lo que les digo. Es ahí en donde aparece el verdadero “otro”. Le propongo, Lázaro, una tarea nueva, la de invitar a todos estos amigos a transitar por el camino de nuestras propias investigaciones, a llevarlos al lugar al que el equívoco nos llevó. Antes pensavamos que ellos eran nosotros y que la pregunta persistente también era nuestra. Dejemos entonces que ellos sean nosotros y que las preguntas se multipliquen. Recuerde también a aquel que supo sentir un estremecimiento en su hombro izquierdo y los notables acontecimientos que fueron sucediéndose en su anatomía privilegiada. Lobito, el planeta de los sombreros, los gemelos y sus abuelas, los del esferoide X y Quinto Molar. Cada uno desapareció a su debido tiempo y es hora de que reaparezcan ocupando un lugar en nuestras diarias conversaciones.
80-Querido Gabriel, o ¿tengo que decirle querido Gabriel dentro de otros?¿ O queridos otros dentro de Gabriel? Alabado el sendero de los sin nombre donde ninguno se encuentra,
Alabado sea el páramo donde la materia se interroga, alabado sea el núcleo del verdadero otro y la nueva tarea. En nombre de los más elementales ligados contractuales en los cuales prevalece la política de la amistad, nos damos la bienvenida. Un rayo de luz pasa entre el follaje y acaricia el desconsuelo, unidos por la ciencia y la voluntad selvática abandonamos el enloquecer doméstico: de ahora en más todos somos nuestra propia investigación. Todas las ecuaciones, todas las células y todos los colores de los mares.
No os preocupéis Lázaros, Gabrieles, Lázaros ( ¿porque no puedo escribir otros nombres?) sobre las terribles dificultades, sobre las calamidades naturales pasará una orquesta de larvas y pequeños e inofensivos tiburones.
Alabado sea el páramo donde la materia se interroga, alabado sea el núcleo del verdadero otro y la nueva tarea. En nombre de los más elementales ligados contractuales en los cuales prevalece la política de la amistad, nos damos la bienvenida. Un rayo de luz pasa entre el follaje y acaricia el desconsuelo, unidos por la ciencia y la voluntad selvática abandonamos el enloquecer doméstico: de ahora en más todos somos nuestra propia investigación. Todas las ecuaciones, todas las células y todos los colores de los mares.
No os preocupéis Lázaros, Gabrieles, Lázaros ( ¿porque no puedo escribir otros nombres?) sobre las terribles dificultades, sobre las calamidades naturales pasará una orquesta de larvas y pequeños e inofensivos tiburones.
81- Lázaro: como le decía anteriormente hay demasiadas cosas en el tintero. Lo extraño es que no uso tintero hace muchísimo tiempo por lo cual no logro comprender en donde realmente se meten tantas cosas. Quizás lo hacen en el espacio en el que antes estaba el tintero y por eso flotan a mi alrededor en órbitas elípticas. Tomaré hoy a modo de ejemplo a uno de los alces que marchan hace tiempo en perfecta alineación de este a oeste primero, de oeste a este después. Su nombre, de difícil pronunciación para los otros alces, no es otro que … Al menos así se ha presentado ahora frente a mí. Puedo ver ya su mueca de disgusto. Sí, Lázaro, hablo de alces, de búfalos y de todos estos seres y objetos que giran alrededor mío. Pero no me atrevería a falsear mi realidad sólo para darle el gusto. No me he convertido en un experto en el mundo animal ni en un astrónomo severo. No, Lázaro, simplemente describo en un orden optimista todo lo que ocurre en este instante y me pregunto si no debería refutar mis pasos hacia la indiferencia de los sentidos. Usted debería guiarme en este peligroso momento en el cual debo decidir cual camino filosófico he de tomar.
82-Querido Gabriel, ante la evidencia de que ya no existimos me pregunto porque lo sigo llamando Gabriel o Lázaro y porque seguimos respondiendo a la pregunta que no nos hacemos. Disculpe que todavía siga con estas cosas, el presente es una mosca fastidiosa.
Desde hace años vivo entre cúmulos de materia luminosa y botellas de plástico, hilos de acero y cámaras de vigilancia, todo ello es un dato puramente marginal.
No sea modesto amigo, ninguno duda de sus capacidades de observación, de su particular talento en el campo de la zoología y de su severidad como astrónomo. Una voz que viene de lo alto nos pregunta: ¿el nombre del alce es la llave maestra de los otros nombres? Estúpida voz de falsos espectros, pienso, y luego continuo: deje que su orden optimista impregne todos los presentes sobrevolando los datos que la materia acumula, la indiferencia de los sentidos quedará encastrada en la tensión de las vigas de madera de una casa a punto de derrumbarse. Frente a estas evidencias y en concomitancia con el endurecimiento de las correspondencias derivadas de nuestra inadecuación, afirmo la completa inutilidad que implica operativamente todo ello. ¿Es Gabriel o Lázaro quien debe guiarnos en este peligroso momento?
Desde hace años vivo entre cúmulos de materia luminosa y botellas de plástico, hilos de acero y cámaras de vigilancia, todo ello es un dato puramente marginal.
No sea modesto amigo, ninguno duda de sus capacidades de observación, de su particular talento en el campo de la zoología y de su severidad como astrónomo. Una voz que viene de lo alto nos pregunta: ¿el nombre del alce es la llave maestra de los otros nombres? Estúpida voz de falsos espectros, pienso, y luego continuo: deje que su orden optimista impregne todos los presentes sobrevolando los datos que la materia acumula, la indiferencia de los sentidos quedará encastrada en la tensión de las vigas de madera de una casa a punto de derrumbarse. Frente a estas evidencias y en concomitancia con el endurecimiento de las correspondencias derivadas de nuestra inadecuación, afirmo la completa inutilidad que implica operativamente todo ello. ¿Es Gabriel o Lázaro quien debe guiarnos en este peligroso momento?
83-Querido Lázaro: he encontrado el tintero vacío. No hay restos de tinta en él, ningún rastro que me permita pensar que alguna vez tuvo esa función. Hay en su interior un pequeñísimo sastre hablando con una diminuta sobrina. Admito que me he visto sorprendido con semejante descubrimiento. Sin embargo, he implementado un sistema para escucharlos. Precario, pero efectivo. Un vaso vacío y perfectamente limpio, pero en el cual he bebido antes un cóctel compuesto por los componentes que usted sabe son mis predilectos, es el único medio para escucharlos. He probado con vasos nuevos, con vasos que he lavado infinidad de veces luego de haber bebido otras cosas, con resultados negativos. Sólo funciona de la siguiente manera que le sugiero tomar en cuenta. En primer lugar debe introducir una medida exacta de ron, luego un twist de limón y otro de soda, y finalmente alguna bebida gaseosa con nuez de cola. Una vez hecho esto, más allá de beberla o desecharla, debe lavar el vaso cuidadosamente para convertirlo en el artificio perfecto. Con él escuchará todas y cada una de las conversaciones que ocurren en el universo diminuto y lo que ocurre en el tintero ya no tendrá secretos para nosotros.
84-Estimado Gabriel, me veo obligado a hacerle una severa observación, y sepa que lo hago por su bien y por el éxito de nuestras investigaciones. Estoy muy preocupado por una posible caída de ese otro Gabriel en los abismos del alcohol. Usted sabe que soy virgen y que jamás fui seducido ni por los vicios ni por las cornetas del más allá. No es mi intención jugar la parte de un pàjaro castrado, mucho menos la del licántropo embalsamado, pero se lo digo en nombre de la ciencia y la amistad: aléjese de esos cócteles que describe con lujo de detalles, adoptando un lenguaje que nunca fue suyo.
Nuestro pasaje teórico práctico por la química orgánica nunca tuvo en cuenta “cócteles predilectos” o “twist de limón” o “medidas exactas de ron”. Ninguna distracción, ningún sedimento emotivo, puede explicar el misterio del tintero vacío.
Nuestro pasaje teórico práctico por la química orgánica nunca tuvo en cuenta “cócteles predilectos” o “twist de limón” o “medidas exactas de ron”. Ninguna distracción, ningún sedimento emotivo, puede explicar el misterio del tintero vacío.
85-Lázaro, Lázaro: he escuchado con paciencia lo que el sastre le decía a su sobrina en el tintero vacío. Creo que algunas de sus palabras se perdieron en el eco y otras fueron deformadas por sus paredes de vidrio. Intentaré hacer un relato fidedigno de lo que ocurrió esta mañana, algo avergonzado por mi carácter insolente, curioso e invasor.
“Sobrina adorada, hoy es el día en que debo hacerte una revelación. Debo hablarte de Lázaro, el mismo Lázaro que antes tuvo por nombre Eleazar. Esto no es verdaderamente importante, pero debes saber que soy sastre, alguien que construye hábitos y no un científico. Un día, uno de los vecinos, el carnicero, me solicitó le confeccionara un traje. Un delantal blanco que se ajustara a su monumental figura. Si bien nunca te lo he dicho, no soy bueno en mi oficio. Pero esa mañana tuve un encuentro que no podré olvidar jamás. Mientras afilaba mis tijeras (sé que los niños del vecindario piensan que cuelgan de sogas hechas con piel humana) se presentó frente a mí un hombre de figura desgarbada, excesiva, casi inhumana, preguntándome por ti. Era Lázaro. Se rió sólo varias veces. Creo lo hizo para adivinar que efecto podría producir en mi. Como podrás saber, querida sobrina, el traje del carnicero quedó inconcluso. No encontré nunca al manto blanco que me permitiría confeccionar semejante obra. Me contaron que un perro negro y su espejo lo habían robado. Quizás Lázaro, el tapir y los gemelos con sus abuelas, fueron sus cómplices, pero los comerciantes del vecindario aún hablan de ese hombre gigantesco que pregunta por ti. Si es Lázaro o no, no queda en mí responderlo. Sólo sé que todo esto ocurrió esta misma mañana.” Y sepa, querido Lázaro, que ya tendré tiempo para responderle acerca de los abismos y del nuevo lenguaje que he adquirido.
“Sobrina adorada, hoy es el día en que debo hacerte una revelación. Debo hablarte de Lázaro, el mismo Lázaro que antes tuvo por nombre Eleazar. Esto no es verdaderamente importante, pero debes saber que soy sastre, alguien que construye hábitos y no un científico. Un día, uno de los vecinos, el carnicero, me solicitó le confeccionara un traje. Un delantal blanco que se ajustara a su monumental figura. Si bien nunca te lo he dicho, no soy bueno en mi oficio. Pero esa mañana tuve un encuentro que no podré olvidar jamás. Mientras afilaba mis tijeras (sé que los niños del vecindario piensan que cuelgan de sogas hechas con piel humana) se presentó frente a mí un hombre de figura desgarbada, excesiva, casi inhumana, preguntándome por ti. Era Lázaro. Se rió sólo varias veces. Creo lo hizo para adivinar que efecto podría producir en mi. Como podrás saber, querida sobrina, el traje del carnicero quedó inconcluso. No encontré nunca al manto blanco que me permitiría confeccionar semejante obra. Me contaron que un perro negro y su espejo lo habían robado. Quizás Lázaro, el tapir y los gemelos con sus abuelas, fueron sus cómplices, pero los comerciantes del vecindario aún hablan de ese hombre gigantesco que pregunta por ti. Si es Lázaro o no, no queda en mí responderlo. Sólo sé que todo esto ocurrió esta misma mañana.” Y sepa, querido Lázaro, que ya tendré tiempo para responderle acerca de los abismos y del nuevo lenguaje que he adquirido.
86-Querido Gabriel, la historia del tintero vacío me deja perplejo, estoy convencido que en la “comunidad de nombres iguales” se abrirá un espinoso debate. Pues bien, manos a la obra, todo nuevamente sobre la mesa de disección: como primera cosa no se avergüence por su carácter insolente, el verdadero investigador debe forzar la naturaleza humana exponiéndose a las iras del sentido común. Como segunda, tratemos de develar el misterio de un tintero vacío que habla o que más bien contiene voces de personas que hablan. ¿Está seguro de que no se debe a un dispositivo acústico que algún “otro” burlón se ingenió para meter en el tintero? Con respecto a las palabras del sastre, o en su defecto a las palabras de un falso sastre, podemos abrir varias hipótesis: es evidente que habla de otro Lázaro y que lo hace para enmascarar a alguno de los patriarcas, Enoch, Matusalem o quien sea. Otra trampa es la del delantal blanco del carnicero, que en realidad según mis últimas mediciones, no es otra cosa más que una reducción banal del manto blanco y la pelota azul. El objetivo de una operación así de compleja me resulta incomprensible. Pero no desespero; tenemos que habituarnos a la participación de los “amigos” en nuestras investigaciones.
87-Lázaro: sé que estará intrigado como todos nuestros amigos por la respuesta que dio la sobrina al sastre, pero antes permítame contarle algo más. Creo que mi descubrimiento es peligroso. Ya se lo he dicho.
“Tío, no es necesario que me oculte que sus tijeras realmente cuelgan de una cuerda hecha con piel humana y que el carnicero nunca recibió su delantal blanco.” Me resulta incómodo Lázaro, seguir sosteniendo el vaso apretado contra mi oído. Debo detenerme al menos un instante, aunque el sastre y su sobrina sigan hablando. Comprenda que es casi una acrobacia y yo no soy el acròbato esperado. Una pausa.
“Tío, no es necesario que me diga que Lázaro lo ha visitado preguntándole por mí. Creo ya haberme encontrado con ese joven de talento regular y cualidades asombrosas… ¿Es ese que oculta del mundo más de un dato a la vez? Si de él se trata, lo conozco.”
Lázaro, no tuve valor para seguir escuchando, las historias de amor no son mi fuerte. Quinto Molar dice que los del esferoide X van a morir, Lobito sigue en su ventana. Todo parece descansar en su destino. Dejaré por un momento al sastre y su sobrina que seguirán hablando diminutos. A veces lo mejor es no escuchar.
“Tío, no es necesario que me oculte que sus tijeras realmente cuelgan de una cuerda hecha con piel humana y que el carnicero nunca recibió su delantal blanco.” Me resulta incómodo Lázaro, seguir sosteniendo el vaso apretado contra mi oído. Debo detenerme al menos un instante, aunque el sastre y su sobrina sigan hablando. Comprenda que es casi una acrobacia y yo no soy el acròbato esperado. Una pausa.
“Tío, no es necesario que me diga que Lázaro lo ha visitado preguntándole por mí. Creo ya haberme encontrado con ese joven de talento regular y cualidades asombrosas… ¿Es ese que oculta del mundo más de un dato a la vez? Si de él se trata, lo conozco.”
Lázaro, no tuve valor para seguir escuchando, las historias de amor no son mi fuerte. Quinto Molar dice que los del esferoide X van a morir, Lobito sigue en su ventana. Todo parece descansar en su destino. Dejaré por un momento al sastre y su sobrina que seguirán hablando diminutos. A veces lo mejor es no escuchar.
88-Gabriel, querido Gabriel, por primera vez hablamos del amor, usted lo sabe, mi inexperiencia en este campo es casi total. El arrebato de las pasiones pasa como un gato ciego sobre el teclado, trato de no escuchar pero escucho, algo lleva mi entendimiento hacia landas ignotas. Los ecos del tintero hablante llegan hasta mi con una dulce melodía; es la sobrina del sastre que canta: ... “nuestro amor ha volado sobre todos los mares posibles, a través de todas las puertas abiertas, sobre las llanuras impasibles”...... Gabriel, le estoy mintiendo y no se porque lo hago, lo anterior era pura ficción, ornamento literario. Creo que es otro Lázaro o alguno de los otros el que habla y se hace pasar por mi. Este usurpador es incapaz de mantener la coherencia metodológica, estoy seguro que usted no se ofenderá por estas exageraciones. El invasor ha aplicado un velo negro sobre mi rostro, la gente me mira con desconfianza, los niños me arrojan piedras y los tinteros vacíos no me hablan. Temo que me encerrarán una vez más en el laberinto de espejos con el perro negro y la pelota azul. No puedo escuchar al sastre, no puedo ver a la sobrina, la cuerda de piel humana se anuda con mi voluntad y la lleva a reposar en el fondo de un lago. Subsisten todavía algunas texturas, formas divididas a la mitad que continúan funcionando. Sólo usted Gabriel es capaz de quitar de mi rostro el velo negro.
-Queridos amigos: esperamos que nuestro mensaje llegue a sus oídos, para nosotros siempre nuevos y que el ojo avizor no logre interceptarnos. Haremos un relato ordenado para que puedan comprender la gravedad de nuestra situación. Tal como ustedes recordarán, nuestras investigaciones diarias nos habían llevado a diversas conjeturas, así como también a algunas conclusiones. Por un lado pudimos demostrar que la presencia del búfalo en la pradera traía consecuencias mesurables en las costumbres del sastre, por otro, que los experimentos de miniaturización provocaron que Lázaro perdiera momentáneamente la memoria y se extraviara en lo que él llamó un laberinto de espejos. Pero esos fueron sucesos previsibles y menores en relación a lo que luego ocurrió. Hace varios días y cómo ustedes lo han podido comprobar, todas nuestras investigaciones y los comentarios que nuestros amigos han aportado han desaparecido por obra y gracia del ojo avizor. Nuestra hipótesis es que en el mismo instante en que dicho elemento de control ha notado que hemos descubierto la verdadera existencia de ustedes, nuestros amigos, se ha apoderado de él un terror infinito y ha apelado a todos sus poderes. Pero creemos haber logrado un método para engañarlo y es mutar con nombres diversos por su universo limitado. Esperamos, repetimos, éste mensaje llegue a sus oídos atentos y reiniciemos el diálogo anterior. Cómo muestra de nuestra buena memoria reconstruiremos paso a paso todas las investigaciones anteriores y esperamos ustedes hagan lo mismo. Ahora, ¡Vuelta al trabajo!
89-Lázaro, querido Lázaro: si bien le dije que las historias de amor no eran mi fuerte, debo pensar que menos son el suyo. Y ambos estamos equivocados: todas nuestras historias han sido de amor, si lo piensa con detenimiento. Desde un principio planteamos el clásico conflicto de los terceros desarrollado en toda novela de amor. El perro negro, el espejo, el manto blanco y el tercer elemento aun no descubierto. Luego y por pares precisos fueron apareciendo también como objetos de estudio la pelota azul y el otro perro; el sastre y su sobrina; he incluso me atrevo a agregar al ojo avizor y aquellos que llamamos “otros”. Como usted inferirá también podría agregar al búfalo y al conejo, y a la silueta que tras el se escondía y el horizonte. Pero enumerar por pares podría llevarme un tiempo infinito y hoy mi tiempo es escaso. Sabemos que lanzar este tipo de ampulosas frases al vergel de las afirmaciones no justifican su exactitud y que estos pares podrían corresponder a simples conjuntos matemáticos. Pero si observa en lo profundo de su ingenuidad, verá que estoy en lo cierto; y el amor ha sido el tema que nos ha convocado día tras día en nuestros largos años de investigaciones.
90-Estimado Gabriel, se sorprenderá, ésta vez no es Lázaro quien escribe, soy Magdalena, la que ustedes llaman “la sobrina del sastre”. Usted me conoce bien, hemos sido vecinos desde los primeros días de la infancia. Le aclaro, y le aclaro a todos aquellos que leen, que poco y nada tenemos que ver mi tío y yo, con los fantasiosos personajes que aparecen en esta extravagante conversación.
No es mi intención la de entrometerme en vuestras investigaciones, el motivo por el cual le escribo es bien otro: El señor Lázaro ha sufrido una de sus crisis, desde hace semanas camina como un autómata por las calles, con un velo negro que le oculta el rostro. Antes de ser internado me dejó un mensaje escrito en un pizarrón en el cual me pide que cortésmente le refiera lo siguiente: .... “Querido Gabriel, cuando lea esto, yo estaré ya encerrado en el laberinto. Sabíamos que los peligros eran muchos, pero no sabíamos que habíamos sido convocados por el amor. Mi espectro ha caído en la trampa, su materialización fue desmentida por la vida ya implantada. El velo negro me separa de todo aquello que hasta ahora había sido “... Luego la escritura se vuelve incomprensible. Debajo de la pizarra, el buen Lázaro dejó una gran pelota azul. Por el momento, si usted está de acuerdo, ocuparé yo el lugar del señor en la conversación, hasta qué el pobrecito se recupere. Con afecto, Magdalena.
No es mi intención la de entrometerme en vuestras investigaciones, el motivo por el cual le escribo es bien otro: El señor Lázaro ha sufrido una de sus crisis, desde hace semanas camina como un autómata por las calles, con un velo negro que le oculta el rostro. Antes de ser internado me dejó un mensaje escrito en un pizarrón en el cual me pide que cortésmente le refiera lo siguiente: .... “Querido Gabriel, cuando lea esto, yo estaré ya encerrado en el laberinto. Sabíamos que los peligros eran muchos, pero no sabíamos que habíamos sido convocados por el amor. Mi espectro ha caído en la trampa, su materialización fue desmentida por la vida ya implantada. El velo negro me separa de todo aquello que hasta ahora había sido “... Luego la escritura se vuelve incomprensible. Debajo de la pizarra, el buen Lázaro dejó una gran pelota azul. Por el momento, si usted está de acuerdo, ocuparé yo el lugar del señor en la conversación, hasta qué el pobrecito se recupere. Con afecto, Magdalena.
91-Magdalena, si es que ese es tu verdadero nombre, ¿cómo he de confiar en lo que me dices? Si bien reconozco en algunas de las palabras escritas en el pizarrón la voz de Lázaro, no puedo concebir que también él tenga una gran pelota azul en su estudio. Esto abriría una nueva paradoja, o algo aun peor, ya que la que hemos investigado juntos reposa frente a mí, debajo del escritorio. Pero no tengo otra alternativa que la de rendirme ante los hechos, y aceptar que usted, querida Magdalena, no es más que aquella vieja buena amiga que quiere colaborar con nosotros. ¡Acepto gustoso el reto frente al cual me pone el destino! Dígame en primer lugar en qué punto del conocimiento se encuentra usted en relación a nuestras investigaciones. ¿Qué piensa de su réplica diminuta que junto a su tío hablan en el tintero vacío? ¿Dónde se encuentra la tinta que estaba en él? ¿Qué relación guardan usted, su tío el sastre y el cordón del que cuelga su tijera? ¿Cómo y en qué circunstancias reencontró a Lázaro? Y por último: ¿en dónde se halla el pobre Lázaro?
92-Estimado Gabriel, desde pequeña he sentido una gran curiosidad hacia las investigaciones de usted y el señor Lázaro. En el vecindario se los miraba con desconfianza y los toscos muchachotes de la esquina pasaban el tiempo haciéndoles burlas y bromas pesadas. ¡Muchas veces tuve que interponer mi cuerpo ante ellos para evitar que los agredieran!
Mis padres murieron cuando yo tenía solo cinco años, en circunstancias confusas, de las cuales preferiría no hablar… El hermano de mi madre, el sastre, se hizo cargo de mi, desde temprana edad tuve que ayudarlo en su oficio y ocuparme al mismo tiempo de todos los asuntos domésticos. Un destino irreversible me había señalado; nunca puede estudiar, no he viajado y seguramente no me casaré ni tendré hijos. Gabriel, se que mi ignorancia es grande, pero quiero ayudarlos, protegerlos de la gente malvada y de ese ojo avizor del cual ustedes hablan. Soy una persona simple que los quiere con simpatía y comprensión, una amiga, una hermana, una sobrina.
¡Ay señor Gabriel! ¡Otra vez con esa historia del tintero vacío! ¿No se acuerda? Decían que estaba embrujado porque su propietario, el viejo escribano que vivía solo con un perro negro, murió en el mismo instante que consumía la última gota de tinta. ¡De mi réplica diminuta no puedo decirle nada, piense que hace años que ni siquiera me reflejo en un espejo! Los diminutos eran ustedes, por algo los malandrines del barrio los llamaban “los enanos”. ¡Póngale un freno a sus fantasías! El cordón del cual colgaban las tijeras es un triste recuerdo, más tarde le diré porqué.
El pobre Lázaro está internado y no se donde. Lo vinieron a buscar unos señores vestidos con sayos amarillos y sombreros negros que hablaban de una manera incomprensible. Cordiales saludos, Magdalena.
Mis padres murieron cuando yo tenía solo cinco años, en circunstancias confusas, de las cuales preferiría no hablar… El hermano de mi madre, el sastre, se hizo cargo de mi, desde temprana edad tuve que ayudarlo en su oficio y ocuparme al mismo tiempo de todos los asuntos domésticos. Un destino irreversible me había señalado; nunca puede estudiar, no he viajado y seguramente no me casaré ni tendré hijos. Gabriel, se que mi ignorancia es grande, pero quiero ayudarlos, protegerlos de la gente malvada y de ese ojo avizor del cual ustedes hablan. Soy una persona simple que los quiere con simpatía y comprensión, una amiga, una hermana, una sobrina.
¡Ay señor Gabriel! ¡Otra vez con esa historia del tintero vacío! ¿No se acuerda? Decían que estaba embrujado porque su propietario, el viejo escribano que vivía solo con un perro negro, murió en el mismo instante que consumía la última gota de tinta. ¡De mi réplica diminuta no puedo decirle nada, piense que hace años que ni siquiera me reflejo en un espejo! Los diminutos eran ustedes, por algo los malandrines del barrio los llamaban “los enanos”. ¡Póngale un freno a sus fantasías! El cordón del cual colgaban las tijeras es un triste recuerdo, más tarde le diré porqué.
El pobre Lázaro está internado y no se donde. Lo vinieron a buscar unos señores vestidos con sayos amarillos y sombreros negros que hablaban de una manera incomprensible. Cordiales saludos, Magdalena.
93-Querida Magdalena. Le ruego que me preste absoluta atención. Observará que el estudio de Lázaro está magníficamente decorado y que en una de sus paredes, la del fondo, opuesta a la puerta principal, contiene de pared a pared una gran biblioteca en la que conservamos paralelamente, Lázaro y yo, los mismos libros. Es por esto que puedo darle la orden precisa: tome el tercer volumen (contando de izquierda a derecha visto de frente al mismo) de nuestro diario e intercámbielo con un ejemplar de la “Historia del magnetismo” que reposa en el quinto estante (contando de arriba hacia abajo) ubicado entre dos libros con cubierta roja cuyos títulos prefiero no mencionar para no herir su sensibilidad ya que hablan sobre usted. Como habrá visto, si ha seguido misindicaciones con prudencia, la biblioteca habrá girado dando paso a un gabinete secreto. Sin dudas allí es dónde Lázaro ha construido su laberinto de espejos, y en una de sus frecuentes crisis de memoria ha olvidado el camino de regreso. Esto explica su mención al velo negro, que no es más que el terciopelo que recubre el revés de la biblioteca. Espero sus noticias y la saludo encantado de conocerla.
94-Señor Gabriel: he probado de hacer lo que me pidió con los libros, pero a mitad del camino vi ante mí una esfera de luz azul ornada con resplandores violáceos y perdí momentáneamente los sentidos cayendo pesadamente sobre la alfombra roja. No se cuanto tiempo puede haber pasado, si era de día o si era de noche, mi cuerpo se hundía en una sustancia amarillenta y un perfume de salvia era todo lo que yo sentía. Al despertar, tenia entre mis brazos el libro “la historia del magnetismo”.
Ahora tengo mucho miedo y no se que hacer, me parece ver al señor Lázaro con el velo negro en la penumbra, pero es solo una ilusión. Cada cosa de la casa parece reprocharme el hecho de que yo no lo haya podido ayudar. Le juro que yo vi cuando se lo llevaron. ¿Quienes eran esos extraños personajes? ¿Le harán algún mal?
Cordiales saludos, Magdalena.
Ahora tengo mucho miedo y no se que hacer, me parece ver al señor Lázaro con el velo negro en la penumbra, pero es solo una ilusión. Cada cosa de la casa parece reprocharme el hecho de que yo no lo haya podido ayudar. Le juro que yo vi cuando se lo llevaron. ¿Quienes eran esos extraños personajes? ¿Le harán algún mal?
Cordiales saludos, Magdalena.
95-Magdalena: lo que le ocurrió es algo que tenía previsto para comprobar que realmente era usted quién me escribía y no alguno de esos personajes que han raptado a Lázaro. Los libros que le indiqué quitara tienen entre sus páginas una combinación de minerales que la han hecho desvanecerse. No se preocupe ya que pasadas unas horas su efecto desaparece por completo sin dejar rastro alguno. Ahora debemos ocuparnos de resolver el enigma que nos ha planteado Lázaro. Le ruego que busque minuciosamente en el escritorio, más precisamente en el segundo cajón central, en donde encontrará fácilmente un borrador para pizarras envuelto con papel encerado. Tenga sumo cuidado y tómelo por la parte de madera una vez quitado el envoltorio. Ahora preste mucha atención una vez más. Páselo por la pizarra, en toda su extensión, de arriba hacia abajo primero, de abajo hacia arriba después. Verá que aparecerán las palabras mediante las cuales sabremos el verdadero paradero de Lázaro, quienes son esos extraños personajes y probablemente también esté escrita la historia que cuenta como llegó el doble de la pelota azul al estudio de mi amigo Lázaro. Hágame el favor de transcribir exactamente todo lo que esté allí escrito y envíemelo de inmediato. Creo que el ojo avizor puede tener algo que ver en todo este gran lío. Me despido de usted con premura ya que ahora estoy sólo yo para llevar adelante el conjunto de nuestras investigaciones. Adiós Magdalena, cumpla con cuidado absoluto todas mis indicaciones.
96-Señor Gabriel: soy Magdalena, están sucediendo cosas muy extrañas. Cada vez que intento seguir sus indicaciones, siento un rumor metálico que me perfora los oídos. No soporto esas bocinas o trompetas del mas allá, encima basta que toque algo para que ese algo se convierta en otro objeto, basta que mire en profundidad para que todo se haga amarillento. Estoy muy confusa, no se si soy Magdalena, no se si soy capaz ni siquiera de hablar. Tengo la pizarra entre mis manos como me dijo, pero esas no son mis manos, tiemblo, los ojos me salen de las órbitas, siento música de luna park, el escritorio se hace cada vez mas pequeño, llueve en el interior de la casa. Veo pasar un alce por el pasillo, veo una figura recortada, veo un perro y un espejo, veo a Magdalena, la sobrina del sastre, extendida sobre la cama leyendo uno de los libros de cubierta roja que habla de ella .... ¡Querido Gabriel,.. ayúdeme... soy Lázaro ...por favor! ... Le decía que tengo la pizarra entre mis manos, no se preocupe, sabe como somos las mujeres durante “esos días”. Pobrecito el señor Lázaro, si usted dice que esto sirve para sacarlo de su locura, yo tengo que obedecerlo.... pero... antes quiero saber algunas cosas... ¿Dónde están los libros que contienen las investigaciones sobre mi tío? ¿Existe otro ejemplar de la “historia del magnetismo”? ¿Existe un dossier sobre el ojo avizor?... Sí, pobrecito el señor Lázaro, de aquí en más su vida dependerá de sus respuestas...¿ me entiende? Cordiales saludos, Magdalena.
97-Lázaro, Magdalena, Magdalena, Lázaro. Haré un anuncio que seguramente va a disgustarle. No voy a volver a escribir ninguna respuesta hasta no saber que es lo que realmente está sucediendo. Para llegar a tan extrema resolución no tengo que darle explicación alguna. En primer lugar, todos saben que soy Gabriel y que como tal he dado instrucciones precisas a Magdalena para salvar a Lázaro de su extravío. Dicho plan me obligó a describir mecanismos de mi escritura que jamás hubiese revelado. No soy de esos que piensan en paraguas cuando cae la lluvia. ¿Cómo se atreve, Magdalena a amenazarme con aquello de que la vida de Lázaro está en mis manos? Siempre lo estuvo y siempre lo estará, eso no es novedad alguna. Por mi parte creo que ya le he dicho todo, si relee cada una de mis respuestas podrá darse cuenta que sus preguntas ya estaban respondidas. A modo de ejemplo y para que utilice en mejor grado su inteligencia, sus preguntas acerca de otros ejemplares es absolutamente ociosa. Ya le he contado que mi estudio es exactamente igual al de Lázaro, lo que habla a las claras de la duplicidad de todo su contenido. Me despido de usted, sea quien sea quien me habla.
98-Gabriel, querido Gabriel, esta vez soy definitivamente yo, su amigo y compañero de aventuras Lázaro, el problema está casi resuelto y todo gracias a usted que aplicó con rigor el protocolo, sin dejarse engañar por las sirenas vengativas del ojo avizor. Le explicaré todo detalladamente, aunque si, debo reconocerlo, quedan aun algunas zonas oscuras. Como primera cosa no juzguemos apresuradamente a la pobre Magdalena, también ella fue víctima del ojo, su único pecado fue el de curiosear en los libros que escribimos sobre ella, y, por otro lado, ¿quién no lo haría? En este momento está pagando duramente el trágico error vagando desolada en el éter, pero nos ocuparemos de esto más adelante. Desembarquemos ahora en los datos puntuales:
1- Todo comienza el día en que enredado en tortuosas reflexiones me dirijo hacia el laberinto de espejos con el objetivo de encontrar un poco de placidez.
2- Repentinamente me veo raptado por una sustancia gomosa de color amarillento y pierdo todos los sentidos quedando suspendido en un estado de “rictus mortis”
3- Magdalena, preocupada por mi ausencia se comunica con usted y comienza a indagar siguiendo sus instrucciones.
4- La pobre muchacha, sierva de la ignorancia, interpreta el reglamento al revés cayendo en un estado de confusión, obsesionada por los libros de cubierta roja.
5- El ojo avizor, aprovechando el momento de distracción, comienza a manipular la frágil conciencia de la muchacha injertando en ella modelos de conducta hostiles hacia usted.
6- Yo Gabriel, revitalizado gracias a los efectos de su inmediata reacción, trato de entrar por esa brecha abierta en la conciencia de Magdalena. ¿Recuerda?, era el momento en el que le imploraba ayuda.
7- Logro entrar allí y el ojo avizor se retira cobardemente, pero ¡ahimé! Yo, Lázaro, absorbo completamente la materialidad de Magdalena, condenando a la pobrecita a vagar en el éter.
8- En este momento estoy muy bien, reposando en el laberinto de espejos.
9- Quedan muchas preguntas sin explicación: ¿quiénes eran esos hombres con los sayos amarillos? ¿Dónde ha quedado mi ejemplar de “La historia del magnetismo”? ¿Porque en el tintero reposa ahora una sustancia amarillenta? ¿Por qué en los muros de la habitación están escritos los nombres de Eleazar, Josef e Isaak? Con el tiempo todo se podrá aclarar.
Bien, querido Gabriel, ¡no sabe cuan contento estoy yo de poder abrazarlo nuevamente para poder seguir ya sin obstáculos nuestras investigaciones!
1- Todo comienza el día en que enredado en tortuosas reflexiones me dirijo hacia el laberinto de espejos con el objetivo de encontrar un poco de placidez.
2- Repentinamente me veo raptado por una sustancia gomosa de color amarillento y pierdo todos los sentidos quedando suspendido en un estado de “rictus mortis”
3- Magdalena, preocupada por mi ausencia se comunica con usted y comienza a indagar siguiendo sus instrucciones.
4- La pobre muchacha, sierva de la ignorancia, interpreta el reglamento al revés cayendo en un estado de confusión, obsesionada por los libros de cubierta roja.
5- El ojo avizor, aprovechando el momento de distracción, comienza a manipular la frágil conciencia de la muchacha injertando en ella modelos de conducta hostiles hacia usted.
6- Yo Gabriel, revitalizado gracias a los efectos de su inmediata reacción, trato de entrar por esa brecha abierta en la conciencia de Magdalena. ¿Recuerda?, era el momento en el que le imploraba ayuda.
7- Logro entrar allí y el ojo avizor se retira cobardemente, pero ¡ahimé! Yo, Lázaro, absorbo completamente la materialidad de Magdalena, condenando a la pobrecita a vagar en el éter.
8- En este momento estoy muy bien, reposando en el laberinto de espejos.
9- Quedan muchas preguntas sin explicación: ¿quiénes eran esos hombres con los sayos amarillos? ¿Dónde ha quedado mi ejemplar de “La historia del magnetismo”? ¿Porque en el tintero reposa ahora una sustancia amarillenta? ¿Por qué en los muros de la habitación están escritos los nombres de Eleazar, Josef e Isaak? Con el tiempo todo se podrá aclarar.
Bien, querido Gabriel, ¡no sabe cuan contento estoy yo de poder abrazarlo nuevamente para poder seguir ya sin obstáculos nuestras investigaciones!
99-Querido Lázaro: saludo entusiasmado su vuelta al trabajo, y le deseo una pronta recuperación en el laberinto de espejos. Hoy he tomado diversas precauciones con el objetivo de no permitir que me ocurra algo similar a lo que a usted le ha ocurrido. Le sugiero las tome en cuenta por el bien de nuestras investigaciones. En primer lugar aproveche que está en el laberinto de espejos (como podrá imaginar yo también me encuentro allí) y limpie cuidadosamente cada uno de ellos. Esto le permitirá que desaparezca de inmediato esa sensación de ensueño y penumbra propia de las leyes de la óptica cuando una tenue capa de polvo cubre las sustancias refractarias. Debo decirle que también he revisado minuciosamente mi biblioteca para ver si los ejemplares por usted mencionados aparecieron en algún sitio pero aquí todo sigue igual, por lo cual le sugiero, luego de largas meditaciones que dirija sus indagaciones alrededor de la pelota azul que apareció extrañamente en su estudio precipitando luego los conocidos acontecimientos. Tome el tintero con la sustancia amarillenta y vacíe su contenido en algún lugar lejano a su estudio, conservando una muestra para ser analizada en cuanto el tiempo nos lo permita. Espero recuerde perfectamente el motivo de la aparición inicial de la pelota azul, el perro jugaba con ella, sus ejercicios de mandíbula, lo que el búfalo pensó cuando la pelota cayó por la ventana, las increíblemente ágiles zancadas que el mismo búfalo pudo dar mientras bajaba las escaleras y tantos otros detalles ya escritos una y otra vez en mis partes diarios. En cuanto a Magdalena, que más puedo agregarle… Lamento realmente su actual situación y le propongo que la rescatemos de inmediato utilizando nuestro mecanismo para emergencias aunque este no contenga los encantos de la invención de un nuevo sistema. Pero de este modo nos podremos dedicar a lo que realmente nos ha convocado nuevamente en este sitio. Vencer al ojo avizor en todos los frentes en los que se nos presenta. Es un adversario astuto y es por eso que, mi querido Lázaro, todos nuestros sentidos y percepciones deben estar en estado de alerta. Espero que el descanso que se ha tomado le haya dado nuevas energías para la próxima batalla. Un fuerte abrazo de su amigo Gabriel.
100-Alivio, serenidad y equilibrio, querido Gabriel, dejan en estos espacios infinitos sus palabras. Al caos y la tempestad anterior oponen el aroma del pan recién horneado, la especulación prudente y las exigencias de lo verdadero. En la kermés de las encrucijadas, el nuevo faro es la certeza de la batalla contra el ojo avizor, la única intención que nos convoca.
Le propongo evaluar como primera cosa los daños sufridos en el sistema por las fallas en el paralelismo, y así también las producidas por su contrario, el paralelismo allí donde el mismo no tiene que perseverar. Pasemos entonces al caso de la pelota azul.
El primer dato que tenemos que tener en consideración es que ella se presenta en mi estudio siguiendo flujos alternados, a veces está, a veces no está. A veces está solo el perro negro, que corre enloquecido en círculo siguiendo los vaivenes de su propia cola.
Tomemos todas las medidas necesarias y analicemos cada particular sin temer los peligros, que son muchos. No dudo de que allí se encuentra una de las claves de la desaparición de mi ejemplar de “La historia del magnetismo”.
Volvamos, como usted dice, a la aparición inicial de la pelota azul, a los juegos del perro y a la desesperación del búfalo al verla caer por la ventana. La escena se repitió en su estudio y no en el mío, dato sorprendente que se yergue como padre de todos los enigmas. ¿Son los nombres de Isaak, Eleazar y Josef la clave cifrada de este astuto ocultamiento del ojo? ¿Negándome la experiencia entendía dividirnos? Sabemos que la persistencia de lo no vivido se impone como catástrofe de cada posible equilibrio, pero lo que nos une va más allá de estas pamplinas de la temporalidad y sus efectos.
Pongamos entonces en marcha el viejo mecanismo para emergencias y recuperemos a la pobre Magdalena, me he encariñado con la muchacha y el solo pensar en ella me hace sonrojar. Temo por las reacciones de su tío el sastre, hasta ahora no ha dado señales de vida, pero bien sabemos que bajo sus modales gentiles se esconde un carácter violento.
Con respecto a la sustancia amarillenta que reposa en el tintero se ha verificado un fenómeno excepcional que pone en embarazo a las leyes de la química, al vaciar el tintero se escucha una voz que dice: “sabio es aquel que prevé lo que està por venir” e inmediatamente el tintero se vuelve a llenar.
Podría continuar así por horas pero tengo que detenerme, las fatigas pasadas han dejado profundas laceraciones en mi corazón. Con afecto, su amigo Lázaro.
Le propongo evaluar como primera cosa los daños sufridos en el sistema por las fallas en el paralelismo, y así también las producidas por su contrario, el paralelismo allí donde el mismo no tiene que perseverar. Pasemos entonces al caso de la pelota azul.
El primer dato que tenemos que tener en consideración es que ella se presenta en mi estudio siguiendo flujos alternados, a veces está, a veces no está. A veces está solo el perro negro, que corre enloquecido en círculo siguiendo los vaivenes de su propia cola.
Tomemos todas las medidas necesarias y analicemos cada particular sin temer los peligros, que son muchos. No dudo de que allí se encuentra una de las claves de la desaparición de mi ejemplar de “La historia del magnetismo”.
Volvamos, como usted dice, a la aparición inicial de la pelota azul, a los juegos del perro y a la desesperación del búfalo al verla caer por la ventana. La escena se repitió en su estudio y no en el mío, dato sorprendente que se yergue como padre de todos los enigmas. ¿Son los nombres de Isaak, Eleazar y Josef la clave cifrada de este astuto ocultamiento del ojo? ¿Negándome la experiencia entendía dividirnos? Sabemos que la persistencia de lo no vivido se impone como catástrofe de cada posible equilibrio, pero lo que nos une va más allá de estas pamplinas de la temporalidad y sus efectos.
Pongamos entonces en marcha el viejo mecanismo para emergencias y recuperemos a la pobre Magdalena, me he encariñado con la muchacha y el solo pensar en ella me hace sonrojar. Temo por las reacciones de su tío el sastre, hasta ahora no ha dado señales de vida, pero bien sabemos que bajo sus modales gentiles se esconde un carácter violento.
Con respecto a la sustancia amarillenta que reposa en el tintero se ha verificado un fenómeno excepcional que pone en embarazo a las leyes de la química, al vaciar el tintero se escucha una voz que dice: “sabio es aquel que prevé lo que està por venir” e inmediatamente el tintero se vuelve a llenar.
Podría continuar así por horas pero tengo que detenerme, las fatigas pasadas han dejado profundas laceraciones en mi corazón. Con afecto, su amigo Lázaro.
101-Estimado Gabriel, escribo estas líneas sin la seguridad de que lleguen a alguna parte. Mis temores están fundados en el alerta que usted mismo ha anticipado: por su silencio deduzco que usted ha caído en la trampa del ojo avizor. Los amigos se preguntarán entonces a quien le hablo. Hablo al Gabriel ausente que vive en todos ellos, hablo a los profetas del ritmo y la constancia, hablo a esos inquisidores burlones y desmemoriados que lucen sombreros de paja, le hablo a la alharaca que ante el fragor de la primera corneta externa se esconde en su gallinero. Por el momento no poseo ningún protocolo para hacerlo retornar entre nosotros y no existe la posibilidad de otro motivo por el cual usted no pueda hablar.
Querido Gabriel, si de alguna manera me puede escuchar, déme al menos un señal, un gesto efímero, algo que me permita elaborar una estrategia de salvataje.
Querido Gabriel, si de alguna manera me puede escuchar, déme al menos un señal, un gesto efímero, algo que me permita elaborar una estrategia de salvataje.
102-Queridísimo Lázaro: no sin vergüenza me atrevo a responder finalmente a sus palabras. En primer lugar le digo que yo mismo me he visto sorprendido por los acontecimientos y el ojo avizor nada ha tenido que ver en lo sucedido, aunque quizás ciertos mecanismos que hemos transgredido hayan ocasionado el fenómeno increíble que estoy a punto de narrarle. Vuelvo a sonrojarme una vez más, pero debo ser absolutamente sincero con usted y con todos nuestros amigos. Lo que ha ocurrido es lo siguiente y con esto doy por resuelto dos enigmas a la vez. Hemos hablado mucho de la pelota azul, del tintero y su contenido cambiante, del perro negro y del búfalo, de los ejercicios de masticación y una vez más del laberinto de espejos. Hemos hablado de los paralelismos quebrados por la intervención del ojo avizor y sus consecuencias imprevistas: pues bien, he aquí una de ellas y la explicación de mi extraña conducta. Lázaro, querido Lázaro, no se bien como decirle esto sin herir sus virginales sentimientos. Desde hace unos días y coincidentemente con mi extraño silencio se halla a mi lado la tierna Magdalena. Sabrá usted y los amigos del pudor, resguardarme de contar los deliciosos momentos que he pasado junto a ella desde ese mismo instante. Le escribo ahora en un intervalo y espero que sepa disculpar mi inoportuno extravío. En cuanto pueda enviaré a Magdalena de vuelta a su hogar. Tengo la obligación de hacerlo aunque deba sumergirme en el dolor más grande por su ausencia para que todo retome su curso normal. Allí verá, Lázaro, como la pelota azul desaparece junto a la sustancia amarillenta del tintero, como el mecanismo del vaso le permitirá volver a oír a los diminutos habitantes y por encima de todas las cosas como los ejemplares perdidos vuelven a ocupar su sitio en su biblioteca. De ese modo y ese mismo día retomaremos todas nuestras investigaciones pasando a un nuevo estado del conocimiento.
Espero una vez más sepa disculparme, mi muy querido Lázaro, por haberme demorado en las aventuras de la sensualidad cuando en realidad debí haberme dedicado por entero a lo que siempre nos ha unido: el pensamiento.
Espero una vez más sepa disculparme, mi muy querido Lázaro, por haberme demorado en las aventuras de la sensualidad cuando en realidad debí haberme dedicado por entero a lo que siempre nos ha unido: el pensamiento.
103-Querido Gabriel, no es mi intención cancelar en usted la felicidad derivada por la experiencia de sensualidad, pero creo que esta padeciendo los efectos de una ponzoña que astutamente inoculó en su cuerpo el ojo avizor. Aquella que usted cree Magdalena no es otra cosa que uno de los disfraces que de tanto en tanto el ojo saca de su ridículo armario. La única intención de esa criatura sensual es la de hurgar a hurtadillas en nuestros libros. El veneno le hace creer que el ojo no tiene nada que ver con el romántico encuentro, que todos los enigmas se resuelven en nombre de una armonía universal, que el magnifico tropel se hace uno en la polinización y sus placeres. El ojo ya nos tiene acostumbrados a estos engaños, pero siempre caemos en ellos como moscas en el papel engomado. Si revisamos las distintas etapas de nuestra conversación podemos notar que por meses nos obligó a repetirnos la misma pregunta, nos ocultó a los amigos del pudor, creó la confusión en las historias generando incoherencias, alteró los paralelismos, confundió las voces y las identidades, intento sembrar la discordia, intento raptarme recurriendo a una sustancia amarillenta, y ahora el muy bribón hace uso y abuso de ponzoñas y bajos ejercicios de sensualidad y sentimentalismo.
Fue muy fácil descubrirlo: el verdadero Gabriel jamás habría dejado de escribir. No bastaría siquiera una legión de ninfas y sirenas para distraerlo de sus investigaciones.
Recuerdo cuando casi sin vida, con las vísceras deshechas por la encornada de un alce en celo, el verdadero Gabriel continuaba a tomar apuntes y a realizar mediciones como si nada sucediese.
En su mente confusa por el poderoso narcótico seguramente me verá como a un pobre diablo herido por una presunta traición. Que sea claro, en el casto sentimiento que me une a Magdalena, no existe la violencia de la posesión. Espero que esa réplica que ahora está a su lado no lo separe de lo inexplorado, que la luna ebria del amor no lo haga soñar, y que por sobre todas las cosas no lo conduzca a su escondrijo abisal.
En realidad, detrás de la aparente tragedia, pasa el cortejo de las esperanzas. Esta gran farsa es uno de los últimos espasmos del ojo, un manotazo de ahogado, un movimiento sísmico de asentimiento, porque nuestra investigación es siempre más coherente y precisa. Por lo tanto lo mejor es hacerle creer al ojo que usted cree que la réplica es Magdalena y si lo cree necesario también yo podría creerlo.
Con afecto, Lázaro.
Fue muy fácil descubrirlo: el verdadero Gabriel jamás habría dejado de escribir. No bastaría siquiera una legión de ninfas y sirenas para distraerlo de sus investigaciones.
Recuerdo cuando casi sin vida, con las vísceras deshechas por la encornada de un alce en celo, el verdadero Gabriel continuaba a tomar apuntes y a realizar mediciones como si nada sucediese.
En su mente confusa por el poderoso narcótico seguramente me verá como a un pobre diablo herido por una presunta traición. Que sea claro, en el casto sentimiento que me une a Magdalena, no existe la violencia de la posesión. Espero que esa réplica que ahora está a su lado no lo separe de lo inexplorado, que la luna ebria del amor no lo haga soñar, y que por sobre todas las cosas no lo conduzca a su escondrijo abisal.
En realidad, detrás de la aparente tragedia, pasa el cortejo de las esperanzas. Esta gran farsa es uno de los últimos espasmos del ojo, un manotazo de ahogado, un movimiento sísmico de asentimiento, porque nuestra investigación es siempre más coherente y precisa. Por lo tanto lo mejor es hacerle creer al ojo que usted cree que la réplica es Magdalena y si lo cree necesario también yo podría creerlo.
Con afecto, Lázaro.
104-Queridos todos y entre ellos Lázaro: debo confesar que por vez primera me encuentro enfrentado a un enigma que me ha dejado perplejo. Por un lado Magdalena y los rizos del amor y por el otro un Lázaro que retorna de su extravío con una conducta absolutamente inapropiada son, lo que mi conciencia me indica. ¿Qué le han hecho, querido Lázaro, para que desconfíe de esa manera de su hermano investigador? ¿Dónde ha pasado esos días en que la pobre Magdalena me escribía sus desdichas? Debe darme alguna pista acerca de cómo ayudarlo. Esa extraña idea acerca del ojo avizor y Magdalena está seguramente inundada de aquello que usted llama sustancia amarillenta y yo puedo vislumbrar claramente como celos, un sentimiento que el verdadero Lázaro desconocía en su virginal inocencia. Ahora se ha sembrado la duda y con ella una oscura y tremenda tarea nos queda por delante. Deberemos apelar a fuerzas mayores para resolver este desafío. Debo reparar mis sentidos, debilitar la presencia cierta del ojo avizor, confiar en el pasado que nos une y para demostrarle su propia ceguera junto con este mensaje estará llegando Magdalena a su estudio, con una bufanda rosa que usted supo regalarme cuando me repuse del episodio del alce y unas altas botas negras que le he comprado en agradecimiento a los servicios que le ha prestado en su convalecencia. Respóndame en cuanto sus ideas se ordenen y volvamos al trabajo de manera definitiva.
105-Querido Gabriel, estoy recogiendo fuerzas morales para poder confesarle la verdad sobre todo lo que ha sucedido. La gran presión del pudor me ha impedido ser sincero con usted y me ha llevado inevitablemente a engañarlo, inventándome la historia de la ponzoña inoculada por el ojo avizor. No será fácil pero trataré de explicarle, no sin antes pedirle por favor, su perdón....Gabriel, la que estuvo con usted no era Magdalena, no era tampoco una réplica... era la misma persona que en este momento le está hablando: su amigo Lázaro. Le pido también perdón por haber usado este cobarde mecanismo de la tercera persona, pero el pudor me condiciona. Espero que me comprenda, cuando Magdalena fue magnetizada por el ojo avizor yo aproveché la oportunidad para adquirir nuevamente la materialidad. La sorpresa fue que esta se recuperó en la semblanza de Magdalena, yo Lázaro, pasé a vivir dentro de su cuerpo. Cuando llegué a su casa Gabriel, no tuve el coraje de decírselo, temía el juicio de los amigos del pudor y las burlas de la comunidad científica. Por ello me entregué dócilmente a los juegos de la sensualidad sin confesarle la verdadera identidad de quien estaba con usted. La persona que en este momento está llegando a mi estudio con la bufanda rosa y las botas negras soy yo, Lázaro, no Magdalena. Le propongo que olvidemos este triste episodio y nos concentremos en la construcción de un nuevo mecanismo de emergencias que restituya cada sujeto a su propia carne. Si cree que esto sea de poca importancia para el normal desarrollo de nuestras investigaciones podemos dejar que las cosas prosigan en estas condiciones. El problema más serio será explicarle el particular fenómeno al sastre y a las voces que se oyen nuevamente en el tintero.
Le renuevo mis disculpas y le aseguro que jamás desconfié de usted.
Le renuevo mis disculpas y le aseguro que jamás desconfié de usted.
106-Querido Lázaro: abandonemos los juegos de astucia a inteligencias menores y volvamos a nuestras habituales preocupaciones. Dejemos atrás la vulgaridad de Magdalena, el desencanto de la sensualidad, los laberintos de espejos, la inocencia infinita del ojo avizor y las voces de nuestros amigos. Volvamos, como le decía, a los recuerdos, a las voces apagadas de la infancia, a la luz tenue que perdura encendida en el patio cuando cae la noche, al sonido de la madera que cruje a nuestro paso, a la pradera en la que el búfalo ha jurado obediencia dando por primera vez un paso más allá de lo esperado, a las pelotas azules que recorren el mismo camino descendente una y otra vez para que el vecino pueda devolverlas, al enorme esfuerzo por olvidarlo todo cada mañana… Debo proponerle que olvide por un momento todo lo que representa un enigma, que quite de sus pensamientos inestables cualquier acertijo y retorne junto a mi a la verdadera sustancia de nuestros ejercicios. Pregúntese, por la risa de los perros y sus polleritas de tul, por la súplica inherente al dominio de la materia y sabernos perdidos, por el péndulo y su doble las campanas, por el fresco aroma de ciertas calles y por el andar rectilíneo de los alces que no dejan de mirarnos mientras pasan. Espero pueda abandonar pronto toda esa autoindulgencia que lo llevaron a caer en cuestiones diminutas y jugar por un rato al detective (a mi me pasó, como siempre, exactamente lo mismo) y vuelva a ocultar el mundo a su mirada.
107-Querido Gabriel: esta vez la amnesia será nuestra mejor amiga, al menos hasta que el cuadro cromático recupere las justas combinaciones y el complejo mecanismo se ponga nuevamente en marcha. De acuerdo, de acuerdo; abandonemos el reino de lo idéntico y el del sueño del yo perdido en si mismo. En el gran tribunal celeste vale más un jabato coronado que un enredo de presunciones.
Usted ha enumerado una serie de fenómenos que seguramente despertarán curiosidad en los amigos del pudor y pondrán al mismo tiempo un poco de orden en nuestras bibliotecas, ya bastante probadas por toda la desmesura psicológica que les tocó alojar. Concuerdo. El tiempo de los enigmas ha quedado atrás, ahora él es solamente esto: pura superstición sin trascendencia, canciones de verano, estertores, fauna. De aquí en más, no quedará cosa alguna afuera de la plena luz; ni la vigilia ni el sueño, ni las profundidades del mar ni las membranas del éter. Tantos Lázaros y Gabrieles, a fuerza de no mirar, fueron absorbidos por una visión errada, esto ya no sucederá: la obediencia del búfalo despejará lo simulado donando néctar a nuestros ejercicios. El dominio de la materia esta vez no será perturbado por ninguna corneta de payaso.
Usted ha enumerado una serie de fenómenos que seguramente despertarán curiosidad en los amigos del pudor y pondrán al mismo tiempo un poco de orden en nuestras bibliotecas, ya bastante probadas por toda la desmesura psicológica que les tocó alojar. Concuerdo. El tiempo de los enigmas ha quedado atrás, ahora él es solamente esto: pura superstición sin trascendencia, canciones de verano, estertores, fauna. De aquí en más, no quedará cosa alguna afuera de la plena luz; ni la vigilia ni el sueño, ni las profundidades del mar ni las membranas del éter. Tantos Lázaros y Gabrieles, a fuerza de no mirar, fueron absorbidos por una visión errada, esto ya no sucederá: la obediencia del búfalo despejará lo simulado donando néctar a nuestros ejercicios. El dominio de la materia esta vez no será perturbado por ninguna corneta de payaso.
108-Lázaro, Lázaro: la pérdida voluntaria de la memoria, las combinaciones inarmónicas de la espera, el estuco y la cuchara impaciente, los frutos alcanzados y finalmente el orden. El mero orden de las cosas. ¿Qué no podría decirle hoy del perro negro que ahora está mirándome desde la ventana? Muchísimo tiempo ha pasado desde que escuché a los habitantes diminutos hablando en el tintero, y sólo un instante desde el momento preciso en que comenzaron nuestras investigaciones entre los orangutanes, o en las colonias de ácaros… Siento que hay algo que he perdido y no logro delinear en estas palabras. ¿Será cierto que a veces las palabras dejan de responder a nuestros designios? Uno de los alces, más precisamente el tercero de la fila, me ha confesado que esta vez tomará un camino distinto. No le ha dado la importancia que el pretendía y se despidió con un ligero estremecer de orejas, un soplido burlón y un raro giro de su cola. Hoy cierta tristeza ocupa mi estudio; el desenfreno ha dejado paso a la conciencia más abrupta, al saber más excesivo… pero de esto le hablaré una vez que reciba sus respuestas.
109-Gabriel, querido Gabriel, la prolija intención de hacer coincidir los tiempos fragmentarios de nuestros ejercicios, puede provocar síntomas de desafección, pues estos, ponen el punto final al desenfreno de las pasiones que nos turbaron. Son solo efectos colaterales, vacíos momentáneos, gotas de ámbar en el espejo, piras bautismales olvidadas; no debe preocuparse. El tropel declamatorio que acompaña nuestro protocolo metodológico nace de un entusiasmo inmanente. Ningún accidente doméstico es capaz de emancipar su linfa. Los preceptores del estilo pueden azotar a la madre del exceso, pueden pisotear nuestras antenas, pueden escudriñar en nuestras faltas, lo pueden hacer porque sus corazones están hechos de paja y vino rancio. No levantamos estas banderas en nombre de una victoria sobre otra cosa, un enemigo o un error cósmico: ellas son el fermento del entusiasmo que se hace emblema y brilla sobre la tumba.
110-Querido Lázaro: he podido notar un sensible declinar de nuestras funciones intelectuales. Quizás debería intentar hacer una relectura minuciosa de todos nuestros manuscritos, incluyendo nuestros diarios de bitácora, los ensayos, las crónicas de viajes y también las listas de compras de almacén, ya que ellas encierran secretos invaluables si se las sabe leer con la atención adecuada. Como le decía anteriormente, no soy un experto astrónomo ni un experto en la vida animal; las historias de estrellas y búfalos, de perros negros y pelotas azules, de asteroides y conejos, son sin embargo mis preferidas. He decidido prestarle atención al instante, al detalle, a las conductas superficiales, a los crujidos, a las salpicaduras, a la intrascendencia, a la nada. Pienso que sólo de este modo volveré al natural de mi antigua escritura y mis cejas podrán quedarse quietas de una vez por todas.
111-Gabriel, querido Gabriel, si como usted cree, y yo también, el cuadro clínico atraviesa una fase preocupante, se hace indispensable una renegociación de las planimetrías y las responsabilidades comunes. Luego de tantos acertijos, enigmas, metamorfosis y batallas contra entes ocultos y falsos Lázaros y Gabrieles, ha llegado la hora de ocuparnos también de nuestros nuevos amigos. ¿Desinteresarnos de Lázaro y Gabriel? La ética no es sólo un ornamento de lo real. No es necesario desaparecer para dar lugar a estas nuevas presencias. Bien venga la minuciosidad en la relectura de la vasta producción, el ordenamiento y la descripción de los mínimos detalles. Cuanto más clara sea para nuestros amigos la entera historia de nuestras investigaciones, tanto menos presentes serán los síntomas y las malformaciones que padeceremos. Sus cejas recobrarán el equilibrio horizontal y mis labios (aún son los labios de Magdalena) no se solidificarán al entrar en la biblioteca.
Le otorgo a usted, querido Gabriel, la oportunidad de dar el puntapié inicial.
Le otorgo a usted, querido Gabriel, la oportunidad de dar el puntapié inicial.
112-Querido Lázaro: he visto entre las piras funerarias en Varanasi a la cola del perro negro quemándose junto a maderas de sándalo.
Una multitud de curiosos y deudos se arremolinaron en torno a ella descubriendo que faltaba el resto del perro.
¿Qué enseñanza pudo dejarles semejante acontecimiento?
En primer lugar, pudieron suponer que la parte no hace al todo; pero esto no sería más que cloquear lo que un escolar le respondería a su maestro de tercer grado; y en segundo lugar, soy yo quien afirma que no les ha dejado ninguna enseñanza.
La cola del perro negro sobrevivió a las llamas y unos segundos después de la brava hazaña volvía a exhibirse en divertidos meneos integrada una vez más al oscuro animal.
Dos búfalos de agua, que pasaban por una de las callejuelas que desembocan en el Ganges, comentaron mientras se preparaban para sus abluciones que no era un fenómeno de gran importancia, menos aun en una ciudad más vieja que las leyendas.
Usted se preguntará que hacía yo en ese lugar y yo me pregunto lo mismo. Supongo que observar y callar, demostrando más paciencia en este caso que los búfalos, que el agua y que la multitud de curiosos y deudos cuya espera concluye en la esperanza de lo sagrado. El perro negro y su cola ignífuga decidieron viajar conmigo y los tres retornamos a mi estudio, felices y contentos.
Volvimos a nuestras costumbres y ahora nos disponemos a reiniciar las tareas en aquello que hemos dado en llamar el eterno puntapié inicial. Antes de despedirme le cuento que aun no he tenido noticias del manto blanco ni del sastre. ¿Usted sabe algo al respecto?
Una multitud de curiosos y deudos se arremolinaron en torno a ella descubriendo que faltaba el resto del perro.
¿Qué enseñanza pudo dejarles semejante acontecimiento?
En primer lugar, pudieron suponer que la parte no hace al todo; pero esto no sería más que cloquear lo que un escolar le respondería a su maestro de tercer grado; y en segundo lugar, soy yo quien afirma que no les ha dejado ninguna enseñanza.
La cola del perro negro sobrevivió a las llamas y unos segundos después de la brava hazaña volvía a exhibirse en divertidos meneos integrada una vez más al oscuro animal.
Dos búfalos de agua, que pasaban por una de las callejuelas que desembocan en el Ganges, comentaron mientras se preparaban para sus abluciones que no era un fenómeno de gran importancia, menos aun en una ciudad más vieja que las leyendas.
Usted se preguntará que hacía yo en ese lugar y yo me pregunto lo mismo. Supongo que observar y callar, demostrando más paciencia en este caso que los búfalos, que el agua y que la multitud de curiosos y deudos cuya espera concluye en la esperanza de lo sagrado. El perro negro y su cola ignífuga decidieron viajar conmigo y los tres retornamos a mi estudio, felices y contentos.
Volvimos a nuestras costumbres y ahora nos disponemos a reiniciar las tareas en aquello que hemos dado en llamar el eterno puntapié inicial. Antes de despedirme le cuento que aun no he tenido noticias del manto blanco ni del sastre. ¿Usted sabe algo al respecto?
113-Querido amigo Gabriel: el epistolario prodigioso ha logrado finalmente que el arcángel ebrio caiga de su astro. La renovada dicha no es hija del destino, sus aventuras en esas tierras exóticas son el preámbulo de la maravilla que debemos relatar. Una vez más todo coincide: las continuas metamorfosis del perro negro son el expediente del espasmo que abre las puertas de nuestros estudios. Permítame decirlo querido Gabriel, o más bien cante al unísono conmigo: ...¡válvulas y pernos, eyectores y colectores, correas de transmisión y bocas de tormenta! ¡Unifiquémonos amigos! ¡Un extravagante tribunal determinará las respectivas responsabilidades en esta odisea! Nada desde lo remoto nos vigila, en cada palabra la trascendencia nos brindará sus propios pavoneos....
Un relator externo podría decir sobre esto, lo siguiente: “en una casa común, Lázaro, Gabriel y sus amigos, ensayando ridículos himnos, esperan con impaciencia el inicio de la propia historia, bajo la sombra de los payasos de la eternidad.” Quien sabe si los búfalos de agua y la multitud de curiosos aprobarán la validez de una semejante descripción altisonante del fenómeno.
Con respecto a su última pregunta, le pido de antemano disculpas por no haberlo informado anteriormente, ya que lo que me ha sucedido en los últimos días lo considero totalmente secundario ante nuestras actuales investigaciones. Como podrá imaginar, estoy viviendo en la casa del sastre, que no sospecha mìnimamente que su sobrina Magdalena no es ella si no yo. De gran utilidad me han sido los libros que hemos escrito sobre la muchacha para poder representarla con actoral maestría. Para el viejo sastre, todo sigue su curso habitual, debo ocuparme de él, prepararle la comida, lavar su ropa intima y participar de sus juegos sensuales con los muñecos de leche. El único dato positivo es que estoy avanzando en la investigación sobre la cuerda de piel humana. Más adelante le informaré sobre los éxitos de la misma.
Un relator externo podría decir sobre esto, lo siguiente: “en una casa común, Lázaro, Gabriel y sus amigos, ensayando ridículos himnos, esperan con impaciencia el inicio de la propia historia, bajo la sombra de los payasos de la eternidad.” Quien sabe si los búfalos de agua y la multitud de curiosos aprobarán la validez de una semejante descripción altisonante del fenómeno.
Con respecto a su última pregunta, le pido de antemano disculpas por no haberlo informado anteriormente, ya que lo que me ha sucedido en los últimos días lo considero totalmente secundario ante nuestras actuales investigaciones. Como podrá imaginar, estoy viviendo en la casa del sastre, que no sospecha mìnimamente que su sobrina Magdalena no es ella si no yo. De gran utilidad me han sido los libros que hemos escrito sobre la muchacha para poder representarla con actoral maestría. Para el viejo sastre, todo sigue su curso habitual, debo ocuparme de él, prepararle la comida, lavar su ropa intima y participar de sus juegos sensuales con los muñecos de leche. El único dato positivo es que estoy avanzando en la investigación sobre la cuerda de piel humana. Más adelante le informaré sobre los éxitos de la misma.
114-Querido Lázaro: hasta cuando piensa persistir con artimañas que poco bien pueden hacer a quienes ni siquiera les permite saber lo que han perdido. Sea valiente y exprese claramente la situación a nuestro viejo amigo, el sastre. Ocultar la pérdida de su sobrina no es más que seguir huyendo de los acontecimientos que nos va deparando el camino. No creo que la investigación sobre la cuerda de piel humana sea tan importante como reparar el daño que ya ha sido causado. Confío el sólo retorno a la verdad traerá de nuevo a la pobre Magdalena junto a su tío, sea en cuerpo y espíritu o al menos ocupando el lugar de ausencia que debería estar ocupando en este instante. Que usted ahora tenga o no su cuerpo es un dato insignificante. ¿Cuántas veces me he despertado en la plena consciencia de creer se cual es el que realmente habito? El puro presente, como varilla canina de la inaccesibilidad, nos enseña que nunca podremos reconocerlo como propio en toda su magnitud. La fisiología camina por sitios muy distantes al de nuestras sencillas palabras que le dan el aliento cotidiano. Piense bien en todo esto, amigo Lázaro, y verá como al menos un hálito de verdad se restituye en nuestra historia.
115-Querido Gabriel, usted lo sabe mejor que yo, los amigos tal vez no: nuestro norte como investigadores fue siempre el de no dejarnos condicionar por las presiones del sentimentalismo y la sensualidad. A veces, tenemos que suspender los códigos vigentes y adoptar conductas que a otros pueden resultar éticamente deplorables. Lavar los miasmas con arcillas infernales, forzar lo siempre igual de las especies y hacer con la verdad un veneno para mandriles enloquecidos. Créame querido amigo, el caso (insignificante ciertamente) del sastre y Magdalena no entra en el campo de estas políticas extremas. El retorno a la verdad es en él un camino sin salida.
Según mis últimas mediciones y cálculos, creo que fui engañado una vez mas: la intención de Magdalena no era otra que la de liberarse del sastre y sus continuas vejaciones. Por ello, en acuerdo con el ojo avizor (¡que ingenuo! lo creía derrotado!), preparó toda la escena de la biblioteca para que yo caiga en la trampa y la sustituya en los trabajos domésticos y los juegos obscenos con el viejo. Así como yo represento a Magdalena, ella hace lo mismo representando a Lázaro, quien sabe ante que platea de la comunidad científica, en que lugar y con cuales objetivos. ¡Los hombres con los sayos amarillos que me raptaron no eran otra cosa que los granujas del barrio disfrazados! ¡Los mismos que nos perseguían a pedradas como si fuésemos mirlos! Seguramente la diabla tiene todo bajo control siguiendo las instrucciones de “La historia del magnetismo”, que como imaginará, ella robó de mi biblioteca.
Es inútil colocar esta anécdota pusilánime y sus protagonistas, bajo el ala del tribunal celeste de la verdad. Dejemos que la verdad, esa harpía de garras de mármol, lubrifique las articulaciones de la varilla canina, que, como usted bien dijo, se nutre con nuestras sencillas palabras.
Según mis últimas mediciones y cálculos, creo que fui engañado una vez mas: la intención de Magdalena no era otra que la de liberarse del sastre y sus continuas vejaciones. Por ello, en acuerdo con el ojo avizor (¡que ingenuo! lo creía derrotado!), preparó toda la escena de la biblioteca para que yo caiga en la trampa y la sustituya en los trabajos domésticos y los juegos obscenos con el viejo. Así como yo represento a Magdalena, ella hace lo mismo representando a Lázaro, quien sabe ante que platea de la comunidad científica, en que lugar y con cuales objetivos. ¡Los hombres con los sayos amarillos que me raptaron no eran otra cosa que los granujas del barrio disfrazados! ¡Los mismos que nos perseguían a pedradas como si fuésemos mirlos! Seguramente la diabla tiene todo bajo control siguiendo las instrucciones de “La historia del magnetismo”, que como imaginará, ella robó de mi biblioteca.
Es inútil colocar esta anécdota pusilánime y sus protagonistas, bajo el ala del tribunal celeste de la verdad. Dejemos que la verdad, esa harpía de garras de mármol, lubrifique las articulaciones de la varilla canina, que, como usted bien dijo, se nutre con nuestras sencillas palabras.
116-Lázaro, amigo caprichoso, nada de lo que dice tiene rigor alguno. Usted me conmueve a la vez que confirma la somnoliencia provocada por la sustancia amarilla que aùn reposa en el tintero. Los pensamientos que lo ocupan actualmente no superan a los que podría gorjear un canario que asiste a su primer curso de canto. Le sugiero intente recordar cuando juntos nos mofábamos del sentido común como el más lego de los sentidos, ese gran hilo que conduce la banalidad hacia los más tristes beneficios…, o cuando en alardes quirúrgicos nos burlábamos de las sentencias. Hoy, en cambio, parece ser usted el lazarillo ciego, el filósofo consentido, el publicista aletargado, o mejor aun la cuchara convexa. Perdóneme, si le digo que su próximo tratado, de empecinarse usted en su conducta, seguramente se titulará: “el hábito hace al monje” y su segundo tomo “al que madruga dios lo ayuda” o su obvia refutación “no por mucho madrugar se amanece más temprano”.
Se que por un tiempo que siempre resultará demasiado largo, usted seguirá dando un valor inusitado a la comprensión, pero es necesario que yo, Gabriel, le proponga una serie de ejercicios que quizás (no me atrevo ya a afirmar nada) logren quitarle esta extraña y nueva manía que ha adquirido.
Lo prefiero, queridísimo Lázaro, cuando sufría sus repentinos ataques de calvicie, e incluso aquella vez que no pudo dejar de hacer tumbas carnero durante dos semanas, en su adorable rotación.
No piense en mí como si se tratase de un pedagogo decimonónico o de la faz oculta de la gimnástica.
El primer ejercicio, aunque resulte evidente, es dejar de mentir.
El segundo, abandonar la vanidad. Le sugiero tome el ejemplo de los búfalos, que aun cuando dejan de serlo cumplen con su destino.
El tercero, (y esto es de un orden práctico e ineludible), escriba una descripción completa de su próximo día, aun en sus detalles más insignificantes, para que pueda seguir estudiándolo.
Se que por un tiempo que siempre resultará demasiado largo, usted seguirá dando un valor inusitado a la comprensión, pero es necesario que yo, Gabriel, le proponga una serie de ejercicios que quizás (no me atrevo ya a afirmar nada) logren quitarle esta extraña y nueva manía que ha adquirido.
Lo prefiero, queridísimo Lázaro, cuando sufría sus repentinos ataques de calvicie, e incluso aquella vez que no pudo dejar de hacer tumbas carnero durante dos semanas, en su adorable rotación.
No piense en mí como si se tratase de un pedagogo decimonónico o de la faz oculta de la gimnástica.
El primer ejercicio, aunque resulte evidente, es dejar de mentir.
El segundo, abandonar la vanidad. Le sugiero tome el ejemplo de los búfalos, que aun cuando dejan de serlo cumplen con su destino.
El tercero, (y esto es de un orden práctico e ineludible), escriba una descripción completa de su próximo día, aun en sus detalles más insignificantes, para que pueda seguir estudiándolo.
117-Querido Gabriel, luego de leer el último mensaje, me siento mucho más próximo a usted. Somos una dorada ameba ventriculada cuando se trata de desenmascarar a un impostor que se hace pasar por uno de nosotros. El grotesco distribuidor de identidades es incapaz de concebir el vínculo de hermandad y magnetismo que nos ha generado.
Desenmascarar a este usurpador no será fácil, las pruebas están sobre la mesa, pero dispuestas de manera desordenada.
Escuche lo que dice ese alguien que se hace pasar por usted: ..” Lo prefiero, queridísimo Lázaro, cuando sufría sus repentinos ataques de calvicie”... Hasta el más distraído de nuestros amigos lectores sabe que era Gabriel el que sufría repentinos ataques de calvicie. Basta andar un poco hacia atrás en nuestro diario de bitácora para confirmarlo.
Escuche esta otra:... “aquella vez que no pudo dejar de hacer tumbas carnero durante dos semanas, en su adorable rotación”...El verdadero Gabriel jamás haría referencia a un fenómeno sin presentar sus causas y las fases de su desarrollo. El impostor las desconoce y solo señala los efectos de su comicidad.
Pero es tal vez esto lo que más lo denuncia: ... “Perdóneme si le digo que su próximo tratado, de empecinarse usted en su conducta, seguramente se titulará: "el hábito hace al monje" y su segundo tomo "al que madruga dios lo ayuda" o su obvia refutación "no por mucho madrugar se amanece más temprano".....El verdadero Gabriel fue siempre un adalid de la meticulosidad y del paso a paso, un archivista gregario, perfeccionista. Somos investigadores, no aventureros ni magos, el impostor dibuja un Gabriel profeta del descontrol, un político de tribuna televisiva que falsea el gran todo recurriendo a frases demagógicas de efecto tanto inmediato como doméstico. Luego, este castor con cuernos, adquiere los hábitos del inquisidor, agita los estandartes de una virtud hecha de leche rancia y plumas de pavo real y más tarde se encierra en un baño para hacer porquerías con la verdad y la mentira.
¡Oh Gabriel, cuantos obstáculos en nuestro camino!¡Lo insignificante nos golpea con su yunque y toda el agua del mar en nuestros corazones se seca! Voces aquí, voces allá, trampas, enigmas y armisticios. Dejemos que canten los intrusos, encadenemos sus trinos con nuestras oraciones. Así y solo así , podremos reabsorbernos en el ojo único del búfalo, para poder comenzar desde el fin.
Desenmascarar a este usurpador no será fácil, las pruebas están sobre la mesa, pero dispuestas de manera desordenada.
Escuche lo que dice ese alguien que se hace pasar por usted: ..” Lo prefiero, queridísimo Lázaro, cuando sufría sus repentinos ataques de calvicie”... Hasta el más distraído de nuestros amigos lectores sabe que era Gabriel el que sufría repentinos ataques de calvicie. Basta andar un poco hacia atrás en nuestro diario de bitácora para confirmarlo.
Escuche esta otra:... “aquella vez que no pudo dejar de hacer tumbas carnero durante dos semanas, en su adorable rotación”...El verdadero Gabriel jamás haría referencia a un fenómeno sin presentar sus causas y las fases de su desarrollo. El impostor las desconoce y solo señala los efectos de su comicidad.
Pero es tal vez esto lo que más lo denuncia: ... “Perdóneme si le digo que su próximo tratado, de empecinarse usted en su conducta, seguramente se titulará: "el hábito hace al monje" y su segundo tomo "al que madruga dios lo ayuda" o su obvia refutación "no por mucho madrugar se amanece más temprano".....El verdadero Gabriel fue siempre un adalid de la meticulosidad y del paso a paso, un archivista gregario, perfeccionista. Somos investigadores, no aventureros ni magos, el impostor dibuja un Gabriel profeta del descontrol, un político de tribuna televisiva que falsea el gran todo recurriendo a frases demagógicas de efecto tanto inmediato como doméstico. Luego, este castor con cuernos, adquiere los hábitos del inquisidor, agita los estandartes de una virtud hecha de leche rancia y plumas de pavo real y más tarde se encierra en un baño para hacer porquerías con la verdad y la mentira.
¡Oh Gabriel, cuantos obstáculos en nuestro camino!¡Lo insignificante nos golpea con su yunque y toda el agua del mar en nuestros corazones se seca! Voces aquí, voces allá, trampas, enigmas y armisticios. Dejemos que canten los intrusos, encadenemos sus trinos con nuestras oraciones. Así y solo así , podremos reabsorbernos en el ojo único del búfalo, para poder comenzar desde el fin.
118-Querido Lázaro: Usted bien sabe que ambos hemos acordado que si nuestras facultades nos abandonaban entregaríamos al otro todo nuestro ser como contribución al avance del pensamiento. No veo una solución más sencilla que esta y por otro lado de una utilidad semejante. Sus construcciones mentales están llegando a un extremo que me preocupa, pero aprovecharé para entregarme por completo a la investigación del fenómeno que lo ha llevado a este punto y ver si puedo volverlo a nuestro lado. Como verá ya son muchos los amigos preocupados por su actual naturaleza. Veo consternado que se niega a comenzar con los ejercicios que le había indicado. Si puede, y se que si se empeña puede lograrlo, debe comenzar por olvidar a Magdalena y lo que ella despertó en usted. He descubierto que desde que le comenté mi descubrimiento para escuchar lo que ocurría en el tintero mediante un vaso usado con ciertas bebidas y no otras, usted ya no ha vuelto a ser el mismo. Primero esa extraña desaparición, luego el episodio de Magdalena y su creencia de que es usted mismo quien vino a visitarme y finalmente su actual estado en que la alarma es el pan de cada día y la duda su hermana melliza. Si de algo le sirve, todas sus argumentaciones caen en el saco de las fruslerías. Usted, los amigos, el universo todo, conocen el episodio del ataque de calvicie y ninguno puede olvidar que estando juntos en una de las islas del trópico investigando la conducta de ciertos simios, al despertar en nuestro nido construido en lo más alto de un árbol, descubrimos que tanto usted como yo habíamos perdido hasta el último de nuestros cabellos y pilosidades, no sólo en nuestras cabezas, sino en todo nuestro cuerpo. Luego concluimos que se trató de un ingeniosísimo ardid de los simios para que sus crías nos reconozcan como extraños a su tribu.
Lázaro, creo saber que la causa de todo esto no es más que algo simple y humano, algo que ha corroído al hombre desde sus orígenes, pero que usted hasta hace poco casto y ajeno a toda sensación de voluptuosidad desconocía. No voy a nombrar la palabra que se le ha dado al estado en que usted se encuentra, pero prométame cumplir con el protocolo bajo el cual ambos hemos firmado nuestro eterno convenio.
Lázaro, creo saber que la causa de todo esto no es más que algo simple y humano, algo que ha corroído al hombre desde sus orígenes, pero que usted hasta hace poco casto y ajeno a toda sensación de voluptuosidad desconocía. No voy a nombrar la palabra que se le ha dado al estado en que usted se encuentra, pero prométame cumplir con el protocolo bajo el cual ambos hemos firmado nuestro eterno convenio.
119-Querido Gabriel, buenas noticias, he descubierto el motivo que nos ha llevado a las últimas incomprensiones generando una falla en el mecanismo general. Lo he descubierto gracias a su especial capacidad de expresar de manera cifrada desde el interior de las condiciones más adversas. Nunca creí que mi amigo Gabriel pudiese denunciar una presunta falla mental en mi, apoyándose en “los amigos preocupados por su actual naturaleza”. Era claro que quería acercarme otro tipo de información a través de un código de emergencia.
¿Pero que es lo que está sucediendo y por qué parecemos atrapados en una comedia de enredos? No es este un clásico caso de usurpación o intercambio de identidades, no participa ningún agente humano invasor, solo se trata de una simple infección o una micosis (dudo de que en esta oportunidad sean ácaros) que afecta a los dos por igual, interponiéndose de manera alternada en los pliegues externos de nuestros discursos. Luego de un atento análisis de la materia fónica puesta en juego, he podido comprobar la presencia de núcleos espasmódicos discontinuos en el interior de las correas madres de transmisión. Basta recurrir al mas elemental de los manuales sobre la infectología para afirmar que en esos núcleos, una pululante fauna microscópica agita sus cuernos y trompetas orgiásticas. Revisando los últimos mensajes, llegaremos a la evidencia clínica de este hecho; curioso, más no fuera de lo normal. Tengamos presente antes de emprender el camino que, a intervalos irregulares, la interposición micótica puede ser apenas perceptible, revelarse en una sola palabra, en una sílaba o en un punto.
Volvamos al episodio del ataque de calvicie, porque es allí donde se manifiesta con mayor eficacia uno de nuestros códigos de emergencia. Por efecto indirecto de los núcleos de infección, Gabriel se ve obligado a declarar que Lázaro padeció repentinos ataques de calvicie. Lázaro, “infectado” a su vez, sostiene que fue Gabriel quién los sufrió. Es aquí cuando el código entra en acción emanciando la materia enferma y liberando la voz auténtica de Gabriel, que restituye la verdad histórica haciendo un meticuloso relato de la experiencia con los simios en las islas del trópico. La violencia y la torpeza verbal, hijas de la infección, dejan su lugar al cálculo y la geometría; el rufianismo y la egolatría, al asombro modesto y la reflexión disciplinada.
Gabriel, los ejercicios (no era el verdadero Lázaro el que se negaba a realizarlos) que ha propuesto, pueden representar la cura definitiva. Sería oportuno que involucremos a los amigos en los mismos, ya que también ellos pueden estar infectados
¿Pero que es lo que está sucediendo y por qué parecemos atrapados en una comedia de enredos? No es este un clásico caso de usurpación o intercambio de identidades, no participa ningún agente humano invasor, solo se trata de una simple infección o una micosis (dudo de que en esta oportunidad sean ácaros) que afecta a los dos por igual, interponiéndose de manera alternada en los pliegues externos de nuestros discursos. Luego de un atento análisis de la materia fónica puesta en juego, he podido comprobar la presencia de núcleos espasmódicos discontinuos en el interior de las correas madres de transmisión. Basta recurrir al mas elemental de los manuales sobre la infectología para afirmar que en esos núcleos, una pululante fauna microscópica agita sus cuernos y trompetas orgiásticas. Revisando los últimos mensajes, llegaremos a la evidencia clínica de este hecho; curioso, más no fuera de lo normal. Tengamos presente antes de emprender el camino que, a intervalos irregulares, la interposición micótica puede ser apenas perceptible, revelarse en una sola palabra, en una sílaba o en un punto.
Volvamos al episodio del ataque de calvicie, porque es allí donde se manifiesta con mayor eficacia uno de nuestros códigos de emergencia. Por efecto indirecto de los núcleos de infección, Gabriel se ve obligado a declarar que Lázaro padeció repentinos ataques de calvicie. Lázaro, “infectado” a su vez, sostiene que fue Gabriel quién los sufrió. Es aquí cuando el código entra en acción emanciando la materia enferma y liberando la voz auténtica de Gabriel, que restituye la verdad histórica haciendo un meticuloso relato de la experiencia con los simios en las islas del trópico. La violencia y la torpeza verbal, hijas de la infección, dejan su lugar al cálculo y la geometría; el rufianismo y la egolatría, al asombro modesto y la reflexión disciplinada.
Gabriel, los ejercicios (no era el verdadero Lázaro el que se negaba a realizarlos) que ha propuesto, pueden representar la cura definitiva. Sería oportuno que involucremos a los amigos en los mismos, ya que también ellos pueden estar infectados
120-Lázaro, amigos y demás: quiero y creo que podemos dar por terminado este episodio. Vuelvo entonces a aquello que tenía abandonado.
Releo la tercer página de La Historia del Magnetismo y su subtítulo: El arte de dormirse fácilmente a pesar del ruido, las preocupaciones o el dolor.
He aquí un escrito verdaderamente valioso y de encanto filosófico a un mismo tiempo. En este apartado se sugiere entre otras prácticas la de colocar un reloj cerca de nuestro oído (vale igual el derecho que el izquierdo) y escuchar atentamente sus tic-tacs, recordando un trozo musical cuyo ritmo se armonice con dicho péndulo. En otra sección se nos exige abismarnos en la contemplación mental de la serie de números comprendidos entre el 1 y el 500, imaginándonos sus formas. Había olvidado por completo cada uno de estos sabios consejos llegando a perder incluso por completo en los últimos días mi capacidad de dormir. Debo confesarles que en las últimas semanas sólo he dormido unas horas, o mejor aun, creo haber creído dormir algunas horas, producto quizás de las alteraciones que el horizonte ha provocado con sus rumias o subproducto de mis invisibles maquinaciones.
El perro negro descansa junto al fuego debido a la terrible nostalgia que ha invadido a su cola que extraña infinitamente el calor de las piras funerarias. El búfalo me mira comprensivamente por la ventana y su perfume animal impregna todo el cuarto. Podría decirle, Lázaro, pues a usted sólo me refiero en este párrafo, que la paz ha retornado y una nueva fuerza me impulsa hacia otros caminos.
Releo la tercer página de La Historia del Magnetismo y su subtítulo: El arte de dormirse fácilmente a pesar del ruido, las preocupaciones o el dolor.
He aquí un escrito verdaderamente valioso y de encanto filosófico a un mismo tiempo. En este apartado se sugiere entre otras prácticas la de colocar un reloj cerca de nuestro oído (vale igual el derecho que el izquierdo) y escuchar atentamente sus tic-tacs, recordando un trozo musical cuyo ritmo se armonice con dicho péndulo. En otra sección se nos exige abismarnos en la contemplación mental de la serie de números comprendidos entre el 1 y el 500, imaginándonos sus formas. Había olvidado por completo cada uno de estos sabios consejos llegando a perder incluso por completo en los últimos días mi capacidad de dormir. Debo confesarles que en las últimas semanas sólo he dormido unas horas, o mejor aun, creo haber creído dormir algunas horas, producto quizás de las alteraciones que el horizonte ha provocado con sus rumias o subproducto de mis invisibles maquinaciones.
El perro negro descansa junto al fuego debido a la terrible nostalgia que ha invadido a su cola que extraña infinitamente el calor de las piras funerarias. El búfalo me mira comprensivamente por la ventana y su perfume animal impregna todo el cuarto. Podría decirle, Lázaro, pues a usted sólo me refiero en este párrafo, que la paz ha retornado y una nueva fuerza me impulsa hacia otros caminos.
121-Gabriel, querido Gabriel, no es la primera vez que sucede y ya conocemos el origen del problema: la asimetría. ¿A que me refiero? Desde que usted no puede dormir yo sufro de narcolepsia. Los amigos más atentos habrán ya entendido el porqué: la ausencia en mi biblioteca del ejemplar de “La historia del Magnetismo”. En este mismo momento estoy sufriendo un ataque. El orden del discurso quedará por lo tanto sujeto a la intensidad del mismo, continuaré escribiendo, utilizando el mínimo de las fuerzas a mi disposición. Es una buena oportunidad para poder evaluar fenomenologías que de otro modo entrarían por la puerta trasera. Los sabios consejos el perfume animal y la luna, caen sobre el dorso del búfalo porque había olvidado que el oído izquierdo y las preocupaciones del dolor, las camas, los barcos subiendo las escaleras,el perro negro podían decirles que el péndulo y la fuerza el ojo que mira por favor Gabriel es necesario su intervención porque Lázaro no puede despertar contemplación mental imaginándonos sus formas pedestales oráculos llamas entre otras prácticas el episodio y la serie de números saliendo de la piscina con quinto molar y la astronave en el jardín o en las formas del desierto seguir durmiendo seguir durmiendo, Lázaro despierta muere el ácaro vaga entre simios y alces vuela y no puede aun saberlo con exactitud despierta Lázaro Gabriel invadido sube la luna funeraria hasta la cola del perro y los astros ausentes nuevos caminos que duermen con Lázaro no puedo saberlo no puedo saberlo no puedo despertar.
122-Amigos: hemos llegado a un punto en el cual debemos actuar con la mayor de las urgencias y la menor de las vulgaridades. Ustedes sabrán, que no es una de mis características principales la especulación ni la delicadeza. Hay momentos en la vida de un hombre en los cuales todo debe poder tirarse por la borda sin remordimiento de ningún tipo. Les contaré hoy una historia que no se muy bien como nos ayudará a despertar a Lázaro.
Hace muy pocos días y extrañamente muchas más noches, pude observar a dos conejos en la pradera. Uno de ellos, dotado de unas orejas enormes, miraba fijamente a otro cuya nariz anticipaba ciertas malas costumbres. El búfalo, el perro negro, el manto blanco y Magdalena los observaban mientras tomaban diversas notas en sus pequeñas agendas naranja. Todo preanunciaba una gran batalla, pero los dos conejos en realidad ni siquiera podían mirarse. Uno por la sombra que proyectaban sus orejas puntiagudas, el otro por estar oliendo cada una de las hierbas inocentes que a él le parecían peligrosas. El de las orejas saltó como pudo a un vacío mullido y rosado; el de la nariz gigantesca haciendo caso omiso de todo continuó con su tarea. No se porque los cuatro observadores titularon el episodio en sus agendas del mismo modo: “La guerra de los conejos”. Yo creo que este episodio es un ejemplo de cómo las cosas suelen desencadenarse día tras día, mientras su carácter inocente desnuda lo inevitable. Prefiero volver a correr desnudo, tal como lo hago cada mañana, mientras escucho el rugir de ciertas fieras. Veo que una pelota azul choca con otra en su caída mientras me digo que el frío es como el clavel del aire que desde hace siglos vive en mi cuello a modo de bufanda. Para vivir me necesita, pero para que él corra, yo debo hacerlo primero.
Hace muy pocos días y extrañamente muchas más noches, pude observar a dos conejos en la pradera. Uno de ellos, dotado de unas orejas enormes, miraba fijamente a otro cuya nariz anticipaba ciertas malas costumbres. El búfalo, el perro negro, el manto blanco y Magdalena los observaban mientras tomaban diversas notas en sus pequeñas agendas naranja. Todo preanunciaba una gran batalla, pero los dos conejos en realidad ni siquiera podían mirarse. Uno por la sombra que proyectaban sus orejas puntiagudas, el otro por estar oliendo cada una de las hierbas inocentes que a él le parecían peligrosas. El de las orejas saltó como pudo a un vacío mullido y rosado; el de la nariz gigantesca haciendo caso omiso de todo continuó con su tarea. No se porque los cuatro observadores titularon el episodio en sus agendas del mismo modo: “La guerra de los conejos”. Yo creo que este episodio es un ejemplo de cómo las cosas suelen desencadenarse día tras día, mientras su carácter inocente desnuda lo inevitable. Prefiero volver a correr desnudo, tal como lo hago cada mañana, mientras escucho el rugir de ciertas fieras. Veo que una pelota azul choca con otra en su caída mientras me digo que el frío es como el clavel del aire que desde hace siglos vive en mi cuello a modo de bufanda. Para vivir me necesita, pero para que él corra, yo debo hacerlo primero.
123-Estimado Gabriel, antes que nada, tengo que agradecer a los amigos y no solo a usted, por la ayuda que me están brindando en éste momento difícil. No obstante que el mal del dormir aun me afecta (en este momento creo estar despierto), de gran utilidad me están resultando los consejos del señor Raúl Santangelo, el fervor de los amigos y la historia de los conejos.
Intentaré seguir en los momentos presentes y los que se succederà, el ejercicio por usted propuesto.
Como primer paso tengo que poner bajo meticulosa cura, cada palabra de lo que los cuatro observadores llamaron “la guerra de los conejos”, aquello que la ciencia llamaría más bien “dos conejos que ni siquiera pueden mirarse”. El efecto cromático del entero paisaje,(noche, pradera, perro negro, manto blanco, vacío mullido y rosado, pelota azul, agendas naranja) despeja cada una de las hipótesis sobre una presunta batalla. Ningún rastro de muñecos de leche ni de tormentas de santos y gusanos. La pregunta que surge con espontaneidad es la siguiente: ¿Cuál era la distancia entre los dos conejos cuando usted los observaba? ¿Y cual era la distancia entre ellos y las agendas naranja? ¿En qué lugar de esta geometría se encuentra Lázaro dormido? ¿Lo sabe tal vez usted, señor Raúl Santangelo? Lázaro duerme, álzate Lázaro, me estoy durmiendo, duermen a Lázaro, Gabriel desnudo corre los conejos ríe el ángel cantor duerme Lázaro canta sin la cruz nunca estuvo tan lejos duerme el lobo ártico con sus blancos cachorros la tundra y la sombra de Lot duerme el verano sobre los tejados la sombra que avanza vestida de sal secando a los ahogados duerme Lázaro Gabriel anuncia el rayo de la viril cornamenta los pordioseros hundidos en la tumba incierta lavados con naipes y grifos creyentes como gallos de fuego y pueblos más cercanos estoy durmiendo duerme Lázaro sobre la tumba abierta Gabriel bebe su mortaja cegados en el alba orando bardo en el lecho despierta Lázaro despierta.....
Intentaré seguir en los momentos presentes y los que se succederà, el ejercicio por usted propuesto.
Como primer paso tengo que poner bajo meticulosa cura, cada palabra de lo que los cuatro observadores llamaron “la guerra de los conejos”, aquello que la ciencia llamaría más bien “dos conejos que ni siquiera pueden mirarse”. El efecto cromático del entero paisaje,(noche, pradera, perro negro, manto blanco, vacío mullido y rosado, pelota azul, agendas naranja) despeja cada una de las hipótesis sobre una presunta batalla. Ningún rastro de muñecos de leche ni de tormentas de santos y gusanos. La pregunta que surge con espontaneidad es la siguiente: ¿Cuál era la distancia entre los dos conejos cuando usted los observaba? ¿Y cual era la distancia entre ellos y las agendas naranja? ¿En qué lugar de esta geometría se encuentra Lázaro dormido? ¿Lo sabe tal vez usted, señor Raúl Santangelo? Lázaro duerme, álzate Lázaro, me estoy durmiendo, duermen a Lázaro, Gabriel desnudo corre los conejos ríe el ángel cantor duerme Lázaro canta sin la cruz nunca estuvo tan lejos duerme el lobo ártico con sus blancos cachorros la tundra y la sombra de Lot duerme el verano sobre los tejados la sombra que avanza vestida de sal secando a los ahogados duerme Lázaro Gabriel anuncia el rayo de la viril cornamenta los pordioseros hundidos en la tumba incierta lavados con naipes y grifos creyentes como gallos de fuego y pueblos más cercanos estoy durmiendo duerme Lázaro sobre la tumba abierta Gabriel bebe su mortaja cegados en el alba orando bardo en el lecho despierta Lázaro despierta.....
124-Lázaro que duermes: El búfalo fue quien dispuso a los conejos en escena, pero contrariamente a lo esperado no había ninguna distancia entre ellos. Sí la había, entre la agenda naranja sobre la cual escribía el perro negro, así como también entre éste y su cola que una vez más había decidido tomarse un descanso de su dueño. ¡Que no decir de los grifos y los gallos de fuego y cómo no recordar a Constancia, la niña de las trenzas y la piscina del hospital psiquiátrico!¡Cómo olvidar a Quarentino y Sverkov, constituidos en héroes de una historia singular! ¿Cree acaso que puedo olvidar siquiera un detalle? Sé que la niña se quitó la vida, pero en un solo pensamiento que quedó escrito en otra agenda naranja, nos legó toda su historia. El encomillado rojo, las abuelas y sus movimientos paralelos, incluso Osvaldo Aguirre, bamboleante a pesar suyo y el oficial que se alisa el cabello. También pasó por el campo de batalla el de la chalupa y Lobito. Todos y cada uno fueron tomando el lugar indicado en el momento preciso. Luego fui yo quien cayó dormido quizás como consecuencia del gran esfuerzo realizado durante las últimas semanas.
125-Querido Gabriel, el gallo de fuego en su amanecer glorioso, anuncia que otra de nuestras peripecìas ha llegado a su fìn: estoy levantando la tapa de mi ataùd, la narcolepsia se ha retirado, abandonando a la fatalidàd ebria en la arena.“Algunos” dicen que la han visto màs tarde en un albergue en companìa de la fantasmagorìa y la distracciòn, pero esto no es ya un asunto nuestro.Puedo constatar con inmenso placer, que los dos conejos dispuestos por el bùfalo estàn adquiriedo un rol relevante en el desenlace de los acantecimientos. Ellos fueron la medicina que me liberò de la narcolepsìa y ellos han recuperado a los viejos personajes de nuestras investigaciones. Quizàs, hemos encontrado al fin, la llave maestra que reactiva a los grandes eyectores. El fuego no se eleva ya con sus condenados, solo vemos excrementos de pàjaros marinos, no es tiempo de preguntas ni de corazònes locos, el rumor planetario puede bien hacer de telòn de fondo, nada disturbarà la nueva proyectaciòn. Permitame Gabriel, solo por esta vez, volver sobre el episodio ya cerrado, lo hago unicamente por el deber de la crònica. Al despertar de mi ùltimo ataque de narcolepsìa,pude comprobar que habìa recuperado mis anteriores semblanzas: ya no soy màs Lazaro en el cuerpo de Magdalena.. En horas de la tarde del dìa de ayer, he recibido la visita de Magdalena y el sastre. Ellos no han hecho ningùn comentario sobre todo lo sucedido, es màs creo que lo han olvidado todo! Subsiste un ùnico problema, Magdalena contiene en el interior de sus visceras un embriòn de animal humano, fruto de una relaciòn sensual que ella, niega de haber cometido.
126-Querido Lázaro: he intentado hoy una vez más el artificio del vaso para escuchar a los seres diminutos, pero en lugar de aplicarlo sobre el tintero lo he hecho sobre el ejemplar de “La Historia del Magnetismo”. Intentaré transcribir lo más ajustadamente lo que allí estaba sucediendo.
“…es verdad, si yo lo digo tres veces…, conocí a uno famoso por la cantidad de cosas que podía recordar…”
“...nunca había visto al búfalo en una situación semejante… su sorpresa resultó inevitable ante un hombre tan curioso, pero la disposición de los conejos responde a un sistema que nadie más que él puede conocer…”
Luego de estos primeros acordes que componían una canción para mí desconocida, debo reconocer que tuve que cambiar mi posición dada la incomodidad que me provocaba mantener el vaso sobre el libro sin haberlo quitado primero de la biblioteca. Decidido a tomar al toro por las astas, o mejor aun al libro con mis manos, quité el ejemplar del estante y lo puse sobre mi escritorio. Apliqué el vaso sobre el mismo, sabiendo había perdido un tiempo irrecuperable, pero por vez primera en mi vida pude atemperar mi ansiedad trocándola en suavidad, olvidando por completo mi nombre, gimnasia ineludible para llegar al más perfecto y postergable acto de amor. Quizás todo esto le resulte irrelevante teniendo en cuenta la situación de Magdalena, pero siga por un momento el curso de mi relato.
“…Ha llegado, no sabemos bien como, la mayor de las sorpresas. Hemos envejecido. Para bien o para mal los años empiezan a contarse al revés y la sustracción nos invade. Si de algo sirven las operaciones matemáticas es por su don de anticipar la nada. Vuelvo entonces al universo diminuto. ¿Lo han descubierto? En mis viajes suelo confundir la lluvia con el agua que quita el viento al mar y me dejo llevar abriéndome paso entre las rocas que aparecen aquí y allá, a lo largo del estrecho sendero que baja hasta el pueblo.
Pero hoy llueve. Hace mucho tiempo, los árboles visten de verde y las palabras son nuevas…”
No sé bien quién es el que habla en este momento, amigo Lázaro, pero debo continuar escuchando. He descubierto que a medida que pasan los minutos la efectividad del artificio va disminuyendo, lo que me ha obligado a combinar bebidas según la fórmula descubierta, beber un trago tras otro para poder seguir el relato. Pero esto tiene por resultado un entorpecimiento evidente de mis facultades… Ahora tengo frente a mí una fila interminable de vasos vacíos… he puesto varios de ellos sobre “La Historia del Magnetismo” y es ahora un coro de voces quienes me hablan… Una sinfonía, la sordera de Beethoven hace música de este instante, el perro negro ha comenzado por primera vez a escribir sus memorias … Debo detenerme por un instante para recobrar fuerzas…abrigo afectos probablemente simulados… veo ahora un gran mapa, todo océano, desprovisto de tierra… debo detenerme…
“…es verdad, si yo lo digo tres veces…, conocí a uno famoso por la cantidad de cosas que podía recordar…”
“...nunca había visto al búfalo en una situación semejante… su sorpresa resultó inevitable ante un hombre tan curioso, pero la disposición de los conejos responde a un sistema que nadie más que él puede conocer…”
Luego de estos primeros acordes que componían una canción para mí desconocida, debo reconocer que tuve que cambiar mi posición dada la incomodidad que me provocaba mantener el vaso sobre el libro sin haberlo quitado primero de la biblioteca. Decidido a tomar al toro por las astas, o mejor aun al libro con mis manos, quité el ejemplar del estante y lo puse sobre mi escritorio. Apliqué el vaso sobre el mismo, sabiendo había perdido un tiempo irrecuperable, pero por vez primera en mi vida pude atemperar mi ansiedad trocándola en suavidad, olvidando por completo mi nombre, gimnasia ineludible para llegar al más perfecto y postergable acto de amor. Quizás todo esto le resulte irrelevante teniendo en cuenta la situación de Magdalena, pero siga por un momento el curso de mi relato.
“…Ha llegado, no sabemos bien como, la mayor de las sorpresas. Hemos envejecido. Para bien o para mal los años empiezan a contarse al revés y la sustracción nos invade. Si de algo sirven las operaciones matemáticas es por su don de anticipar la nada. Vuelvo entonces al universo diminuto. ¿Lo han descubierto? En mis viajes suelo confundir la lluvia con el agua que quita el viento al mar y me dejo llevar abriéndome paso entre las rocas que aparecen aquí y allá, a lo largo del estrecho sendero que baja hasta el pueblo.
Pero hoy llueve. Hace mucho tiempo, los árboles visten de verde y las palabras son nuevas…”
No sé bien quién es el que habla en este momento, amigo Lázaro, pero debo continuar escuchando. He descubierto que a medida que pasan los minutos la efectividad del artificio va disminuyendo, lo que me ha obligado a combinar bebidas según la fórmula descubierta, beber un trago tras otro para poder seguir el relato. Pero esto tiene por resultado un entorpecimiento evidente de mis facultades… Ahora tengo frente a mí una fila interminable de vasos vacíos… he puesto varios de ellos sobre “La Historia del Magnetismo” y es ahora un coro de voces quienes me hablan… Una sinfonía, la sordera de Beethoven hace música de este instante, el perro negro ha comenzado por primera vez a escribir sus memorias … Debo detenerme por un instante para recobrar fuerzas…abrigo afectos probablemente simulados… veo ahora un gran mapa, todo océano, desprovisto de tierra… debo detenerme…
127-Querido Gabriel, su abnegada vocación merece el aplauso de todos. Espero estar a la altura de los nuevos experimentos que usted está llevando a cabo. Como primera medida de precaución, a fin de evitar los efectos colaterales derivados de las fallas en el paralelismo, estoy elaborando un complejo ingenio de tuberías para poder captar las voces. Un observador distraído podría pensar que se trata de la obra de un plomero loco. No es así, la intrincada red de tubos y poleas tiene sus terminales bien soldadas y el entero dispositivo responde a una lógica precisa. En el centro de la sala he colocado un magneto rectangular de gran dimensión. Entorno a él, dieciséis tinteros vacíos iluminados con otras tantas lámparas de sodio. Todo el resto de la habitación fue recubierto con excrementos de aves de corral y viejas fotografías de los personajes de nuestra epopeya. Como imaginará, con semejante miasma fertilizante, el concierto de voces no tardará en germinar, haciendo accionar, por pura presión expansiva, un aparato decodificador instalado en el espacio de la biblioteca que dejó vacío el ejemplar de “La historia del magnetismo”. Durante la espera, para evitar distracciones o fantasías sensuales, memorizo manuales de instrucciones de electrodomésticos y folletos de indicaciones turísticas.
Una vez ligados todos las terminales (ya verá un tubo viscoso irrumpir en su biblioteca) el artificio estarà completo.
Una vez ligados todos las terminales (ya verá un tubo viscoso irrumpir en su biblioteca) el artificio estarà completo.
128-No puedo detenerme, amigo Lázaro. Hace frío aquí. Un hilo de luz apenas comienza a filtrarse por mi ventana. No es otra cosa que la continua sucesión de los días y las noches. Los vasos gritan una polifonía que el perro negro transcribe a la misma velocidad que los terrores me invaden. ¿Ya no habrá lugar para el silencio?
Debo detenerme, pero no puedo hacerlo. Disponer objetos iguales superpuestos parcialmente unos sobre otros, tomando la disposición de las escamas en los peces, pensar en el papel engomado que una vez atrapó una vieja fotografía, mirar alternadamente a los conejos y al búfalo, esperar la llegada del tubo que su ingenio ha creado. Nada de todo esto parece importante, debo detener de algún modo las voces pero no tengo la fuerza suficiente para quitar los vasos… Al menos la extraordinaria proeza del perro negro nos dejará cientos de páginas con el testimonio directo de quienes hablan en el libro. Creo reconocer la voz de Magdalena, la del sargento Amarilla, la del de la melena de melaza y también veo surgir, ronca como siempre, la voz del planeta de los sombreros. En cuanto esto termine, ya sea por obra de la naturaleza o por la recuperación completa de mis sentidos, le enviaré una copia de las transcripciones realizadas por el oscuro animal.
Debo detenerme, pero no puedo hacerlo. Disponer objetos iguales superpuestos parcialmente unos sobre otros, tomando la disposición de las escamas en los peces, pensar en el papel engomado que una vez atrapó una vieja fotografía, mirar alternadamente a los conejos y al búfalo, esperar la llegada del tubo que su ingenio ha creado. Nada de todo esto parece importante, debo detener de algún modo las voces pero no tengo la fuerza suficiente para quitar los vasos… Al menos la extraordinaria proeza del perro negro nos dejará cientos de páginas con el testimonio directo de quienes hablan en el libro. Creo reconocer la voz de Magdalena, la del sargento Amarilla, la del de la melena de melaza y también veo surgir, ronca como siempre, la voz del planeta de los sombreros. En cuanto esto termine, ya sea por obra de la naturaleza o por la recuperación completa de mis sentidos, le enviaré una copia de las transcripciones realizadas por el oscuro animal.
129-Querido Gabriel, no caiga en el desaliento, usted está recorriendo la dirección justa, según mi modesto parecer, amigo mío, sus sentidos llegarán a la recuperación completa con una adecuada combinación de minerales y algunos ejercicios básicos de aritmética clásica. Es todo más que lógico: las impresiones ópticas engañan, las acústicas no.
Que no se confundan los profetas del bostezo, el artificio de las voces, (que está ya casi terminado), no pretende encasillar en un burdo esquema un acontecimiento, en apariencia pavoroso.
Es evidente que un complejo sistema de filtros puede hacer que lo misterioso se pasee tranquilamente por lo cotidiano. Pero es también evidente, que las fuerzas naturales, ignorantes de su propia fricción, llevarán al máximo escaldamiento a la entera red de tubos. No nos preocupemos, he elaborado un líquido refrigerante capaz de evitar el colapso termodinámico. Las voces no nos avasallarán, “la extraordinaria proeza del perro” será de gran ayuda, ese fiel animal, en apariencia glotón y lunático, aporta siempre los datos justos en el momento justo. Su descubrimiento Gabriel, es el resultado de una intención investigativa incondicionada, lejana a toda forma de dependencia histórica y cultural.
El trabajo de descodificación será arduo, mándeme cuanto antes la copia de las transcripciones.
Que no se confundan los profetas del bostezo, el artificio de las voces, (que está ya casi terminado), no pretende encasillar en un burdo esquema un acontecimiento, en apariencia pavoroso.
Es evidente que un complejo sistema de filtros puede hacer que lo misterioso se pasee tranquilamente por lo cotidiano. Pero es también evidente, que las fuerzas naturales, ignorantes de su propia fricción, llevarán al máximo escaldamiento a la entera red de tubos. No nos preocupemos, he elaborado un líquido refrigerante capaz de evitar el colapso termodinámico. Las voces no nos avasallarán, “la extraordinaria proeza del perro” será de gran ayuda, ese fiel animal, en apariencia glotón y lunático, aporta siempre los datos justos en el momento justo. Su descubrimiento Gabriel, es el resultado de una intención investigativa incondicionada, lejana a toda forma de dependencia histórica y cultural.
El trabajo de descodificación será arduo, mándeme cuanto antes la copia de las transcripciones.
130-Querido Lázaro: la naturaleza suele obrar discretamente y con el correr de las horas las voces se han ido desvaneciendo. No se si volveré a repetir este experimento y le sugiero que abandone por un tiempo los suyos con las tuberías. Es momento de volver a cierta calma y habitar nuestros nombres, así como el búfalo habita su nueva morada, así como uno de los dos conejos es rescatado por la pareja de niños, así como ciertos aromas anulan el paso de las horas en las mañanas. En mi estudio ya no hay noches, querido Lázaro, ahora el día y el silencio reinan en modo absoluto. Esto trae consigo varios inconvenientes, pues para comunicarme con el perro negro, con el búfalo y con el resto de mis asistentes (¿no le he contado que ahora cuento con varios asistentes?) debo escribir en una pizarra. Por más que me desgañite gritando ni el más pequeño de los sonidos sale de mi boca. La luz del sol, en cambio, me provoca una alegría infinita. Ahora que releo mi pequeña esquela veo con claridad que el silencio actual no es más que una compensación que me exige el mundo natural por las voces que forzaron mis artificios. Como verá, querido Lázaro, hasta los hechos más extraños pueden verse resueltos con una sencilla mirada. Me sentaré entonces a esperar que todo vuelva a comenzar una vez más.
131-Querido Gabriel, el llamado de lo existente, atravesando ignotos pensamientos, ha lavado los paisajes desiguales. Las sensualidades de lo astronómico, beben las diatribas de un pasado hecho de resultados. Gabriel, en su estudio las voces se han desvanecido, no puedo decir que haya sucedido lo mismo en el mío, sino su contrario: las voces se reproducen aun en léxicos infinitos, fenómeno ante el cual, intento manifestar un total desinterés. Pero amigo, amigos, aquí no hay días, ni soles, ni noches. Solo un inmenso desastre de tubos, excrementos, poleas, imanes. Esto es lo que queda del experimento: mis piernas se hunden en la melma pestífera, y el cuerpo que las comandaba ha quedado encerrado en un enjambre de tubos. Era de esperar que algunas especies de animales desconocidos tomasen albergue en los cajones de mi escritorio, y también, para hacer del cuadro una farsa completa, que el líquido refrigerante, furioso por no cumplir ya una función, haya fermentado los excrementos, generando una presión, que hace de la vida un hecho insoportable. Como verá, en este empaste no queda mucho espacio para las ornamentaciones del espíritu. Bien me vendría la colaboración de sus nuevos y astutos asistentes para poner un poco de orden en el marasmo. Tampoco nada mal me vendría volver al doméstico reino de los nombres y a la sensualidad de sus cortesanas: “la sencilla mirada”, “la calma”, y “la alegría infinita”. No con injurias de marinero, ni con veladas esfumaturas, volveré, querido Gabriel, a controlar la simpatía entre los objetos. Deshacer lo hecho, desnudarse ante las matrices en celo, generar martillos. El comienzo devora al tedio y sus protagonistas.
132-Lázaro querido: no se si han llegado o no las copias a su estudio, pero haciendo un análisis de la situación en la que se encuentra, puedo prever que han caído en las garras de esos nuevos animales que se desplazan entre los tubos. No se preocupe, mis asistentes ya están haciendo su trabajo. Ahora debo dedicarme por completo a nuevas tareas de pensamiento. Creo que esta es la mejor respuesta a tantos inconvenientes que han surgido a lo largo de los últimos meses, pero a sabiendas, será una respuesta equivocada. Y partiendo de esta equivocación creo que es muy importante para su supervivencia que tome algunas imágenes de estos animales desconocidos, registre sus medidas, me cuente sus costumbres y haga el intento de mimetizarse con ellos. Por mi parte intentaré recrear el ecosistema del que usted ahora es parte.
133-Gabriel, arbolado Gabriel, otra vez los acontecimientos han anticipado la severidad de los vigías, las escamas que recubren mi cuerpo son el signo de una terrible mutación y no el de una acción voluntaria de mimetismo. Muchos de nuestros amigos cerrarían los ojos ante semejante fenómeno, no así sus asistentes, que en este momento están extrayendo tejidos de la cresta de gallo que ocupa el lugar de mi cabellera.
Antes de expresar juicios apresurados, le aseguro que los animales de los
tubos son absolutamente inofensivos, siguen rutinas elementales y he verificado que no practican ejercicios sensuales de apareamiento. Por el momento no parecen reconocerme como uno de su especie. El destino de las copias que me ha enviado no puede ser otro que el de sus aparatos digestivos, ya que devoran todo lo que circula por el interior de la tubería. En estos elementales animales basureros reside el motivo de la desaparición de las voces.
Con la ayuda de los asistentes , una vez que usted haya recreado el ecosistema, la plataforma investigativa será mucho más clara..
Antes de expresar juicios apresurados, le aseguro que los animales de los
tubos son absolutamente inofensivos, siguen rutinas elementales y he verificado que no practican ejercicios sensuales de apareamiento. Por el momento no parecen reconocerme como uno de su especie. El destino de las copias que me ha enviado no puede ser otro que el de sus aparatos digestivos, ya que devoran todo lo que circula por el interior de la tubería. En estos elementales animales basureros reside el motivo de la desaparición de las voces.
Con la ayuda de los asistentes , una vez que usted haya recreado el ecosistema, la plataforma investigativa será mucho más clara..
134-Querido Lázaro: he reproducido con éxito el ecosistema, pero como todos sabemos, el éxito trae consigo grandes inconvenientes. He perdido momentáneamente todo interés por las investigaciones en curso y me he puesto a jugar con el sinfín de animales que me acompañan. Se trata de juegos sencillos, como podrá adivinar. Si bien son seres elementales, puedo asegurarle que me están brindando las más grandes de las alegrías. He descubierto que el búfalo necesita una pradera amplia en la cual desarrollar sus rumias y supongo que una vez concretado el traslado dejará de prestarme atención, al igual que los dos conejos. No es que no me preocupen las modificaciones estructurales que ha sufrido su cuerpo, simplemente estoy acostumbrándome a ellas, y le confieso que de algún modo su cresta de gallo es motivo de la más profunda de mis admiraciones. A mi aún no me ha crecido y espero ansioso su llegada. No comprendo el motivo que lo lleva a usted a querer deshacerse de ella. No puedo continuar, ¡mis nuevas mascotas me reclaman!¡Haremos una ronda alrededor de la vieja biblioteca!
135-Gabriel, edulcorado Gabriel, la aparente alegría alegórica de los animales basureros, enmascara una escena que en el horror tiene sus raíces. Lo sabemos, es un expediente habitual de nuestros experimentos. Aquello que convoca todas las catástrofes se revela como surgente de bienestar, la materia corrosiva pasa como agua cantarina, el pantano infernal se transforma en el jardín de las delicias. En palabras pobres, un tipo simple de ecuaciones que comienzan a preocuparme: se hace necesario un nuevo protocolo metodológico para evitar las recaídas en el confuso empíreo de la sensualidad.
No es de la cresta de gallo que intento deshacerme, (en ella conviven la presunción y la gloria de las estirpes), más bien de las escamas y los innumerables muñones que avanzan a ritmo incontenible mortificando mis terminales nerviosas. Por otra parte, ya me agotan estas continuas metamorfosis, la pura geometría y la pura óptica no bastan a la autentica evolución de la realidad y a las energías que la sostienen. El carnaval que en este momento lo distrae es el fruto de la glotonería de los basureros, un efecto fugaz que desaparecerá cuando el apetito voraz de los animales retorne al reino de las tuberías. Espero con ansia que usted recupere el interés por la investigación.
No es de la cresta de gallo que intento deshacerme, (en ella conviven la presunción y la gloria de las estirpes), más bien de las escamas y los innumerables muñones que avanzan a ritmo incontenible mortificando mis terminales nerviosas. Por otra parte, ya me agotan estas continuas metamorfosis, la pura geometría y la pura óptica no bastan a la autentica evolución de la realidad y a las energías que la sostienen. El carnaval que en este momento lo distrae es el fruto de la glotonería de los basureros, un efecto fugaz que desaparecerá cuando el apetito voraz de los animales retorne al reino de las tuberías. Espero con ansia que usted recupere el interés por la investigación.
136-Querido Lázaro: luzco una gran cresta roja. Me acuesto sobre ella y la utilizo como almohada. He hallado la mejor utilidad a la simetría y he logrado finalmente conciliar el sueño con el descanso. Vivo en el mejor de los inviernos. No hay nada ni nadie que ahora me desvíen de mi camino. Bajo por el sendero que me conduce hasta el pueblo. Entre rocas y señales, pierdo una vez más el sentido de la orientación. Igualmente camino, camino. Primer parada. Debo peinar mi nueva cabellera. Agito de un lado a otro mi cuello y lanzo algo que parecen graznidos. No se bien si soy cresta u hombre. Decido ser cresta. Ahora, querido Lázaro, mis percepciones son las que ella me dicta. Quiero una conversión completa, con plumas cubriendo mi cuerpo. Alas atrofiadas, veleidades de gallo, ser dueño de mi mismo. Pero no. Estoy en la primer parada. Y sólo luzco una cresta producto de experimentos paralelos. Sigo caminando. Ya no hay rocas al costado del camino. Veo al pequeño poblado acercarse al tiempo que camino. Caminar, gran cosa. Pienso que es lo único que queda por hacer. Caminar y caminar. Segunda parada. Un escarabajo me mira de arriba abajo pero veo el desdén en sus ojos. Aprendo de él. ¡Oh escarabajo sabio! Ajusto mi cresta al viento que vuelve sobre mí confundiendo la lluvia que quita el viento al mar con las lágrimas que me inundan. Tercer parada. Tengo que detenerme por dos motivos. Secar mis ojos y poner mi cresta a un lado para no humedecerla. Mi llegada al pueblo es inminente. Le prometo Lázaro, que una vez en él, comenzaré un nuevo experimento que conmoverá hasta las más profundas raíces al género humano. Déme sólo unos segundos. Llego, llegué…
137-Querido Gabriel “Cresta”, estoy siguiendo paso a paso los caminos de su gesta, intentando reproducirla hasta en los mínimos detalles. Pero aquí, el paisaje presenta notables diferencias con respecto al suyo; esperemos que ello no comprometa el éxito del experimento. No se porque, pero no tengo que llegar a un pueblo. Mi destino es una piscina en el interior de un hospicio de insanos, y llevo en el bolsillo de mi chaqueta una carta para un tal “Sverkov”. Aquí no es invierno, un calor radioactivo desvanece los sentidos en riasau rotatorias para después abandonarlos en nubes purpúreas. Nunca viví nada igual, intuyo que estoy comprometido en algún secreto militar, una explosión nuclear o algo así. Intentaré reproducir ahora cada una de las paradas.
Primera parada. Luzco la cresta de gallo con hidalguía, emito para complacerme, graznidos victoriosos. No camino, monto un brioso corcel que desdeña mis distracciones. Me dirijo hacia el hospicio de los insanos, atravieso landas prodigiosas a todo galope.
Segunda parada. Un escarabajo me mira de arriba a abajo y me dice: “escucha los consejos de Eleazar, en la bóveda salada solo encontrarás oscuridad para tus ojos”. Reconozco su sabiduría y aprendo de él, pero lo olvido todo rápidamente.
Tercera parada. Tengo que detenerme por dos motivos. Para eliminar de mis ojos los espectros infantiles y para erguir mi cresta hacia los cielos infinitos, sin humedecerla. Mi llegada a la piscina es inminente. Me detengo en una posada para recuperar energías, no encuentro en ella ninguna señal de presencia humana.. No me preocupa, pienso en usted, en Magdalena, el sastre, el perro negro. Por el momento me basta.
Primera parada. Luzco la cresta de gallo con hidalguía, emito para complacerme, graznidos victoriosos. No camino, monto un brioso corcel que desdeña mis distracciones. Me dirijo hacia el hospicio de los insanos, atravieso landas prodigiosas a todo galope.
Segunda parada. Un escarabajo me mira de arriba a abajo y me dice: “escucha los consejos de Eleazar, en la bóveda salada solo encontrarás oscuridad para tus ojos”. Reconozco su sabiduría y aprendo de él, pero lo olvido todo rápidamente.
Tercera parada. Tengo que detenerme por dos motivos. Para eliminar de mis ojos los espectros infantiles y para erguir mi cresta hacia los cielos infinitos, sin humedecerla. Mi llegada a la piscina es inminente. Me detengo en una posada para recuperar energías, no encuentro en ella ninguna señal de presencia humana.. No me preocupa, pienso en usted, en Magdalena, el sastre, el perro negro. Por el momento me basta.
138-Querido Lázaro: ¡Me encuentro ya en el pueblo! He sido testigo de una cruenta batalla de unos contra otros, de un fin inesperado de la misma y de la llegada finalmente a la pradera belicosa del búfalo, cubierto de cintas verdes y con un anillo en cada oreja. ¿Qué significa esto? ¿Qué debo hacer a partir de ahora? Veo pasar a cada uno de los que fueron nombrados en nuestros informes: al tintero vacío, al perro negro, a las dos pelotas azules, una vez más al búfalo (pero ahora tembloroso y con espejuelos oscuros montados sobre su hocico), al de la melena de melaza, a Quinto Molar recostado sobre Lobito, a un grupo de los animales desconocidos que ahora me resultan mucho más desconocidos que nunca por lo que decido ponerle un nombre a cada uno, a Magdalena y a su tío, al que fue Lázaro en algún momento, a los gemidos del aire, a la cuchara convexa, al gesto aburrido de los dos conejos que ahora caminan tomados de sus orejas, al cordel que sujeta la tijera, a las niñas de la montaña, a las piras funerarias que para poder marchar a tiempo con el grupo van insuflándose oxígeno unas a otras dando por resultado un enorme fuego eterno… en fin, a cada una de las criaturas que tan bien nos han acompañado hasta el día de hoy. Le pregunto a usted, Lázaro y porqué no al Gran Todo, si esto es un desfile de bienvenida o la gran despedida de una aventura que aun presagia grandes sucesos… Creo que en esta última pregunta está encerrada la clave de mi nuevo experimento, o mejor aun es el experimento que aun no me he atrevido a confesar que he iniciado, algo que en voz baja por aquí llamamos experimento del fin.
139-Gabriel, o como se llame, luego de una noche de insòmnio en una posada vacia, la conciencia de su amigo Lazaro ha quedado encastrada en la tuberìa. El que le escribe,en el fragor de una terrible batalla, es solo su cuerpo, el cuerpo de Lazaro, la materia cruel que no reconoce ningùna vigilancia interna. Hecho de ganglios dorados y furores indomitos, voy destruyendolo todo con mi garrote. No me interesa ningùn experimento, devo entregar una carta a un tal Sverkov, esta es mi ùnica misiòn. Desconòsco las fuerzas que me impulsan o si alguien me govierna. No me interesa saber nada sobre ello. Me alimento con el horror de mis vìctimas y las maldiciones de sus familias. La devastaciòn es mi compañera, el terror futuro mi faro. La vejaciòn y el abomìnio, sus primas hermanas. Usted Gabriel, es de mi especie solo por poseer una cresta. Una cresta! Escuchad! Nos reencontraremos en el campo de la masacre, levantando victoriosos las cabezas cortadas de aquellos que se han cruzado por nuestro camino!. Seremos de aquì en màs “los hermanos de la cresta”, unidos, para arrasar las praderas del amor y la belleza, separados, por siempre en la absoluta indiferencia recìproca! Dèje ya de lado, Gabriel, todas esas flores blancas y los ridìculos animales de los que siempre habla. Tome usted tambien un garrote, (seguramente en el pueblo al que acaba de llegar los hay en cantidad ) y particìpe del gran bacanal de la destrucciòn infinita. Pero recuerde, antes de dar el primer paso, es necesario que arranque con sus propias manos el corazòn de su pecho. Entrègelo luego a los animales basureros, ellos sabràn como hacer para desembarazarse de el.
140-Al cuerpo de Lázaro: querido amigo, anatomista ilustrado, sendero de ruinas, futuro saco óseo, sarcófago multicolor, comarca de las sensaciones, avidez de fuego, secreto insondable. Aquí estoy, por cierto y me he encontrado con Sverkov que está tan asombrado como yo por sus permanentes piruetas y su nueva perspectiva. He decidido terminar de una vez por todas este primer capítulo.
Pero antes debo transcribirle la carta que estamos escribiendo con Sverkov. Se trata de un tratado sobre el fin. Ahora dudo si debo hacerlo o no. Han pasado demasiados días entre mi última entrega y esta y todo parece haber terminado en el estómago irritante de los animales basureros. Pero no nos enojemos con ellos, sólo hacen lo que otros no queremos hacer. Pienso en el escarabajo estercolero y su pésima reputación en el mundo animal. Pienso en mi pésima reputación en el mundo de los humanos a causa de nuestras investigaciones. Por suerte Sverkov se ha aburrido y ha comenzado a caminar rumbo a su casa, buscando el calor y la compañía de Quarentino. La piscina del psiquiátrico comienza a llenarse y los cálidos días de la primavera se avecinan. Un extraño buen humor se apodera de todos mis sentidos. Abrazo a los animales basureros y todo vuelve a su destino. Desperté al fin.
Pero antes debo transcribirle la carta que estamos escribiendo con Sverkov. Se trata de un tratado sobre el fin. Ahora dudo si debo hacerlo o no. Han pasado demasiados días entre mi última entrega y esta y todo parece haber terminado en el estómago irritante de los animales basureros. Pero no nos enojemos con ellos, sólo hacen lo que otros no queremos hacer. Pienso en el escarabajo estercolero y su pésima reputación en el mundo animal. Pienso en mi pésima reputación en el mundo de los humanos a causa de nuestras investigaciones. Por suerte Sverkov se ha aburrido y ha comenzado a caminar rumbo a su casa, buscando el calor y la compañía de Quarentino. La piscina del psiquiátrico comienza a llenarse y los cálidos días de la primavera se avecinan. Un extraño buen humor se apodera de todos mis sentidos. Abrazo a los animales basureros y todo vuelve a su destino. Desperté al fin.
141-Querido Gabriel, olvidemos todo lo anterior, un vago presagio huye entre los lectores adormecidos. Olvidemos esas historias que se deshacen en partituras invisibles. Ya ninguno es capaz de interpretarlas. ¡Olvidemos! no es un vacío temporal hecho de quejas, el resultado de todo lo precedente. Es el destino natural, que aun en su agonía ríe de las construcciones y de los sedimentos. Ja, ja, ja, ríe la farsa, ríe la inútil persistencia del plasma primordial en el presente, ríe el escarabajo que todo lo divide.
Han pasado legiones y tropeles enardecidos. Hoy, solo un nuevo fantasma ocupa mi tumba abierta. Esta criatura de los abismos celestes luce mi mortaja sobre su cuerpo transparente, la ausencia del aparato digestivo la hace ligera como un suspiro. ¿Podemos todavía conmovernos por una cosa semejante? Estos sustitutos, querido Gabriel, no nos deben ya preocupar. Son la evidencia del desajuste genérico que ninguna voluntad humana puede colmar, eso y nada más que eso.
El inicio y el fin se posarán como una sola cosa sobre el tratado resguardante “el fin”, que jamás escribirá con Sverkov. El éxito de una operación tan sencilla está asegurado, entiendo su buen humor.
Los animales basureros, por siempre amigos del olvido, han terminado su tarea. Pero lo sabemos, su trabajo nunca será completo.
Han pasado legiones y tropeles enardecidos. Hoy, solo un nuevo fantasma ocupa mi tumba abierta. Esta criatura de los abismos celestes luce mi mortaja sobre su cuerpo transparente, la ausencia del aparato digestivo la hace ligera como un suspiro. ¿Podemos todavía conmovernos por una cosa semejante? Estos sustitutos, querido Gabriel, no nos deben ya preocupar. Son la evidencia del desajuste genérico que ninguna voluntad humana puede colmar, eso y nada más que eso.
El inicio y el fin se posarán como una sola cosa sobre el tratado resguardante “el fin”, que jamás escribirá con Sverkov. El éxito de una operación tan sencilla está asegurado, entiendo su buen humor.
Los animales basureros, por siempre amigos del olvido, han terminado su tarea. Pero lo sabemos, su trabajo nunca será completo.
142-Cuarentino, Sverkov, animales basureros, amigos de la deshonras, Magdalena, restos de una catástrofe, márgenes del río, cordón de piel, perro negro, piras funerarias, y por fin, usted Lázaro: que gran tarea es la que nunca termina, que gran idea la que no alcanza su desarrollo último, que buena vida la que nunca finaliza. Estoy por cierto volviendo a mi primera juventud, arrasando con todos los malos presagios que supieron ensombrecer mi horizonte y asustar al búfalo que ahora ríe en su nueva pradera. El perro negro brilla con su pelo sedoso y su cola juega con la pelota azul. Ya no se trata de cuerpos ni de movimientos sensuales, más bien una alegría infantil que recorre cada una de mis moléculas finalmente domesticadas. Algo así como haber vencido el temor vergonzante por el final. Dice bien usted, amigo Lázaro, los amigos del olvido han terminado su tarea incompleta. Está ahora en nosotros reiniciarla otra vez. Le repito algo que ya le he dicho antes: hoy los árboles visten de verde y las palabras son nuevas.
143-Gabriel, amigo de la esperanza, cuenca vacía, cabrestro ígneo, leviatán distraído, general de tropas invisibles y por sobre todas las cosas adulador del animal más viril: “algo” está por suceder. Sillas de plástico verde, canales secos, insectos disfrazados, plenilunio, grietas, todo se expande y se contrae. Ninguna luz baja de los cielos, ningún adalid hipnótico forja en la oscuridad el espacio y el tiempo. Solos, una vez más, en la rigurosa simetría de nuestras bibliotecas, esperamos “algo” que está por suceder.
Un público perplejo y un exasperado número de mascotas asistentes, nos exigen superar la pendiente mortal, el martirio de un estúpido final. Los deseos de nuestro pueblo, renuevan el verde de los árboles y las palabras, tal cual como dice usted. Renuevan las gracias en nuestros corazones. Gabriel, alero pintado, loro helado, cartón mojado, de todas las veces que hemos quedado sordos o mudos (y estas no fueron pocas) la actual parece ser la menos peligrosa. Me asocio una vez más con su optimismo: un margen peregrino y una puerta abierta no son un motivo de preocupación. “Algo” está por suceder en el espejo del perro negro, “algo” está por suceder en las narices del búfalo, “algo” esta por suceder en la penumbra gualda,“algo” está por suceder en el vientre de Magdalena. El trabajo de los animales basureros no fue tan eficaz como esperábamos. Gabriel, asumamos en una sola frente despejada las responsabilidades de lo trascendente.
Un público perplejo y un exasperado número de mascotas asistentes, nos exigen superar la pendiente mortal, el martirio de un estúpido final. Los deseos de nuestro pueblo, renuevan el verde de los árboles y las palabras, tal cual como dice usted. Renuevan las gracias en nuestros corazones. Gabriel, alero pintado, loro helado, cartón mojado, de todas las veces que hemos quedado sordos o mudos (y estas no fueron pocas) la actual parece ser la menos peligrosa. Me asocio una vez más con su optimismo: un margen peregrino y una puerta abierta no son un motivo de preocupación. “Algo” está por suceder en el espejo del perro negro, “algo” está por suceder en las narices del búfalo, “algo” esta por suceder en la penumbra gualda,“algo” está por suceder en el vientre de Magdalena. El trabajo de los animales basureros no fue tan eficaz como esperábamos. Gabriel, asumamos en una sola frente despejada las responsabilidades de lo trascendente.
144-Lázaro, “algo” está por suceder. ¿Recuerdas la cuchara convexa? ¿El trino invisible de los canarios aprendices de carpinteros?¿La lámpara de aceite en el fondo del lago?¿Los ruidos y los temblores en la noche?¿El zonda rojo y la bora albina? Los vientos se nutren este día de una sustancia provista por los animales basureros y sin embargo en mi estudio no quedan rastros de ellos. ¿Será que son ellos mismos la materia con que se configuran los recuerdos? ¿O más bien son parte de nuestras responsabilidades olvidadas en un instante de infinita felicidad?
No lo sé, no lo sabré nunca, pero hoy coincido, Lázaro, pequeño producto de los experimentos más inverosímiles, que es en usted en quien deposito mis palabras. Los amigos sabrán comprender que en esta pequeña instancia privada sucede la más profunda confianza hacia ellos, pues la confianza nace del silencio. La niña corre entre las montañas y dibuja peces con ojos enormes. Cae repentinamente de su bicicleta y descubre que ha sido mordida. Sin embargo sonríe convencida de estar viva y dirige sus pasos hacia el alba, una vez más, otra vez siempre. El búfalo y el perro negro duermen. El mundo vuelve a recuperar su destino.
No lo sé, no lo sabré nunca, pero hoy coincido, Lázaro, pequeño producto de los experimentos más inverosímiles, que es en usted en quien deposito mis palabras. Los amigos sabrán comprender que en esta pequeña instancia privada sucede la más profunda confianza hacia ellos, pues la confianza nace del silencio. La niña corre entre las montañas y dibuja peces con ojos enormes. Cae repentinamente de su bicicleta y descubre que ha sido mordida. Sin embargo sonríe convencida de estar viva y dirige sus pasos hacia el alba, una vez más, otra vez siempre. El búfalo y el perro negro duermen. El mundo vuelve a recuperar su destino.
145-Oh, el destino Gabriel! ¡Arcano apresurado! ¡Límite ebrio de un núcleo palpitante! ¡Sumo pontífice de las aves de corral! Esto es lo que veo: el destino y a su lado, en un frío umbral, el paciente trabajo de lo no nombrado. Lo no nombrado llama a la voluntad: detrás de la puerta un conejo de vidrio le responde de una manera incomprensible. Pero no importa, no importa, no nos dejemos engañar por esta visión. La perseverancia doméstica de las especies nos convoca en una enamorada asistencia. Vuelven las banderas, los coros y las figuras recortadas, los peces dibujados con ojos enormes y la infinita felicidad. El vigía huye con sus ridículos pastores, el destino luce una corona hecha de huesos y pájaros carroñeros.
Querido amigo estoy preparando una gran fiesta, de más está decir que el destino y los recuerdos serán invitados. Espero que con usted puedan venir el perro negro, el búfalo y los otros. Magdalena se encargará de que no falte nada, el sastre preparará disfraces para cada uno de los participantes y los animales basureros (que volverán únicamente para esta ocasión) lo borrarán todo una vez que la fiesta termine.
Querido amigo estoy preparando una gran fiesta, de más está decir que el destino y los recuerdos serán invitados. Espero que con usted puedan venir el perro negro, el búfalo y los otros. Magdalena se encargará de que no falte nada, el sastre preparará disfraces para cada uno de los participantes y los animales basureros (que volverán únicamente para esta ocasión) lo borrarán todo una vez que la fiesta termine.
146-Querido Lázaro: el cuerpo, el tiempo, las palabras dichas antes de ser escuchadas, lo que no se dice, el veredicto, la nada entre la nada, las olas del que no tiene olas, ensordecer cuando uno escucha, terminar con todo cuando parece que todo empieza, salir de nuestras casas tranquilos, correr por la pradera, mirar de lado a lado por la ventana limpia, imaginar que el tiempo es infinito, creer en ello y seguir confiando. Las voces que dicen otra cosa, el tiempo que es uno y no otro. Termina justo cuando uno despierta y ha pasado un día; y ese día no se rinde a nuestras cuentas. La simpatía corre paralela a la línea exacta de la imbecilidad. Corremos todos al lado. ¿Amanece más temprano? ¿Oscurece mas tarde? ¿Los unos somos los otros? ¿Será que me he equivocado? Si. Equivocado. Nacer al revés, de un modo u otro. Acontecimiento deslumbrante, las tres margaritas, el alumbramiento negativo. No existe una mejor manera de nacer.
147-Querido Gabriel, la dormidera poética exalta lo que el paralelo natural no reencuentra. Escasa es la virtud que cela el escrutinio de las negociaciones humanas. Inaceptables son sus veredictos: “no por nombrar de mil maneras la nada del tiempo lograremos que este no garantice la parte sucia de su trabajo”
”Empeñados en una existencia insensata como cualquier otra criatura terrestre; comemos, bebemos y controlamos el destino de nuestros excrementos”.
La práctica del alumbramiento negativo, así como la domesticación de todas las especies, pueden bien si, alejarnos de estas elucubraciones. Los límites de nuestra curiosidad siempre han respetado parámetros claros y fiables. Las figuras alusivas y misteriosas solo pueden encontrar alojamiento en las mentes simples. Jamás cederemos a ellas un sitio de privilegio en el interior de nuestros experimentos.
”Empeñados en una existencia insensata como cualquier otra criatura terrestre; comemos, bebemos y controlamos el destino de nuestros excrementos”.
La práctica del alumbramiento negativo, así como la domesticación de todas las especies, pueden bien si, alejarnos de estas elucubraciones. Los límites de nuestra curiosidad siempre han respetado parámetros claros y fiables. Las figuras alusivas y misteriosas solo pueden encontrar alojamiento en las mentes simples. Jamás cederemos a ellas un sitio de privilegio en el interior de nuestros experimentos.
148-Lázaro amigo: he despertado y encuentro la puerta de mi estudio tapiada. Cuando rompo esos ladrillos la calle está tapizada con fardos de heno y entre ellos un pequeñísimo cuadro del perro negro, que supe pintar alguna vez, me recuerda inmediatamente que ocurre: ¡es el aniversario del día en que realizamos nuestra primera investigación! Cuanto tiempo ha pasado desde aquel remoto día en que emprendimos nuestro primer gran viaje, luego vinieron los experimentos de miniaturización, los extravíos en el laberinto de espejos, las aventuras en las islas del Pacífico, el encuentro con el perro negro, su transformación en Magdalena, el episodio de las pelotas azules, la construcción de los estudios paralelos, la escritura conjunta de “La historia del magnetismo” y tantas otras aventuras; episodios de efímera existencia… que me hacen recordar aquello de correr entre dos imposibles.
Pero disiento, una vez más. Las palabras son absolutamente limitadas a ese infinito. Recuerdo aquello sobre lo que insisten los grandes significadores. Piedras que son rostros están entre sus preferidos, sin contar las actuales tostadas en el desayuno. Prosaicos alquimistas de lo nimio. Los elementos son limitados, muchos pero contables, igual que los aniversarios y cada uno de los amaneceres que marcan nuestro paso por los días.
Pero disiento, una vez más. Las palabras son absolutamente limitadas a ese infinito. Recuerdo aquello sobre lo que insisten los grandes significadores. Piedras que son rostros están entre sus preferidos, sin contar las actuales tostadas en el desayuno. Prosaicos alquimistas de lo nimio. Los elementos son limitados, muchos pero contables, igual que los aniversarios y cada uno de los amaneceres que marcan nuestro paso por los días.
149-Amigo Gabriel, el último encanto de su conversación me lleva a ceder ante la dimensión emotiva. El hecho de que se trate de un aniversario nos lo autoriza. En alas de un entusiasmo indescriptible, sin más prioridades que las de satisfacer al ingenuo centinela que me habita, me dirijo exaltado hacia la biblioteca y extraigo el primer volumen de nuestro diario de bitácora. Lo abro por pura casualidad en la página 125. Transcribo ahora lo escrito en ella:
DIARIO DE BITACORA
Lista de accidentes durante los experimentos fallidos
1) Tercer día, primeras horas de la noche.
“Partimos hacia el pueblo más cercano en el cual se celebraba el “carnaval”, un curioso ritual llevado a cabo por los lugareños. Era la única oportunidad que teníamos para poder estudiar a los “cabezudos”, especie rarísima que solo durante estas celebraciones se hace visible en el mundo exterior. El objetivo de nuestro experimento era el de instalar nuestros aparatos de medición en sus gigantescas cabezas (prodigiosa anomalía de la naturaleza ).
Luego de vanos intentos nos vemos obligados a abandonar el mismo por la violenta reacción de los “cabezudos”, que, luego de golpearnos (poseen brazos, piernas y manos similares a aquellas de la especie humana) nos aturdieron con amenazantes graznidos (llevándonos nuevamente a los pantanos de la sordera). De regreso en nuestro estudio, al vernos reducidos como dos pulpas sanguinolentas por obra de la golpiza, el perro negro no nos reconoce y nos ataca, empeorando aun más la situación (recordemos que hemos anulado su sentido del olfato en un experimento anterior)….
DIARIO DE BITACORA
Lista de accidentes durante los experimentos fallidos
1) Tercer día, primeras horas de la noche.
“Partimos hacia el pueblo más cercano en el cual se celebraba el “carnaval”, un curioso ritual llevado a cabo por los lugareños. Era la única oportunidad que teníamos para poder estudiar a los “cabezudos”, especie rarísima que solo durante estas celebraciones se hace visible en el mundo exterior. El objetivo de nuestro experimento era el de instalar nuestros aparatos de medición en sus gigantescas cabezas (prodigiosa anomalía de la naturaleza ).
Luego de vanos intentos nos vemos obligados a abandonar el mismo por la violenta reacción de los “cabezudos”, que, luego de golpearnos (poseen brazos, piernas y manos similares a aquellas de la especie humana) nos aturdieron con amenazantes graznidos (llevándonos nuevamente a los pantanos de la sordera). De regreso en nuestro estudio, al vernos reducidos como dos pulpas sanguinolentas por obra de la golpiza, el perro negro no nos reconoce y nos ataca, empeorando aun más la situación (recordemos que hemos anulado su sentido del olfato en un experimento anterior)….
150-Querido Lázaro: ¿Cómo olvidar las consecuencias de semejante aventura? Aunque ahora cuento con un olfato considerablemente elegante, no puedo dejar de pensar en los días en que los perfumes fueron para mí como los líquidos para la cuchara convexa.
¡En cuanto al perro negro, cómo recriminarle algo si ni siquiera usted fue capaz de reconocerse cuando se vio frente al espejo y atacó con fiereza a su figura allí reflejada!
¿Recuerda que sólo se detuvo cuando todo el espejo había sido convertido en polvo de plata por sus patadas y golpes?
Tomo en mis manos el Diario de Bitácora, lo abro en la página 83 y leo el siguiente subtítulo: “Métodos subjetivos de inducción hipnótica, alcances y logros”. Luego de esto siguen 20 páginas en blanco. Le propongo, Lázaro, que me explique semejante falla en la atención de nuestro editor. ¿O acaso fuimos nosotros mismos quienes propusimos el blanco como un nuevo mecanismo aplicable de lectura?
El aire vuelve a ser cálido en el estudio y abro las ventanas de par en par. Hay un búfalo en cada planta que se asoma y los dos conejos se han alejado para siempre. Una luna hoy roja se asoma en el horizonte y la niña corre en busca de nuevas aventuras. Habitantes de la noche caminan sin prisa rumbo a sus madrigueras humanas y cada organismo parece responder a un lenguaje familiar.
¡En cuanto al perro negro, cómo recriminarle algo si ni siquiera usted fue capaz de reconocerse cuando se vio frente al espejo y atacó con fiereza a su figura allí reflejada!
¿Recuerda que sólo se detuvo cuando todo el espejo había sido convertido en polvo de plata por sus patadas y golpes?
Tomo en mis manos el Diario de Bitácora, lo abro en la página 83 y leo el siguiente subtítulo: “Métodos subjetivos de inducción hipnótica, alcances y logros”. Luego de esto siguen 20 páginas en blanco. Le propongo, Lázaro, que me explique semejante falla en la atención de nuestro editor. ¿O acaso fuimos nosotros mismos quienes propusimos el blanco como un nuevo mecanismo aplicable de lectura?
El aire vuelve a ser cálido en el estudio y abro las ventanas de par en par. Hay un búfalo en cada planta que se asoma y los dos conejos se han alejado para siempre. Una luna hoy roja se asoma en el horizonte y la niña corre en busca de nuevas aventuras. Habitantes de la noche caminan sin prisa rumbo a sus madrigueras humanas y cada organismo parece responder a un lenguaje familiar.
151-Gabriel, querido amigo, el aire cálido que está entrando en su estudio y en el mío, es originado por el torbellino de las paginas en movimiento. El alejamiento de los conejos no me sorprende, criaturas elementales como esas, desconocen los intercambios emotivos, así como yo y usted desconocemos el motivo de las 20 páginas en blanco. La recta vía del deber nos ofrece una alternativa: andar hacia un costado como los cangrejos. Abro entonces la página 242 del diario de bitácora, leo y al mismo tiempo transcrivo lo siguiente:
DIARIO DE BITÁCORA
Enfermedades padecidas
1) “Morbo del aforismo”
Durante dos semanas, luego del plenilunio de la estación fría, fuimos afectados por el “morbo del aforismo”. Desconocemos aún el motivo del contagio. Se trata de una enfermedad de nuevo tipo que ataca la comunicación verbal. Prisioneros de un continuo parloteo regulado según las normas del aforismo, nos vimos obligados a abandonar las precedentes investigaciones. A modo de testimonio transcribimos aquí algunos de los aforismos:
“La erudición es como un perro sin la cola” “Si eres polvo y cenizas mejor cierra las ventanas” “Aprende un oficio, servirá de abrigo a tu espíritu” “No por querer ser como el viento llegarás a todas partes” ”El canto de los gallos no anticipa la cosecha” ”Si eres tiempo y espacio no inquietes a los planetas” ”La sensualidad desgasta lo que el átomo consuela” ” No te dejes engañar, la amistad no es un loro sin cabeza” “Despierta! Soñar con mandriles no extingue la ignorancia” “Ama a tu prójimo, el odio es una casa sin paredes” “Domina tus instintos, el pudor combate la apatía”
El morbo se retiró de nuestros organismos sorpresivamente y sin dejar efectos colaterales. No por mucho insistir… (aquí la escritura se vuelve incomprensible)
DIARIO DE BITÁCORA
Enfermedades padecidas
1) “Morbo del aforismo”
Durante dos semanas, luego del plenilunio de la estación fría, fuimos afectados por el “morbo del aforismo”. Desconocemos aún el motivo del contagio. Se trata de una enfermedad de nuevo tipo que ataca la comunicación verbal. Prisioneros de un continuo parloteo regulado según las normas del aforismo, nos vimos obligados a abandonar las precedentes investigaciones. A modo de testimonio transcribimos aquí algunos de los aforismos:
“La erudición es como un perro sin la cola” “Si eres polvo y cenizas mejor cierra las ventanas” “Aprende un oficio, servirá de abrigo a tu espíritu” “No por querer ser como el viento llegarás a todas partes” ”El canto de los gallos no anticipa la cosecha” ”Si eres tiempo y espacio no inquietes a los planetas” ”La sensualidad desgasta lo que el átomo consuela” ” No te dejes engañar, la amistad no es un loro sin cabeza” “Despierta! Soñar con mandriles no extingue la ignorancia” “Ama a tu prójimo, el odio es una casa sin paredes” “Domina tus instintos, el pudor combate la apatía”
El morbo se retiró de nuestros organismos sorpresivamente y sin dejar efectos colaterales. No por mucho insistir… (aquí la escritura se vuelve incomprensible)
152-Querido Lázaro: me detengo en medio de la calle y comienzo a escribirle en el aire. No tengo aquí ningún otro elemento y sin embargo me resulta imprescindible hacerlo. Mientras me dirigía, en mi habitual caminata matutina, rumbo a la droguería a retirar una serie de substancias que había encargado para las próximas investigaciones acerca del pasado, tropecé con Magdalena. Estaba sentada a unos cien metros de mi estudio charlando con un grupo de jóvenes de aspecto extraño. En cuanto comencé a acercarme, para mi asombro, pude ver con mis propios ojos como se alejaban al mismo tiempo que yo avanzaba, pero no caminando o corriendo, sino tal como lo hacen los espejismos. Mi experiencia me indicó entonces que le restara importancia y pidiera ayuda a la niña, al búfalo y también a una nueva asistente que usted aun no conoce (ni me he atrevido a nombrarle ya que su conducta es absolutamente imprevisible y desordenada). Aun espero a los tres, ya que al parecer mi nueva asistente los ha llevado a un desorden tal que ya no responden a mis indicaciones. Seguí mi camino y me encontré con un gran caos urbano provocado por la columna de sesenta mil perros que se paseaba esta mañana por mi barrio. ¿Sabe usted, Lázaro, que ya no provocan la hilaridad suprema sino problemas en el tránsito? Debo pensar y pensar en estos sucesos antes de preparar nuestro próximo viaje al pasado ya que no puedo dejar de observar el significado que cobra ahora el aforismo que transcribimos en el diario de bitácora que decía: “Si encuentras el orden trastocado y en él hay una columna de perros, olvida a la niña y al búfalo y ocúpate de la pequeña descarriada”. Algunos han considerado a este aforismo como un canto al amor perdido, yo prefiero interpretar en él la vuelta al camino de la virtud.
153-Querido amigo Gabriel, detengamos por un momento al entusiasmo en un compartimiento estanco, pongámoslo al reparo del desorden provocado por su nueva asistente. Es necesario que nuestros amigos se acerquen con prudencia a las investigaciones que estamos por emprender. Su paso por la droguería y el fenómeno del espejismo fueron puestos en el justo lugar, con la ayuda de su experiencia, es importante que todos lo sepan. La hilaridad suprema de la columna canina fue desplazada del campo de la atención, porque ya a nadie le interesaba su vanidad vertical, es importante también que sepan esto. A propósito, no de lo mismo, pero si de algo parecido, decíamos en la página 247 del diario de bitácora: “Lo esfumado no alienta el tartamudeo de la razón” ”Distinguimos en el centellear de las virtudes, el rostro ebrio de lo posible” ( luego sigue una lista de los alimentos ingeridos durante la primera fase del experimento de miniaturización, no creo que sea oportuno transcribirla ahora )
Creo, querido Gabriel, que la interpretación del aforismo repose, como usted dice, en el camino de las excelencias del espíritu. El obrar humano nos separa de la farsa inevitable que el gran todo nos impone. No podemos dejar nada en manos de incompetentes. El riesgo de una sublevación de nuestros asistentes es una posibilidad que no tenemos que subestimar. A veces es necesario usar las riendas con prudencia, otras veces la horquilla y el espejo con firmeza, casi siempre el bozal de oro y el silencio de la saeta sin saber nada sobre ellos.
Creo, querido Gabriel, que la interpretación del aforismo repose, como usted dice, en el camino de las excelencias del espíritu. El obrar humano nos separa de la farsa inevitable que el gran todo nos impone. No podemos dejar nada en manos de incompetentes. El riesgo de una sublevación de nuestros asistentes es una posibilidad que no tenemos que subestimar. A veces es necesario usar las riendas con prudencia, otras veces la horquilla y el espejo con firmeza, casi siempre el bozal de oro y el silencio de la saeta sin saber nada sobre ellos.
154-Querido Lázaro: frente al gran tema de la vanidad hay muy poco por decir sin caer en la misma. Las columnas de perros no han interpretado el paso del tiempo, ya que para ellos dicha variable les resulta tan extraña como a usted o a mí las canciones de Quinto Molar. El derrotero de nuestra inocencia está ahora en jaque. Podría repetir una y mil veces aquello de que toda la voluntad humana, que toda jerarquía filosófica, no es más que la mirada del conejo de vidrio posándose sobre el búfalo ahora ausente.
Pero quiero volver a detenerme en la situación de los espejismos. ¿Cree usted que estamos frente a un verdadero peligro? Acaso la mirada imperturbable de Magdalena pueda darnos una pista, pero me pregunto: ¿Cómo se hace para mirar de cerca un espejismo? He intentado en las últimas horas con el artilugio del vaso que tan buenos resultados nos supo dar con el mundo diminuto, pero lo único que he conseguido es una absurda proliferación de imágenes ahora distribuidas por todo mi estudio, alejándose a ritmos diferentes, como si del baile de la sorna se tratase. El perro negro ladra completando el cuadro y su cola se ha refugiado en único sitio libre de imágenes de mi cuarto. La noche se aproxima y lo único que he conseguido en el día de hoy es apuntalar mi vanidad luciendo ahora el apéndice oscuro y móvil. ¡Y por vez primera no necesito sonreír para expresar mi alegría!
Pero quiero volver a detenerme en la situación de los espejismos. ¿Cree usted que estamos frente a un verdadero peligro? Acaso la mirada imperturbable de Magdalena pueda darnos una pista, pero me pregunto: ¿Cómo se hace para mirar de cerca un espejismo? He intentado en las últimas horas con el artilugio del vaso que tan buenos resultados nos supo dar con el mundo diminuto, pero lo único que he conseguido es una absurda proliferación de imágenes ahora distribuidas por todo mi estudio, alejándose a ritmos diferentes, como si del baile de la sorna se tratase. El perro negro ladra completando el cuadro y su cola se ha refugiado en único sitio libre de imágenes de mi cuarto. La noche se aproxima y lo único que he conseguido en el día de hoy es apuntalar mi vanidad luciendo ahora el apéndice oscuro y móvil. ¡Y por vez primera no necesito sonreír para expresar mi alegría!
155-Querido Gabriel, desde hace tres días estoy reposando de nuestros frenéticos experimentos, en una estaciòn termal de alta montaña. Hoy por la tarde he recibido su mensaje, luego de una cura con vapores y agua de rosas, durante una graciosa tertulia con las damas del lugar. No obstante el torpor, resultante de las actuaciones sensuales, inmediata fue en mi la preocupación: “yo aquí extendido en el plasma de la dormidera y la sociabilidad y Gabriel víctima de una absurda proliferación de imágenes”. Consulté entonces a una de las señoras con las cuales estaba bebìendo el té, me sugirió que le recomendase unos remedios. Su altanería me dejó encantado, no así la escasa relevancia empírica de su propuesta terapéutica. ¡El desaliento provocado por la respuesta, en vez de irritarme, hizo aumentar en mi conciencia los deseos de formar parte de esa sociedad exquisita! Una extraña forma de alegría contagiosa, hizo que el entero grupo de señoras, se ejercitase en las virtudes del coro.Yo las acompañaba batiendo las palmas y emitiendo dos silbidos al final de cada estribillo. Repetimos el alegre y disciplinado pasatiempo por más de dos horas, hasta que un hecho imprevisto puso fin a la jarana: una de las damas entró en una rara forma de trance hipnótico. Como una poseída se puso a gritar lo siguiente: ¡no dejen que Gabriel disuelva imanes en nuestro té! ¡no dejen que Gabriel disuelva imanes en nuestro tè!. Fue suficiente que uno de los mayordomos rociase sobre su delicioso rostro, un compuesto de minerales refrigerantes, para que todo volviese a la normalidad. Gabriel, aquí los animales no hablan ni se prodigan en enigmas filosóficos, sólo participan como figuras en el gris perla de las decoraciones antiguas.
Le aconsejo que instale un aparato termal en su estudio. Sólo así la alegría hará cuadrado con la cola del perro, el baile de la sorna, el espejismo, la proliferaciòn de imàgenes y el artilugio del vaso.
Le aconsejo que instale un aparato termal en su estudio. Sólo así la alegría hará cuadrado con la cola del perro, el baile de la sorna, el espejismo, la proliferaciòn de imàgenes y el artilugio del vaso.
156-Queridísimo Lázaro: como habrá notado hace ya varios días que me he mantenido en un silencio irrevocable. He estudiado de cerca de nuestros asistentes y he decidido despedirlos por un tiempo prudencial. El motivo no puedo hacerlo publico, ya que es de una gravedad inconmensurable. Pero el motivo central de mi silencio ha sido la instalación de un complejo sistema de baños termales en mi estudio. Al principio en lugar de agua probé con una serie de bebidas que encontré en el sótano, pertenecientes a nuestra experiencia acerca de las alteraciones de la consciencia. Como podrá imaginar tanto el perro negro como yo tardamos dos días y dos noches en recuperarnos de los extraños sueños del alcohol. Luego probé con azufre y mi estudio se convirtió en una sucursal del infierno. Al fin, volví a las aguas termales que surgen naturalmente a doscientos metros de mi morada con la consecuencia previsible. Una multitud de curiosos ahora viven en mi estudio impidiéndome trabajar con la seriedad que necesito. La niña fue vista por última vez corriendo hacia la montaña y el búfalo la seguía a pocos metros de distancia, dos de los conejos de vidrio se desmaterializaron súbitamente y la varilla canina está en estado de asamblea pensando en el rumbo a seguir. Las noches brillan y el viento sopla con fuerza. Parto a refugiarme también yo en un pequeño bosque y desde allí le enviaré mis informes.
157-Amigo Gabriel, seré breve, mi estadía en la estación termal terminó de la peor de las maneras. Los oropeles, los buenos modales, los juegos de sociedad, las graciosas damas y los severos mayordomos se esfumaron como un sutil estrato de lo impensado. No, no, ellos no pudieron entender porque encendí una llama en mi cabellera. Mucho menos porqué coloqué en ella un muñeco similar a usted. No quisieron ver que el fuego no lo quemaba, sino que lo hacía reverdecer. Me echaron a patadas del establecimiento. Hoy me encuentro sólo en un desierto, del cual desconozco las coordenadas geográficas. El resultado de esta curiosa historia es el siguiente: la bulliciosa multitud que hoy invade los perímetros de su estudio, entorpeciendo la ardua tarea de la existencia, debe reforzar aún más en nosotros la convicción de que una modalidad de tolerante benevolenza, no tiene porqué llevarnos a aceptar distraídamente las asimetrías de la discordancia. El tiempo prudencial y las consecuencias previsibles, ceden ante la intrusión de esa gran masa de estímulos que hace trizas el presente vivo. Usted está pensando que rumbo debe seguir; yo, como no morir de sed o más bien como no retornar a la quietud del mundo inorgánico.
158-Querido Lázaro: el mundo de las relaciones suele sorprendernos siempre con un nuevo modelo de incomprensión. Estoy intentando ahora establecer un sistema de nuevo género con los habitantes del bosque. Sé que en algún sitio se han escondido el búfalo y la niña, así como también los animales de las tuberías. He abandonado mis preocupaciones por la suerte de mi estudio y sus visitantes nocturnos. Ya nada puede estremecerme, excepto su situación extrema en el desierto. Le sugiero que tome un ejemplar de la novela “Las formas del desierto” en la cual posiblemente halle el modo de salir indemne de dicha geografía, aunque probablemente lo sumerja en cierto estado de melancolía. Debería mientras tanto redactar un detallado informe del estado de la imagen que ha puesto sobre su cabeza, del color de las llamas que inflamaron su cabellera y del nivel de calor alcanzado en el núcleo de la masa ígnea. Yo en este momento intento repetir el experimento y para ello he comenzado a esculpir con lodo una estatuilla que lo represente, luego haré lo mismo tomando como modelo a cada uno de nuestros amigos y asistentes. Hace tiempo que no se nada del sastre, pero he traído conmigo al tintero vacío para ver el efecto que la sombra de los pinos le provocan. Hasta el momento solo ha temblado un poco… Un estremecimiento singular por cierto, pero nada más.
Me siento a esperar que el lodo fragüe y que la pequeña fogata tome fuerza suficiente para abrigarme durante la larga noche. El perro negro continúa fiel a mi lado y cada tanto refulgen los ojos del búfalo y la niña entre el follaje desmesurado. Es en la soledad dicen, en donde el hombre debe buscar su inocencia, pero aquí he descubierto que la soledad no es más que un invento de los filósofos ciegos y de los poetas taciturnos. Tenga en cuenta este pequeño consejo para poder salir prontamente a salvo de su actual morada.
Me siento a esperar que el lodo fragüe y que la pequeña fogata tome fuerza suficiente para abrigarme durante la larga noche. El perro negro continúa fiel a mi lado y cada tanto refulgen los ojos del búfalo y la niña entre el follaje desmesurado. Es en la soledad dicen, en donde el hombre debe buscar su inocencia, pero aquí he descubierto que la soledad no es más que un invento de los filósofos ciegos y de los poetas taciturnos. Tenga en cuenta este pequeño consejo para poder salir prontamente a salvo de su actual morada.
159-Querido Gabriel, no se porque me encuentro en este desierto, pero estoy comenzando a adaptarme, superando los rigores del clima y las renuncias del cuerpo. No moriré de sed, el muñeco que a usted representa ha reverdecido de tal manera que sus húmedas raíces proporcionan todo el nutrimento que mi cuerpo necesita… El espeso follaje (oasis de nuevo genero) me brinda al mismo tiempo la sombra que me repara de las elevaciones térmicas y las sacudidas mecánicas de los infusores. Resta un único problema: la gigantesca mole del muñeco que crece sobre mi cabeza me impide cualquier tipo de movimiento. Si algún ser viviente pasase distraídamente por estas landas inexploradas, me identificaría como un árbol o como una bizarría de la naturaleza. Ya no podemos hablar del núcleo de masa ígnea, ha dejado su lugar a un mar de clorofila y compuestos nutricios en el cual navega mi conciencia. No se trata aun de un bosque como en el que usted se encuentra ahora, más bien de un ecosistema en continua evolución (el lector atento notará que ya hemos padecido fenómenos de estas características), fruto de nuestro incalmable apetito investigativo. Espero con ansia, los resultados de la réplica del experimento que usted está por emprender. Al mismo tiempo, le pido que elabore algún tipo de artilugio para que pueda llegar a mis manos el libro “Las formas del desierto” ya que, como le dije anteriormente, estoy completamente inmovilizado.
160-Amigo Lázaro: tal como le decía, la soledad no es más que un invento de alquimistas, inocentes o quizás también de los osos de agua. Mi permanencia en el bosque está llegando a su fin luego de una noche al abrigo de la fogata y el follaje suave de las coníferas. En cuanto a las réplicas de lodo, nada hay como verlas correr ahora como si de golems enloquecidos se tratase. Han hecho cabriolas de todo tipo, luego han construido hamacas colgando tejidos naturales de las ramas más altas… Hay que destacar que quien sabe porque extraño mecanismo que intento ahora develar, al lado de cada réplica se ha presentado una imagen intangible pero perfectamente definida de sus originales. Es decir: están todos mis asistentes y ¡Usted mismo Lázaro! Esto me ha devuelto la confianza en el rebaño humano y me invade una energía cuya magnitud puede equipararse a la fuerza de mil volcanes. Creo que ha llegado el momento tan esperado de que Usted, querido Lázaro y yo, su buen amigo Gabriel pasemos del modo epistolar al diálogo fijando un punto de encuentro en el más breve plazo posible para emprender una vez más uno de nuestros viajes en los cuales la aventura y la investigación son cuentas del mismo collar filosófico. Espero su respuesta mientras converso con su imagen, pues tanto las réplicas de lodo como las etéreas esculturas tienen el don del lenguaje haciendo esta una de mis mañanas más gloriosas, ya que no sólo pueden hablar sino que tienen el difícil don de la buena conversación.
TOMO II
161
Querido Lázaro: Hay veces que las cosas exceden. El cielo no se derrumba sobre nosotros y el tiempo no es necesario para que la confusión nos arrastre.
Me sorprende que el momento más esperado, nuestro encuentro, es en mi memoria un episodio fugaz y de escasa importancia.
Recuerdo a los alces caminando en fila, más precisamente a uno de ellos que me interrogó con su mirada mientras el resto mantenía su indiferencia habitual. También puedo reproducir de manera exacta el saludo de Magdalena y su tío, el sastre, cuya cordialidad excesiva dejó en mí una sensación de fragilidad extrema. Qué no decir del búfalo y los conejos de vidrio cuya danza incomprensible lanzó a la varilla canina a una nueva fórmula algebraica, modificando el conjunto de su estructura hasta convertirse en una columna de dimensiones colosales pero sin perro alguno en ella.
Vagar por el laberinto de los instantes, sin embargo, no me lleva a ningún puerto en el cual usted, Lázaro, y yo, Gabriel, hayamos sido realmente sujetos de encuentro alguno. ¿Puede usted responderme a este interrogante supremo? He podido leer a un comentarista cuyo relato me intriga. ¿Es uno de nuestros amigos? ¿Debemos dar crédito a sus palabras? Espero con atención su visión sobre tamaño asunto.
Me sorprende que el momento más esperado, nuestro encuentro, es en mi memoria un episodio fugaz y de escasa importancia.
Recuerdo a los alces caminando en fila, más precisamente a uno de ellos que me interrogó con su mirada mientras el resto mantenía su indiferencia habitual. También puedo reproducir de manera exacta el saludo de Magdalena y su tío, el sastre, cuya cordialidad excesiva dejó en mí una sensación de fragilidad extrema. Qué no decir del búfalo y los conejos de vidrio cuya danza incomprensible lanzó a la varilla canina a una nueva fórmula algebraica, modificando el conjunto de su estructura hasta convertirse en una columna de dimensiones colosales pero sin perro alguno en ella.
Vagar por el laberinto de los instantes, sin embargo, no me lleva a ningún puerto en el cual usted, Lázaro, y yo, Gabriel, hayamos sido realmente sujetos de encuentro alguno. ¿Puede usted responderme a este interrogante supremo? He podido leer a un comentarista cuyo relato me intriga. ¿Es uno de nuestros amigos? ¿Debemos dar crédito a sus palabras? Espero con atención su visión sobre tamaño asunto.
162
Querido Gabriel: no obstante que yo pueda articular palabras y conceptos en un presente luminoso, tengo que señalarle que he perdido los datos de toda vida pasada. Puedo hablarle como a una persona que conozco, ya que he leído el curioso epistolario que precede este mensaje. Según esa frondosa conversación, usted y yo pertenecemos a la categoría de los investigadores, domesticamos animales y cosas que usan nuestro lenguaje, vivimos una existencia simétrica, hemos escrito libros sobre el magnetismo, somos maestros en el arte del aforismo, las ciencias son nuestro refugio, un ojo total nos acecha y compartimos todas estas cosas con amigos que de tanto en tanto exprimen sus opiniones. En síntesis, creo entender que hemos enfrentado un sinfín de desventuras y metamorfosis, sin obtener más beneficio que una simbiótica autocelebración.
Hoy me encuentro en un lugar que desconozco, se trata de un estudio muy ordenado repleto de libros y extraños alambiques. No sé que otra cosa hacer más que referirle mi condición actual (sólo se que me llamo Lázaro), he olvidado todo lo anterior y no experimento ningún tipo de estado emotivo. De todas maneras, sería un placer para mí conocerlo y restablecer la curiosa conversación.
Mi más profundo respeto, Lázaro.
Hoy me encuentro en un lugar que desconozco, se trata de un estudio muy ordenado repleto de libros y extraños alambiques. No sé que otra cosa hacer más que referirle mi condición actual (sólo se que me llamo Lázaro), he olvidado todo lo anterior y no experimento ningún tipo de estado emotivo. De todas maneras, sería un placer para mí conocerlo y restablecer la curiosa conversación.
Mi más profundo respeto, Lázaro.
163
Señor Lázaro: en un mundo apresurado quizás sea la pérdida de memoria el menor de todos los males. Y aunque usted no lo recuerde y ateniéndome a este concepto paso de inmediato a otro tema de mayor interés. He analizado, curiosamente tal como usted pero por diferentes motivos, el conjunto de nuestro epistolario y descubro que a cada malestar breve que yo sufro usted padece una réplica de singular intensidad. He pensado entonces en varias conjeturas, a saber: que usted ha invertido gran parte de su tiempo en convertir nuestras investigaciones en un juego cuyas reglas desconozco; o mejor aun, que intenta migrarlas en hazañas literarias coincidiendo con aquella fórmula que declara a la misma como la ciencia de los campos magnéticos; o mejor aun, que sin saberlo realmente y al modo de los hermanos gemelos sufre pero en forma agigantada (y usted sabe bien que esto realmente tendría sentido dado que nunca ha logrado detener el crecimiento de sus miembros inferiores) cada uno de mis pequeños malestares. Por el momento no puedo confesarle alguno de mis nuevos descubrimientos hasta no estar bien seguro del motivo que lo han llevado a su actual estado. Espero su pronta respuesta con un meticuloso análisis de los fenómenos que he aquí desarrollado.
Suyo, Gabriel.
Suyo, Gabriel.
164
Querido Gabriel. No es mi intención (mi intención es ninguna) desorientar a usted y a los lectores. Estoy involucrado en discusiones sobre experiencias para mi ajenas, pero que al fin de cuentas me resultan imprescindibles. Para el envoltorio que usted y otros llaman “Lázaro”, representan el único tipo de experiencia posible. No estoy seguro de que ello derive de una falta de memoria, imagino el pasado como una circunferencia, el centro está en todas partes, su perímetro en ninguna.
Gabriel, poco a poco aprenderé a conocerlo, de alguna manera u otra aprenderé también a sentir emociones, ha emitir juicios y formular teorías. Por el momento tomaré como verdadero todo lo que usted dice, estudiaré con atención los libros de la biblioteca, y me concentraré particularmente en una figura de arcilla jabonosa, que creo, a usted lo representa.
Discúlpeme por lo tanto si aun no puedo satisfacer “el meticuloso análisis de los fenómenos” que usted ha desarrollado, ya que ni siquiera sé que cosa es una enfermedad, un hermano gemelo o una hazaña literaria.
Sería importante que yo pudiese ocupar el espacio vacío dejado por ese otro Lázaro, que ha compartido con usted tantas aventuras.
Cordiales saludos, Lázaro.
Gabriel, poco a poco aprenderé a conocerlo, de alguna manera u otra aprenderé también a sentir emociones, ha emitir juicios y formular teorías. Por el momento tomaré como verdadero todo lo que usted dice, estudiaré con atención los libros de la biblioteca, y me concentraré particularmente en una figura de arcilla jabonosa, que creo, a usted lo representa.
Discúlpeme por lo tanto si aun no puedo satisfacer “el meticuloso análisis de los fenómenos” que usted ha desarrollado, ya que ni siquiera sé que cosa es una enfermedad, un hermano gemelo o una hazaña literaria.
Sería importante que yo pudiese ocupar el espacio vacío dejado por ese otro Lázaro, que ha compartido con usted tantas aventuras.
Cordiales saludos, Lázaro.
165
Estimado cuerpo que me lee: una vez más vuelvo a pensar que la lectura no es más que un galimatías propuesto por un anatomista ciego. O mejor aun, la distracción funambulesca de un feriante que se ha quedado dormido.
No volveré a insistir en que la memoria ocupa un lugar entrañable en las estanterías de los vicios o las virtudes. Pero Usted, el “nuevo” Lázaro, al igual que sus amigos, insisten en conferirle un poder de nuevo género.
Creo que el olvido, las trampas del recuerdo, aquello que llaman vida y también y porque no, algunas de las imágenes que suele capturar el ojo avizor, siguen estando en falta. Se presentan con el disfraz del apuro, representando un presente emplumado.
Diría, para zanjar de una buena vez y para siempre este capítulo, que la memoria es para Gabriel lo que la religión para los hombres, una idea moral, que por despreciable, no puede tener otro destino en mi que el que reservo para los asesinos, los torturadores y los claveles del aire; es decir, ninguno.
Saludos a Lázaro y sus amigos.
No volveré a insistir en que la memoria ocupa un lugar entrañable en las estanterías de los vicios o las virtudes. Pero Usted, el “nuevo” Lázaro, al igual que sus amigos, insisten en conferirle un poder de nuevo género.
Creo que el olvido, las trampas del recuerdo, aquello que llaman vida y también y porque no, algunas de las imágenes que suele capturar el ojo avizor, siguen estando en falta. Se presentan con el disfraz del apuro, representando un presente emplumado.
Diría, para zanjar de una buena vez y para siempre este capítulo, que la memoria es para Gabriel lo que la religión para los hombres, una idea moral, que por despreciable, no puede tener otro destino en mi que el que reservo para los asesinos, los torturadores y los claveles del aire; es decir, ninguno.
Saludos a Lázaro y sus amigos.
166
Querido Gabriel: antes de dar inicio a una nueva conversación es mi deber informar, a usted y a todos los amigos lectores, que la supuesta pérdida de la memoria que me afectaba, era solo el fruto de un equívoco. A veces, los hombres de ciencia empeñados en fijar principios racionales sobre la materia ingobernada, podemos permitirnos un intervalo que nos distiende. La diversión no es sólo un derecho de los ignorantes.
Antes de poner el punto final a esta confusa historia, les explicaré el motivo de mi particular conducta: la aparente amnesia y la correspondiente pérdida de identidad, no era otra cosa que la trascripción (fantasiosa por cierto) de una lectura distraída de las veinte páginas en blanco de nuestro Diario de Bitácora. Nada más y nada menos. Pido disculpas a todos aquellos que se han preocupado por los efectos que el supuesto malestar ejercía sobre mí. Pero como no entiendo continuar mi vida siguiendo la ruta de un pájaro herido, dejo el lamento de lado y con la frente limpia y en alto, vuelvo al abrazo del saber responsable.
Amigo, ya no es tiempo de burlas involuntarias, hemos construido una máquina chequeada con suficiente rigor como para ponernos definitivamente en marcha. Es hora de difundir una síntesis de nuestro pensamiento político y al mismo tiempo de ejercer una acción concreta y responsable en los distintos ordenamientos de la realidad. Las tensiones sociales están llegando al extremo, y “ellos”, sí, me refiero a “ellos”, ejercerán una vez más los poderes de la devastación. No esperaremos que todo se derrumbe, encerrados en nuestros estudios, entre porcinos embalsamados, relojes esféricos, alambiques y astrolabios. Alcemos un único puño, formemos un comité con nuestros amigos. La esperanza y la utopía nos bendecirán desde lo alto.
Antes de poner el punto final a esta confusa historia, les explicaré el motivo de mi particular conducta: la aparente amnesia y la correspondiente pérdida de identidad, no era otra cosa que la trascripción (fantasiosa por cierto) de una lectura distraída de las veinte páginas en blanco de nuestro Diario de Bitácora. Nada más y nada menos. Pido disculpas a todos aquellos que se han preocupado por los efectos que el supuesto malestar ejercía sobre mí. Pero como no entiendo continuar mi vida siguiendo la ruta de un pájaro herido, dejo el lamento de lado y con la frente limpia y en alto, vuelvo al abrazo del saber responsable.
Amigo, ya no es tiempo de burlas involuntarias, hemos construido una máquina chequeada con suficiente rigor como para ponernos definitivamente en marcha. Es hora de difundir una síntesis de nuestro pensamiento político y al mismo tiempo de ejercer una acción concreta y responsable en los distintos ordenamientos de la realidad. Las tensiones sociales están llegando al extremo, y “ellos”, sí, me refiero a “ellos”, ejercerán una vez más los poderes de la devastación. No esperaremos que todo se derrumbe, encerrados en nuestros estudios, entre porcinos embalsamados, relojes esféricos, alambiques y astrolabios. Alcemos un único puño, formemos un comité con nuestros amigos. La esperanza y la utopía nos bendecirán desde lo alto.
167
Queridos amigos: quiero hacer un paréntesis, que como todos podrán intuir, y quienes no, harán de cuenta que lo hicieron; dando por sentado que lo que antepondré al mismo será el elemento multiplicador para cada uno de los términos que éste encierra.
A primera vista puede parecerles una operación compleja, pero ni Lázaro ni yo, los hemos acostumbrado a una vigilia somnolienta.
La diversión no es el derecho de los ignorantes: hete aquí el elemento del que les hablaba.
Un plan y sus interminables estrategas, son en cambio, los términos sujetos a dicha operación.
Es el momento de la acción, del pasaje en el cual la palabra cobra el valor de golpe y a un mismo tiempo de amortiguación.
De eso se trata la larga hilera de los sucesos que atraviesan la aventura del rebaño humano en su intento de dar nombres. No hay algo más, sólo la noche y su respiración aletargada, y por cierto, la mañana que la anticipa.
Eso no tiene gracia alguna, y es aquí cuando me contradigo: la diversión es el derecho de los ignorantes, y mi paréntesis debe ser cancelado antes de dar lugar a nuevos equívocos.
A primera vista puede parecerles una operación compleja, pero ni Lázaro ni yo, los hemos acostumbrado a una vigilia somnolienta.
La diversión no es el derecho de los ignorantes: hete aquí el elemento del que les hablaba.
Un plan y sus interminables estrategas, son en cambio, los términos sujetos a dicha operación.
Es el momento de la acción, del pasaje en el cual la palabra cobra el valor de golpe y a un mismo tiempo de amortiguación.
De eso se trata la larga hilera de los sucesos que atraviesan la aventura del rebaño humano en su intento de dar nombres. No hay algo más, sólo la noche y su respiración aletargada, y por cierto, la mañana que la anticipa.
Eso no tiene gracia alguna, y es aquí cuando me contradigo: la diversión es el derecho de los ignorantes, y mi paréntesis debe ser cancelado antes de dar lugar a nuevos equívocos.
168
“La materia no se puede concebir sin la intuición de un espacio y un tiempo, por más que hablemos al revés, seguiremos siempre una sucesión monodimensional”.
Querido Gabriel, la frase anterior, transcripta directamente de nuestro Diario de Bitácora (página 102, volumen 4), no ejerce ningún tipo de contacto con el argumento que le propondré afrontar.
Detengamos por un momento el estridente llamado de lo incondicionado y sus consecuentes plegarias trascendentales; cuando las palabras arrastran los espíritus hacia las regiones abandonadas por la geometría, la respuesta de los hombres de ciencia debe ser inmediata.
Desempolvemos nuestros viejos uniformes de enfermeros, el imperativo moral desconoce treguas y somnolencias. Las fallas en el sistema están a la vista de todos, es inútil ocultarlas debajo de la alfombra.
Según el antiguo protocolo, (antiguo pero eficiente) ante símiles situaciones de emergencia, se procede inmediatamente a catalogar los fenómenos de asimetría. Escribo estas obviedades sólo para nuestros amigos. Para usted y para mí, la actuación del protocolo es un hecho automático.
El primer paso es enumerar las propuestas emitidas por uno de los componentes (Lázaro1 o Gabriel1) que por algún motivo, no son recibidas por el otro (Lázaro2 o Gabriel2), y viceversa (es inevitable aquí utilizar la tercera persona).
A modo de ejemplo, dos casos recientes:
Querido Gabriel, la frase anterior, transcripta directamente de nuestro Diario de Bitácora (página 102, volumen 4), no ejerce ningún tipo de contacto con el argumento que le propondré afrontar.
Detengamos por un momento el estridente llamado de lo incondicionado y sus consecuentes plegarias trascendentales; cuando las palabras arrastran los espíritus hacia las regiones abandonadas por la geometría, la respuesta de los hombres de ciencia debe ser inmediata.
Desempolvemos nuestros viejos uniformes de enfermeros, el imperativo moral desconoce treguas y somnolencias. Las fallas en el sistema están a la vista de todos, es inútil ocultarlas debajo de la alfombra.
Según el antiguo protocolo, (antiguo pero eficiente) ante símiles situaciones de emergencia, se procede inmediatamente a catalogar los fenómenos de asimetría. Escribo estas obviedades sólo para nuestros amigos. Para usted y para mí, la actuación del protocolo es un hecho automático.
El primer paso es enumerar las propuestas emitidas por uno de los componentes (Lázaro1 o Gabriel1) que por algún motivo, no son recibidas por el otro (Lázaro2 o Gabriel2), y viceversa (es inevitable aquí utilizar la tercera persona).
A modo de ejemplo, dos casos recientes:
Lázaro propone a Gabriel la formación de un comité político revolucionario. Gabriel responde dirigiéndose a un impreciso “queridos amigos” no hace ninguna referencia al empeño político.
Un caso anterior (21 agosto de 2009) de distinta naturaleza: Lázaro propone a Gabriel la realización de una gran fiesta, Gabriel responde haciendo referencia al alumbramiento negativo y a las palabras dichas antes de ser escuchadas.
La ecuación se puede dar vuelta provocando los mismos efectos.
Invitamos a nuestros amigos a señalar casos símiles que hayan pasado inobservados.
Invitamos a nuestros amigos a señalar casos símiles que hayan pasado inobservados.
169
Querido Lázaro:
La asimetría, el reino de la regularidad, los viejos uniformes…
La niña que pintaba peces de ojos enormes y ahora investiga las costumbres de los alces, el búfalo, los conejos de vidrio y los libros que reposan en las estanterías de mi biblioteca, no se alarman buscando estrellas ni intentan reconocer en sus aparentes parpadeos un más allá que los consuele por su sed de infinito.
Tanto unos como otros saben que no hay demasiado por hacer.
Quizás enamorarse, o mejor aun, creerse enamorados.
Más, ay Lázaro, el tiempo no nos pertenece, y es aquí donde me distancio de toda filosofía vulgar, ya que siempre supimos no existen tiempos seguros.
No hay que alarmarse, ni buscar en las estrellas su aparente parpadeo. Lázaro y porque no, queridos amigos: entonemos juntos una canción de cuna para evitar el sueño. Una que en cada estrofa nos desvele.
La asimetría, el reino de la regularidad, los viejos uniformes…
La niña que pintaba peces de ojos enormes y ahora investiga las costumbres de los alces, el búfalo, los conejos de vidrio y los libros que reposan en las estanterías de mi biblioteca, no se alarman buscando estrellas ni intentan reconocer en sus aparentes parpadeos un más allá que los consuele por su sed de infinito.
Tanto unos como otros saben que no hay demasiado por hacer.
Quizás enamorarse, o mejor aun, creerse enamorados.
Más, ay Lázaro, el tiempo no nos pertenece, y es aquí donde me distancio de toda filosofía vulgar, ya que siempre supimos no existen tiempos seguros.
No hay que alarmarse, ni buscar en las estrellas su aparente parpadeo. Lázaro y porque no, queridos amigos: entonemos juntos una canción de cuna para evitar el sueño. Una que en cada estrofa nos desvele.
170
“Quizás enamorarse, o mejor aun, creerse enamorados”, usted no puede imaginar, querido Gabriel, el estado de inquietud e incertidumbre que dejó en mí, la lectura de esta frase de su último parte diario. Desconociendo los significados que las distintas culturas humanas otorgan a la palabra “enamorarse”, decidí consultar a Magdalena, confiando en la inocencia de la muchacha. Su respuesta fue la siguiente: “tal vez Gabriel citó una frase de una canción romántica”. Luego me informó de la existencia de una especie que yo desconocía: “los cantantes de moda”, que según ella generaban en los jóvenes y las jóvenes extraños fenómenos sensitivos. “Tal vez Gabriel la copió de alguna de esas canciones” dijo luego, por una distracción olvidó ponerla entre comillas, agregué yo.
Consulté entonces todos los libros de nuestra biblioteca aplicando el método de lectura veloz que creamos años atrás. No encontré ninguna referencia a las palabras incriminadas. Por lo tanto desearía Gabriel, formularle las siguientes preguntas: A) ¿Existe algún nexo entre la palabra “enamorarse” y nuestros experimentos sobre la sensualidad? B) ¿”enamorarse” nombra tal vez el efecto resultante del encuentro entre sustancias pegajosas? C) ¿Conoce usted la especie “cantantes de moda” a la que hizo referencia Magdalena?
Espero su pronta respuesta, ya que este obstáculo me impide proseguir con nuestras investigaciones.
Consulté entonces todos los libros de nuestra biblioteca aplicando el método de lectura veloz que creamos años atrás. No encontré ninguna referencia a las palabras incriminadas. Por lo tanto desearía Gabriel, formularle las siguientes preguntas: A) ¿Existe algún nexo entre la palabra “enamorarse” y nuestros experimentos sobre la sensualidad? B) ¿”enamorarse” nombra tal vez el efecto resultante del encuentro entre sustancias pegajosas? C) ¿Conoce usted la especie “cantantes de moda” a la que hizo referencia Magdalena?
Espero su pronta respuesta, ya que este obstáculo me impide proseguir con nuestras investigaciones.
171
Hay algo del orden de las epifanías en lo cual quiero detenerme, querido Lázaro. Usted, o alguien que aun quiere creerse usted y sus preguntas, me remontan a un momento que no puedo precisar. ¿Nunca ha sido parte de la más simple de las experiencias del amor? Sabemos estar hablando de algo que se corresponde con la manifestación de un hecho milagroso. Así como también podemos pensar en celebraciones de materialización o festejos inadmisibles. Usted me pregunta demasiadas cosas y colapsa en el primer término de sus interrogaciones. Antes de hablar de enamoramientos, yo le presenté un sinnúmero de manifestaciones del mismo. El búfalo, los conejos de vidrio, la niña del bosque y los peces de ojos enormes. Sus colores fueron delineando un espejismo que en nada se parece a sus preguntas.
En primer lugar, debo responderle, que las inquietudes que lo aquejan me tienen sin cuidado. No es riguroso de su parte ir con latiguillos de comadrona al regazo de Magdalena. La vida está en otra parte. Solemos confundir la lectura rápida o el método veloz, con algo del orden de la inteligencia. Nos equivocamos, y me incluyo en dicho fragmento. No pienso hablar de cantantes de moda, ni tampoco haré un análisis minucioso de las substancias pegajosas a las que usted refiere. Lo prefiero ajeno. Es más, creo que en este punto usted, querido Lázaro, no ha comprendido absolutamente nada de lo que he escrito desde el inicio a esta parte.
En primer lugar, debo responderle, que las inquietudes que lo aquejan me tienen sin cuidado. No es riguroso de su parte ir con latiguillos de comadrona al regazo de Magdalena. La vida está en otra parte. Solemos confundir la lectura rápida o el método veloz, con algo del orden de la inteligencia. Nos equivocamos, y me incluyo en dicho fragmento. No pienso hablar de cantantes de moda, ni tampoco haré un análisis minucioso de las substancias pegajosas a las que usted refiere. Lo prefiero ajeno. Es más, creo que en este punto usted, querido Lázaro, no ha comprendido absolutamente nada de lo que he escrito desde el inicio a esta parte.
172
Querido Lázaro: veo que mi último informe le ha quitado la capacidad de escribir o quizás simplemente se encuentre una vez más en uno de sus episodios de inmaterialidad. De todos modos, sabiendo aun sin cuerpo puede leerme, le envío un fragmento que acabo de descubrir entre nuestros viejos escritos.
“No puedo empezar mis días sin tener un reloj entre mis manos. Uno, o varios. Comencé a coleccionarlos hace mucho tiempo.
La distancia que me separa del primero al último, sólo puede medirse por la naturaleza de los mismos, por su buen o mal funcionamiento y si lo observamos bien, por el afán de fragmentarlo todo en el cual sostienen su aparente utilidad. Los hay de arena, solares, de viento, sombra o simplemente cuadrantes sin agujas ni números. Los hace género su sed, su permanente legitimación del plagio (se repiten un minuto tras otro), su respiración, su manera de mirarme mientras duermo.
Antes, imprecisamente antes, coleccioné piedras, reglamentos deportivos, anuncios publicitarios, el tiempo y los paraguas. También fueron parte de mis pasiones ciertas maneras de mirar, y otras veces atesoré los diferentes modos en que mi respiración se agitaba.
No quiero confundirlos, coleccionar es algo muy distinto que clasificar o catalogar. Una cosa y otra requieren un tiempo infinito y una dedicación que mi paciencia no permite.
Y por esto es que vuelvo otra vez al principio.”
Este fragmento tiene dos títulos: El disfraz del apuro y Me confunden con mi nombre. ¿Podría usted explicarme semejante anomalía?
“No puedo empezar mis días sin tener un reloj entre mis manos. Uno, o varios. Comencé a coleccionarlos hace mucho tiempo.
La distancia que me separa del primero al último, sólo puede medirse por la naturaleza de los mismos, por su buen o mal funcionamiento y si lo observamos bien, por el afán de fragmentarlo todo en el cual sostienen su aparente utilidad. Los hay de arena, solares, de viento, sombra o simplemente cuadrantes sin agujas ni números. Los hace género su sed, su permanente legitimación del plagio (se repiten un minuto tras otro), su respiración, su manera de mirarme mientras duermo.
Antes, imprecisamente antes, coleccioné piedras, reglamentos deportivos, anuncios publicitarios, el tiempo y los paraguas. También fueron parte de mis pasiones ciertas maneras de mirar, y otras veces atesoré los diferentes modos en que mi respiración se agitaba.
No quiero confundirlos, coleccionar es algo muy distinto que clasificar o catalogar. Una cosa y otra requieren un tiempo infinito y una dedicación que mi paciencia no permite.
Y por esto es que vuelvo otra vez al principio.”
Este fragmento tiene dos títulos: El disfraz del apuro y Me confunden con mi nombre. ¿Podría usted explicarme semejante anomalía?
173
Querido Gabriel, querido Gabriel, repetiré su nombre hasta lo inverosímil para que todos lo arrastren como una piedra. Una gigantesca piedra como la que me está desventrando. Miro hacia lo alto, miro hacia los costados, miro las infinitas criaturas que circulan sobre mi cuerpo despellejado y no encuentro respuestas ni preguntas. Corro enloquecido por una pradera en llamas, me detengo, pienso y compruebo que no era así. Me encuentro en mi estudio, todos los objetos están en orden, la gentil Magdalena me trae un té. Posa la palma de su mano sobre mi frente, el movimiento de sus labios no coincide con lo que creo estar de ella escuchando. No querido amigo, no, no piense que he perdido mis cabales, ejecuto solo un banal ejercicio para poder afrontar los nuevos interrogantes: “el amor”, “enamorarse”, ”la vida está en otra parte”. Me permita en primera instancia usar la lógica formal: 1- el ahora es la imposibilidad de coexistir consigo mismo, es decir con un otro sí mismo, un otro ahora, por lo tanto “la vida está en otra parte”. Magdalena sonríe repitiendo la frase, retira el té y deposita sobre la bandeja unos latiguillos de comadrona que saben muy bien. Una alegría infinita me posee, reúno en torno al escritorio a todas las especies. No, no; falta una, aquella que usted se niega a catalogar. El vacío dejado por ella me absorbe, intento asirme de su colección de relojes, no lo logro, el pozo no tiene fondo, el amor y los enamorados se mofan de mí, de la caída eterna, de los conejos de vidrio, de los laberintos y los festejos inadmisibles...
174
Queridos amigos, por primera vez les pido una urgente colaboración: hace más de una semana que no tengo noticias de Gabriel. Los míos no son temores infundados, existe la posibilidad de que la carne de Gabriel haya sido disuelta en un ácido de luz, anulando el compuesto que lo tenía unido como un “algo” individualmente articulado. No es la primera vez que enfrentamos problemas semejantes, la diferencia es que en este caso Gabriel no es consciente de estar condicionado por un fenómeno de nuevo género, una rara enfermedad que lo reduce a un estado de dorada ingenuidad. Analizando un trozo de su cuerpo que conservo en mi laboratorio, he llegado a la conclusión que la misma le impediría una pronta reacción ante la adversidad de la luz. Despojado de sus agudos reflejos, nuestro amigo no es otra cosa que una silueta, una marioneta extraviada en la tempestad.
Agradezco desde ya a todos aquellos que puedan darme alguna noticia sobre Gabriel.
Agradezco desde ya a todos aquellos que puedan darme alguna noticia sobre Gabriel.
175
Querido Lázaro, observo con alarma que alguien, cuyo grado de compromiso se parece a la pequeña lechuza que gira su cabeza para deleite de todos mientras lanza un quejido que me horroriza, ha escrito por usted algo suplantando la sobriedad por la insistencia interrogativa. Me aburre de tal modo dicha construcción que por vez primera decido darle una respuesta definitiva. Hacer algo es lo mismo que dejar de hacerlo, volver al principio no hará que el tigre tenga sus mandíbulas más firmes. No hay zoológicos que puedan enjaular el canto del canario de las tres margaritas. Más bien hay serpentarios y mandriles preocupados como yo por el curso que van tomando los acontecimientos. Al menos hoy llueve, algo de lo cual por cierto, no puedo jactarme.
176
Querido Gabriel, es claro que los falsos Lázaros son ya una legión, combaten por una causa absurda y se defienden con la comodidad del delirio. No podría afirmar ni siquiera que quien escribe esto sea el auténtico. Tal vez no importa, inútil es que me detenga en el porqué de esta nueva perplejidad; remover las páginas de la reciente historia no nos eximirá del desparpajo de algo que podríamos denominar “localizaciones inestables y fluctuantes “o “usurpación infeliz de la voz por obra de muchos”. Ya hemos transitado de las maneras más disparatadas por las conciencias de bribones de variado género para sorprendernos y dejarnos engañar con proclamas, cacareos perceptivos, violencias verbales o pedidos de ayuda de voces peregrinas. Dejemos a los falsos Lázaros y Gabrieles en la pobreza de la súplica vacilante y las intenciones oscuras. No más zorros y gatos gimiendo bajo la cruz helada del doble padre carpintero. La madera que nos une es la misma que nos ha generado, el intercambio de los nombres es solo un expediente que facilita en la lectura a los más distraídos. No por haber vivido por años dentro del vientre de una ballena nos hemos visto imposibilitados de llevar adelante nuestros estudios sobre la cosmología, no por sufrir el congelamiento total de la mímica hemos perdido el arte de comunicarnos con las especies mas raras. Detengo aquí la carátula personal de la indignación y acaricio a uno de los conejos de vidrio, no se porque lo hago ya que no obtengo ningún tipo de respuesta, ni de su parte ni de su compañero.
177
Querido Lázaro: usted deberá comprender los motivos profundos que motivaron mi desaparición momentánea, aunque un tiempo que siempre es demasiado largo si se piensa bien en los efectos extraordinarios que provocan en mi naturaleza ingenua. Debo comenzar por el principio, pero le confieso que he perdido la práctica de la escritura pero algo aun peor he perdido incluso toda capacidad de razonamiento. Debo someterme a varios estudios antes de reiniciar el diálogo anterior, pero valga esta breve esquela para que sepa que en lo inmediato me pongo a trabajar sobre mi recuperación dolorosa.
178
Querido amigo Gabriel, dejemos de lado por el momento “los motivos profundos”, usted bien sabe el terror que me provoca la profundidad y el fuego que sale de los ojos de la motivación. Le sugiero concentrarnos sobre el fenómeno de “desaparición momentánea” primero, y sobre el de pérdida de la “capacidad de razonamiento” después. Lo curioso es que no he revelado en ninguno de mis aparatos y planillas ninguna desaparición del objeto “Gabriel”, es mas, compruebo que el nombre “Lázaro” coexiste como complementario del de “Gabriel” y viceversa, siguiendo una regularidad en el espacio y el tiempo. Tal vez mejor entonces concentrarnos sobre el concepto de “momentáneo” pero creo que los conejos de vidrio no nos lo permitirán. Pasemos entonces a la perdida de la “capacidad de razonamiento”. Recurro inmediatamente al Diario de Bitácora y transcribo lo siguiente: “no nos dejemos engañar por el árbol de huesos que proyecta su sombra sobre el perro negro que se muerde la cola”. Valga esta modesta consolación filosófica para ahuyentar la dormidera del ajenjo tumbal que lo mantiene en la incertidumbre. Una razón vale lo que la otra, y por suerte tenemos en nuestros anaqueles cientos a nuestra disposición. Si esto no bastase para asegurarlo, querido amigo, puede probar con un viejo truco popular: colóquese una moneda sobre la frente, verá que aun si usted asume una posición vertical la misma se mantendrá allí sin caer. Luego de unos pocos minutos la razón volverá al cuerpo de quien la cobijaba.
179
Queridísimo Lázaro: si bien parece que los días no han transcurrido y que el espíritu del caballo aun anida en su frente, debo reconocer que he sufrido un severo episodio de desaparición y volatibilidad. Usted sabe de que se trata y que por ser un fenómeno estacional raras veces se prolonga por más de dos jornadas, sin embargo esta vez ha ocurrido un fenómeno extraño, una tormenta de bolitas de vidrio que impidió mi oportuno regreso. Ahora aun me encuentro encerrado en una caja de selenio sin ningún tipo de aberturas y sin embargo siento que esto que escribo en el aire llegará a usted y nuestros amigos. Por vez primera le pido encarecidamente venga a rescatarme ya que las fuerzas que otrora eran infinitas han huido por un pequeño orificio que tengo actualmente en mi frente. Espero su pronta respuesta, queridísimo Lázaro
180
Querido amigo “Gabriel residual”, no se preocupe ya, el proceso está llegando a su fase final, lo que usted está viviendo como un martirio es solo el efecto colateral del protocolo de emergencia que me vi obligado a poner en marcha para salvar de un peligroso estado de intoxicación al “Gabriel verdadero”. Le explico todo de manera simple y lo más sintéticamente posible, no obstante que el argumento podría ocupar el entero tiempo de una vida. Meses atrás, el “Gabriel verdadero” fue víctima de uno de sus propios experimentos: la asunción de una poderosa toxina disipó su conciencia en un panal de luminiscencias incontroladas que lo llevaron hacia una inevitable forma de ataraxia. La devota Magdalena, (que se había dirigido a su estudio para comunicarle el nacimiento de su hijo), lo encontró en ese estado de postración y se comunicó inmediatamente conmigo. Resolutivamente pasé a la aplicación del protocolo. Coloqué al “Gabriel verdadero” dentro del cubo de selenio y practiqué con mis instrumentos de cirugía un orificio en su frente. El tercer paso fue el de ligar el agujero con la terminal de la vieja tubería (ya usada en otros experimentos). A través de una potente fuerza inductiva Gabriel fue absorbido y reproducido fielmente en el modelo réplica que poseo en mi estudio. Desde hace más de una semana el “Gabriel verdadero” se encuentra a mi lado gozando de un merecido reposo luego de tan peligrosa experiencia. Usted, el “Gabriel residual” sobrevive sólo como efecto reflejo. No caiga en el desaliento por esto, con la ayuda de un mecanismo inverso y un adecuado método reeducativo, usted podrá ser una buena réplica de Gabriel.
-“Haremos lo mismo con Lázaro"-, dice en este mismo momento Gabriel.
-"Sería una buena oportunidad para autoreproducirnos"-, agrego yo.
-“Haremos lo mismo con Lázaro"-, dice en este mismo momento Gabriel.
-"Sería una buena oportunidad para autoreproducirnos"-, agrego yo.
181
Querido Lázaro: extrañamente supe absolutamente todo al mismo tiempo en que usted me daba las explicaciones acerca del procedimiento. Su aplicación del protocolo parece ser, en mi opinión, una batalla ganada al escepticismo.
No hablo por cierto del hombre nuevo, sino de una opción superior. El engaño como método, un salto por encima de la apariencia: la subjetividad duplicada, el olvido de la memoria perfecta.
Gabriel ya no es Gabriel, es otro y a la vez es Lázaro. ¿Por qué habría yo de dudar ahora en llamarme alce o perro negro? De aquí en más mi hermandad será con el Gran Todo, con las mareas altas y bajas, con la piedra roma y con las astas móviles del migrante solitario. Lázaro, es el fin del origen, o mejor aun, el primer paso casi imperceptible de una historia verdadera.
El tiempo simula ser, los árboles observan cuidadosamente y el temblor tenue se dispone a dar un nuevo orden haciéndose infinito.
No hablo por cierto del hombre nuevo, sino de una opción superior. El engaño como método, un salto por encima de la apariencia: la subjetividad duplicada, el olvido de la memoria perfecta.
Gabriel ya no es Gabriel, es otro y a la vez es Lázaro. ¿Por qué habría yo de dudar ahora en llamarme alce o perro negro? De aquí en más mi hermandad será con el Gran Todo, con las mareas altas y bajas, con la piedra roma y con las astas móviles del migrante solitario. Lázaro, es el fin del origen, o mejor aun, el primer paso casi imperceptible de una historia verdadera.
El tiempo simula ser, los árboles observan cuidadosamente y el temblor tenue se dispone a dar un nuevo orden haciéndose infinito.
182
Estimado Gabriel, las réplicas ya sin control, han adquirido las formas del paisaje natural, perdiéndose en el peso de la tragedia humana. Aquí solo queda el vacio donde la materia se interroga. Gabriel, un rayo de luz acaricia el desconcierto y nos eleva hacia la beatitud. Nadamos en las aguas de un maravilloso espejismo! Imperturbables nos dirigimos hacia esferas que desconocen la gravedad y tiempo. Oh que magnífica suspensión! Que gloria superflua! Cantemos hasta agotar nuestros ígneos eyectores! Alguno, de algún modo, lo olvidará todo, otro lo retendrá en los limite de su paciencia, muchos, pasarán de largo. Gabriel en su nube, Lázaro en su tumba, no dejarán de reír.
183
Hoy las cosas se deslizan ausentes. Ausentes de mi, Lázaro. Carentes de todo sentido o de toda sensación de realidad. Es necesario poner cierto freno a mis palabras. Esto es consecuencia natural de todas nuestras comunicaciones precedentes. Quizás pueda resultar extraño que luego del episodio de la caja de selenio vuelva a hablarle de los alces, pero anoche tuve un sueño que le debo transcribir. Tal como le había dicho, desperté sin haber dormido, más sin dormir, soñé.
El diálogo que mantuvo el tercer migrante con la cola del perro negro fue el siguiente:
"-Camino en una hilera, cuyo orden es perfecto, de este a oeste, de oeste a este... una y otra vez."
"-Giro y vuelvo a girar al compás del ánimo del perro negro... y muchas veces permanezco inmóvil."
Eso fue todo, y sin embargo me parece la enseñanza más importante que me ha sido impartida. Le sugiero pensar en ello y transmitirme de inmediato sus teorías y convicciones.
El diálogo que mantuvo el tercer migrante con la cola del perro negro fue el siguiente:
"-Camino en una hilera, cuyo orden es perfecto, de este a oeste, de oeste a este... una y otra vez."
"-Giro y vuelvo a girar al compás del ánimo del perro negro... y muchas veces permanezco inmóvil."
Eso fue todo, y sin embargo me parece la enseñanza más importante que me ha sido impartida. Le sugiero pensar en ello y transmitirme de inmediato sus teorías y convicciones.
184
Querido amigo, que yo alguna vez fui Lázaro y hoy soy sólo una piedra en el camino o que usted fue Gabriel y hoy es sólo el estribillo olvidado de una canción popular, no reviste ninguna importancia económica. La tozudez de semejantes envoltorios participan involuntariamente de un orden de fenómenos mucho más complejos. ¿Es en la mirada austera del perro negro donde reside la lógica que resuelve este enigma? No lo sabemos, dejémoslo en suspenso, más adelante volveremos sobre este punto. Todo me lleva a concentrarme sobre su pedido: “…transmitirle de inmediato mis teorías y convicciones”. Como imaginará, siendo yo por el momento sólo una piedra, bien puedo aferrarme al núcleo de todas las convicciones, no así al feliz irradiarse de las teorías. Esto no actúa como una desventaja; es en la inmovilidad donde nos encontraremos como justos. El deslizarse ausente de los fantasmas, contrasta con la regularidad de la hilera, lo puedo afirmar a viva voz aun siendo mudo.
¿Y entonces?: la sensación de realidad escapa con el perro negro siguiendo senderos inexplorados y el pobre cree dibujarla con los movimientos de su cola, de aquí parte el malentendido que “frena sus palabras”. Dejo a la imaginación del lector la resolución de los otros silogismos.
¿Y entonces?: la sensación de realidad escapa con el perro negro siguiendo senderos inexplorados y el pobre cree dibujarla con los movimientos de su cola, de aquí parte el malentendido que “frena sus palabras”. Dejo a la imaginación del lector la resolución de los otros silogismos.
185
Querido Lázaro: su incontinencia verbal sólo puede compararse con el fragor de mis silencios que hoy verán su final.
Me he reunido con cada uno de los alces que desfilan frente a mi ventana así como también con el perro negro, el manto blanco, con los conejos de vidrio y la cuchara convexa, con el búfalo y el boticario, con la niña del bosque y con los insectos que viven en las tuberías. También escuché una vez más mediante el prodigio del vaso vacío a los del universo diminuto que habitan el tintero: el sastre, su tijera, el cordón del que cuelga, su sobrina...
Pensé en el ojo avizor, en el gran todo y en las voces de cada amigo y descubrí estupefacto que gracias a nuestra alternancia entre ausencias y exceso, todo y todos habían quedado detenidos en una especie de gelatina de nada, o mejor aun, en el ya viejo conocido pastel de la asepsia.
Es por esto que si en algún lugar guardamos por ellos una gratitud especial, le sugiero volver al viejo protocolo del diálogo diario, continuo y desprovisto de cualquier interés de orden personal, entregando cada instante de nuestra existencia a la comprensión de cada fenómeno que se nos presente, por más nimio o insignificante que parezca. En fin, retomar el principio de nuestra obra dando un nuevo salto acrobático en pos del conocimiento.
Lo saluda su amigo Gabriel.
Me he reunido con cada uno de los alces que desfilan frente a mi ventana así como también con el perro negro, el manto blanco, con los conejos de vidrio y la cuchara convexa, con el búfalo y el boticario, con la niña del bosque y con los insectos que viven en las tuberías. También escuché una vez más mediante el prodigio del vaso vacío a los del universo diminuto que habitan el tintero: el sastre, su tijera, el cordón del que cuelga, su sobrina...
Pensé en el ojo avizor, en el gran todo y en las voces de cada amigo y descubrí estupefacto que gracias a nuestra alternancia entre ausencias y exceso, todo y todos habían quedado detenidos en una especie de gelatina de nada, o mejor aun, en el ya viejo conocido pastel de la asepsia.
Es por esto que si en algún lugar guardamos por ellos una gratitud especial, le sugiero volver al viejo protocolo del diálogo diario, continuo y desprovisto de cualquier interés de orden personal, entregando cada instante de nuestra existencia a la comprensión de cada fenómeno que se nos presente, por más nimio o insignificante que parezca. En fin, retomar el principio de nuestra obra dando un nuevo salto acrobático en pos del conocimiento.
Lo saluda su amigo Gabriel.
186
Querido Gabriel, las nociones claras elevan sus faldas cuando avanzan las aguas del incontrolado rumor. Que yo hable y usted calle, o que yo calle y usted hable, no condiciona el resultado que circula en la actualidad de todos. Permítame poner en duda el viejo sortilegio: “el ejercicio de la fantasmagoría asegura la conquista de la realidad, la banal substracción de lo atribuible es el semen del alumbramiento negativo”. Pasemos a otra cosa, despejemos de una vez por todas, estos pliegues jabonosos.
El salto acrobático que su corazón anhela, es el único esquema corpóreo capaz de burlar la tragedia que pesa sobre el desarrollo progresivo de las ciencias. El sentido común y los alces en fila, lo confirman. Podemos volver entonces como usted dice a nuestra fiel disciplina investigativa. Los fenómenos nimios e insignificantes tendrán al fin su oportunidad: agrupados por nuestra fuerza de atracción centrípeta, brillarán en la escena en la que antes se pavoneaba la farsa de lo universal. No lo dudo, no lo dude, no lo duden, cada dato será escrupulosamente diseccionado en el diario de bitácora.
El salto acrobático que su corazón anhela, es el único esquema corpóreo capaz de burlar la tragedia que pesa sobre el desarrollo progresivo de las ciencias. El sentido común y los alces en fila, lo confirman. Podemos volver entonces como usted dice a nuestra fiel disciplina investigativa. Los fenómenos nimios e insignificantes tendrán al fin su oportunidad: agrupados por nuestra fuerza de atracción centrípeta, brillarán en la escena en la que antes se pavoneaba la farsa de lo universal. No lo dudo, no lo dude, no lo duden, cada dato será escrupulosamente diseccionado en el diario de bitácora.
187
Lázaro amigo, he aquí el primero de los resultados. Contradiciendo sólo en apariencias todo lo que dije anteriormente, escribiré, tal como mis oídos me lo transmitieron, las revelaciones que siguen a continuación.
"...no hay porque preocuparse, la línea imaginaria sólo ha sufrido una ligera alteración de sus parámetros habituales..."
"... y fue entonces cuando de pronto noté que una de mis astas aterciopeladas no estaba en su lugar..."
"... Por supuesto, pequeño: oriente y occidente siguen la misma y vieja costumbre de formar el pensamiento hacia..."
"... y si situamos en forma equidistante dos pequeñas tachuelas doradas e insertamos en el centro una más..."
Querido Lázaro, mientras transcribía a la velocidad de un rayo las frases que cada alce me dictaba al pasar frente a la ventana de mi estudio, una andanada de golpes secos sonaron en la puerta contigua a mi dormitorio.
No le hice caso, por cierto, pero sin saber bien cómo ni porqué también transcribí la secuencia rítmica preso de un frenesí inexplicable.
"... toc toc toc... toc... toctoctoctoc. Cangricurcumatoc, curcumoc cangroc..."
No se como pero estoy seguro de haber escuchado exactamente lo que transcribo.
"... curcumatoc cangricurcumatoctoctoc..."
Todo se ha tornado confuso. Le pido al menos un breve lapso de tiempo para continuar con mis reflexiones. Espero sepa usted darle algún sentido a todo esto.
"...no hay porque preocuparse, la línea imaginaria sólo ha sufrido una ligera alteración de sus parámetros habituales..."
"... y fue entonces cuando de pronto noté que una de mis astas aterciopeladas no estaba en su lugar..."
"... Por supuesto, pequeño: oriente y occidente siguen la misma y vieja costumbre de formar el pensamiento hacia..."
"... y si situamos en forma equidistante dos pequeñas tachuelas doradas e insertamos en el centro una más..."
Querido Lázaro, mientras transcribía a la velocidad de un rayo las frases que cada alce me dictaba al pasar frente a la ventana de mi estudio, una andanada de golpes secos sonaron en la puerta contigua a mi dormitorio.
No le hice caso, por cierto, pero sin saber bien cómo ni porqué también transcribí la secuencia rítmica preso de un frenesí inexplicable.
"... toc toc toc... toc... toctoctoctoc. Cangricurcumatoc, curcumoc cangroc..."
No se como pero estoy seguro de haber escuchado exactamente lo que transcribo.
"... curcumatoc cangricurcumatoctoctoc..."
Todo se ha tornado confuso. Le pido al menos un breve lapso de tiempo para continuar con mis reflexiones. Espero sepa usted darle algún sentido a todo esto.
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Querido amigo Gabriel, permítame interrumpir sus reflexiones, la precisa descripción que usted hace del nuevo fenómeno, aleja las vanas esperanzas y corona una perplejidad luminosa en la cual identificaremos una nueva especie natural: “¿quien llama a la puerta?”. El fluir lineal y verborrágico de los alces al pasar por su ventana, anuncia lo que se entreveía desde ya hace mucho tiempo en los pliegues de la materia confusa. He tratado de reorganizar, según el viejo códex, cada una de las palabras que cada alce le dictaba, sin llegar por el momento a casi ningún tipo de resultado. Sólo una combinación deja abierto aún un espiral: “insertamos el pensamiento equidistante en la ligera alteración, la línea imaginaria no estaba en su lugar…”.Simultáneamente he instalado en la tubería un potente receptor que en este momento está relevando los datos periféricos de lo que por el momento podemos llamar una “presencia”. Inmediatamente le enviaré el material, conteniendo el audio y el video de los primeros resultados, que espero coincidan con lo que usted ha escuchado detrás de la puerta de su estudio.
189
Querido Lázaro: Compartí su opinión apresurada por un momento. Ya no. Tuve que recostarme al sentir un agotamiento infinito y un segundo antes de conciliar el sueño una imagen borrosa se hizo presente repitiendo:
"...cangrázaro... curcuma cangrázaro..." No se que decirle. Ahora intento mediante un complicado sistema óptico capturar las imágenes de este nuevo fenómeno para que usted pueda analizarlas. Si bien puede parecerle un reporte muy insignificante, nada puede compararse al cansancio que me invade. Hasta pronto Lázaro.
"...cangrázaro... curcuma cangrázaro..." No se que decirle. Ahora intento mediante un complicado sistema óptico capturar las imágenes de este nuevo fenómeno para que usted pueda analizarlas. Si bien puede parecerle un reporte muy insignificante, nada puede compararse al cansancio que me invade. Hasta pronto Lázaro.
190
Amigo Gabriel, abra ya sus párpados lacerados, la opinión compartida se ofrece como la justa medicina que lo separará de las llagas y el cansancio. Cansancio, desnutrición vital, ensopamiento emotivo, que en su caso, no es otra cosa que el vacio neumático generado por la presión prodigiosa de lo que apresuradamente dimos en llamar una “presencia”. Más allá de este curioso efecto gravitacional entre entidades asimétricas, hoy más que nunca, confirmamos que ninguna inesperada especie o cosa, pasará a nuestro lado sin ser clasificada. El entusiasmo y el peligro se aman y van de la mano, la paciencia metodológica celebrará sus nupcias aún a riesgo de arrancarse los ojos por la felicidad. “Algo” irrumpe en la serie anodina de la repetida evidencia y no es el “algo” de las pasadas retóricas. Ante la falta de datos precisos, esperando los primeros resultados de su sistema óptico, recurro otra vez a nuestro fiel Diario de Bitácora, página 365 tomo II sección “apariciones”. Las primeras 25 páginas del capítulo contienen una interminable lista de frases de poca utilidad, transcribo algunas de ellas solo por deber de crónica: “las ambiciones no declaradas festejan con la duda la indeterminabilidad de lo correcto”, “la inmensidad impone la pasividad de los actuantes”, “lo verbalizado sostiene la autoestima de lo evidente”, “los deseos perdidos asesoran la intimidad inmadura”, “el valor inquieta la intolerancia de lo presunto”. Al llegar a la página 25 un potente olor de violetas marchitas y estiércol de alce invade mi estudio, enceguecido y preso del delirio escapo por la ventana destrozando los vidrios.
191
Querido Lázaro: como habrá podido apreciar, el tiempo ha transcurrido de un modo inexacto. Usted me sabe como un cultor de la puntualidad y un seguidor absoluto de los protocolos y el método. Se ha equivocado, o quizás hoy me atrevo a declararme equivocado yo, Gabriel, ahora llamado una rémora de Gabriel, un resto, o mejor aun, uno que llamándose Gabriel se ha descubierto Gra, o su resta adquiriendo un nuevo nombre que aun no puedo anunciar. Posiblemente resulte lo más lejano a un anagrama y lo más cercano al facilismo de la reducción. Usted también sabe que no puedo decidirme a reducir los restos de mi padre para trasladarlos a un sitio más próximo a mi estudio. Pero esto ahora no tiene una importancia que justifique mi ausencia. La verdad es que me he visto impelido a investigar la relación entre los infusorios y los gusanos, a desarrollar una crítica y su accionar inevitablemente posterior; ya que como usted lo intuye no existiría un accionar posterior sin la lectura que permite la crítica, y dicho accionar me ha llevado a volver a investigar el hecho que me llevó inicialmente a lo que he dicho anteriormente. Usted, y no sólo usted sino todos nuestros amigos pueden observar a una primera mirada lo incorrecto de mi puntuación, de mi relato y del modo en que narro los acontecimientos. Sepan disculpar mi entusiasmo, pero la observación precaria y luminosa de mi lectura de los fijistas y de los guardianes del Jardín del Rey no han dejado de tener consecuencias imprevisibles sobre mi ánimo y por sobre todas las cosas sobre mi modo de aproximarme a las mismas. Contradiciendo a la poca importancia que el mundo de los zoólogos le han dado a esos pequeños tramposos y su pobre descendencia (hablo una vez más de los infusorios) creo haber hallado la clave del extraño suceso en esa nueva degeneración. Algo golpea a mi puerta y transcribo:
“-Cangrázaro cúrcuma cangrikiejo, cangrázaro…2
Piensen en esto con cuidado, quizás allí esté la clave de todo. Aun no he tenido el tiempo suficiente para recurrir a nuestro Diario de Bitácora, pero he recordado que en la página 55 del cuarto tomo titulamos: “La muerte huele dulce”.
Espero su pronta respuesta, y participe de la misma a todos nuestros “amigos”.
“-Cangrázaro cúrcuma cangrikiejo, cangrázaro…2
Piensen en esto con cuidado, quizás allí esté la clave de todo. Aun no he tenido el tiempo suficiente para recurrir a nuestro Diario de Bitácora, pero he recordado que en la página 55 del cuarto tomo titulamos: “La muerte huele dulce”.
Espero su pronta respuesta, y participe de la misma a todos nuestros “amigos”.
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Querido amigo, el sueño de una razón pasajera, puede ser la causa del mal funcionamiento de los infusorios. Salvados de los gusanos y los reyes, esperan la tempestad, en una tierra arcaica en la que el tiempo pasa como un ridículo emblema. El entusiasmo disculpado, querido Gabriel, justifica lo que la reducción observa más allá de su perímetro. El fijismo no es la consecuencia directa de la aburrida actividad asertiva que incesantemente nos emplea, es el revés del alarido de los urogallos triunfantes, el arrebolado semblante del héroe desposeído, la carcasa bailarina que festeja la popularidad de la cruz, es el anagrama que sellará su nombre en la lista infinita de lo innombrado. No nos dejemos engañar por lo que llama “el extraño suceso”, el rol de los infusorios es secundario, el presente nos deja inmóviles ante un solo problema: quién o qué cosa golpea a su puerta. No hemos avanzado ni siquiera un centímetro en la revelación del misterio. Recurrir a argumentaciones suplementarias intensificará aun más la carátula de lo indescifrable.
193
Querido Lázaro: las malas interpretaciones son tan útiles como la lectura matutina de los periódicos locales, o mejor aún, como la utilización arbitraria de ciertas sales para condimentar nuestras colaciones.
No dudo de sus buenas intenciones, Lázaro, pero debo advertirle que la cadena derivada de los infusorios es un tema absolutamente menor y por serlo tal, de absoluta importancia. Nos hemos dedicado durante años a la observación de hechos mínimos, de acontecimientos insignificantes, de palabras dichas por alces frente a la ventana de mi estudio, de la descripción exhaustiva de los actos de cada uno de los objetos que vagan a nuestro alrededor. Hemos forzado nuestros sentidos para descubrir los diálogos que ocurren en el tintero vacío y hemos seguido hasta el límite de nuestras posibilidades el errar de los migrantes (ya sea de la cola del perro negro, ya sea de los conejos de vidrio, ya sea de sus aventuras en el laberinto que se ubica detrás de nuestras bibliotecas). Lo que quiero decirle es que hay ciertos nombres que debemos situar una vez más en el lugar de mérito que exige su entendimiento. Y le hablo de Quarentino y Sverkov, de Constancia, del Sargento Amarilla y los de la chalupa, así como también de todos los otros héroes anónimos que han sido atravesados por nuestra pluma inexacta. Dejo entonces a su disposición esta nueva lista de tareas para emprender la actual dificultad que nos presenta eso que aun no me atrevo a calificar pero que noche tras noche se insinúa repitiendo un “alerta” que transcribo: “cangrázaro curcuma kiejo, cangri cangruermo cangrurcuma cangrignotto, cangriculare curcuma kiejo”. No logro descubrir más que advertencias de consecuencias imprevisibles para el entendimiento humano. Dejo por hoy en sus manos toda responsabilidad, ya que debo dirigirme una vez más al boticario para reponer las sales antes referidas.
No dudo de sus buenas intenciones, Lázaro, pero debo advertirle que la cadena derivada de los infusorios es un tema absolutamente menor y por serlo tal, de absoluta importancia. Nos hemos dedicado durante años a la observación de hechos mínimos, de acontecimientos insignificantes, de palabras dichas por alces frente a la ventana de mi estudio, de la descripción exhaustiva de los actos de cada uno de los objetos que vagan a nuestro alrededor. Hemos forzado nuestros sentidos para descubrir los diálogos que ocurren en el tintero vacío y hemos seguido hasta el límite de nuestras posibilidades el errar de los migrantes (ya sea de la cola del perro negro, ya sea de los conejos de vidrio, ya sea de sus aventuras en el laberinto que se ubica detrás de nuestras bibliotecas). Lo que quiero decirle es que hay ciertos nombres que debemos situar una vez más en el lugar de mérito que exige su entendimiento. Y le hablo de Quarentino y Sverkov, de Constancia, del Sargento Amarilla y los de la chalupa, así como también de todos los otros héroes anónimos que han sido atravesados por nuestra pluma inexacta. Dejo entonces a su disposición esta nueva lista de tareas para emprender la actual dificultad que nos presenta eso que aun no me atrevo a calificar pero que noche tras noche se insinúa repitiendo un “alerta” que transcribo: “cangrázaro curcuma kiejo, cangri cangruermo cangrurcuma cangrignotto, cangriculare curcuma kiejo”. No logro descubrir más que advertencias de consecuencias imprevisibles para el entendimiento humano. Dejo por hoy en sus manos toda responsabilidad, ya que debo dirigirme una vez más al boticario para reponer las sales antes referidas.
194
Querido Gabriel, interrumpo su discurso al que más adelante, le prometo, volveremos. La urgencia llama a sus hijos para evitar el inevitable naufragio: tengo ante mis ojos los primeros resultados de los análisis de los campeones que usted me ha enviado. Por primera vez me he fiado de un laboratorio externo, con personal altamente especializado. Le recomiendo que se siente y arme de paciencia, ya que el primer módulo de la pericia, comprende un detallado estudio de lingüística aplicada, ciencia que siempre hemos considerado como un refugio para holgazanes. Muchas cosas seguramente lo irritarán (al delegar a veces sucede ) , pero las revelaciones son sorprendentes: el ente que “llama” a su puerta hace uso de un lenguaje particular, desconocido hasta el momento por la comunidad científica. Según el informe, el glosario es primitivo, simple e indescifrable al mismo tiempo. Todo declina de 4 núcleos o palabras básicas: “cangri”,”carcami”, “kiejo”y “curcuma”. El resto es solo una operación de mimesis o espejo, que actúa en modo centrípeto y centrifugo a partir de los núcleos originales. Sigue un detallado estudio sobre la materia fónica, que requiere el uso de un costoso kit de descodificación, que por el momento no estoy en condiciones de adquirir (mi condición económica actual, querido Gabriel, es desesperada) Por lo tanto, envío a usted todos los documentos recibidos, esperando que pueda continuar con el desvelamiento de la estructura fónica y gramatical, que nos permitirá saber de que “cosa” se trata y cuales son sus “intenciones "
195
Querido Lázaro: las implicancias del tiempo distan enormemente de las proposiciones explicativas que usted expone acerca de fonemas, anagramas y complejos sistemas para interpretar lenguajes aéreos. Supongo no ha comprendido nada. No he visto algo sorprendente, no supe escuchar palabras reveladoras. Simplemente algo ha aparecido para modificar radicalmente mi modo de sentir. No es algo sobre lo cual se pueda emitir opinión o razonamiento alguno. Es ahí donde el equívoco cobra una realidad que me vuelve inmóvil. ¿Hay entonces o no un más allá de la nada? Debo pensar que las imágenes se confunden en un viento infinito. La descripción no me es suficiente. No hay un tal nuevo género que no sea falso. Le repito, le repito. No hay nada por hacer excepto quizás escuchar con las orejas en alto y el espíritu francamente abierto a la obediencia inexpresiva. Claramente he modificado mi peinado por uno más representativo del disgusto que me habita. Le sugiero visite un estilista acorde al tiempo en que nos ha tocado vivir bajo la obligación de interpretarlo todo.
196
Muy bien, querido Gabriel, muy bien, todo será como usted quiera, soy el Sargento Amarilla y de aquí en adelante sólo me ocuparé de su peinado. No escucharemos más a las sirenas del método, créame, un único y gran oído, absorberá los presupuestos metafísicos para convertirlos después en cerumen, puro cerumen. Nosotros, glotones como mirlos, festejaremos a los magníficos aulladores y a la inutilidad de los objetivos. No escucharemos más a ninguno, porque ninguno dominará las mareas y hará de las sombras un ridículo sudario. Soy el Sargento Amarilla, soy la roca palatina, soy el eco de la inmoralidad, soy la lágrima del alce, la pluma vengadora, el orificio burlón, el anatema, la tabla periódica y muchas cosas más. Que todo se exalte, que todo se borre.
197
Querido Lázaro, me veo obligado a repetir lo que sigue a continuación a sabiendas ustedes ya lo han leído.
Dormir no suele resultar un procedimiento adecuado cuando un alce golpea regularmente mi ventana.
Cada uno de los amigos supone que la precariedad es la norma.
No es así.
Existo en un sistema equívoco que se evapora a cada instante.
No hay nada más importante que el método.
No hay nada.
He pensado últimamente en todas las posibles variaciones del despertar.
A veces despierto insomne, otras no despierto.
Suelo seguir dormido.
Las creencias se sobreponen a la duda.
No hay nada revelador.
Sugiero no despertar, amigo Lázaro, no despertar nunca.
No hablo del sueño eterno, por mucho que pueda vanagloriarme.
Hablo de no despertar sin haber dormido.
Vuelvo al principio:
Despertar sugiere haber dormido antes.
Entonces y a saber:
en primer lugar el protocolo sugiere no dormir, luego, no hay despertar.
Al fin: Lázaro, amigo…
Hoy le hablo de un referente inexplicable.
Y de un nuevo modo de pensar: despertar sin haber dormido.
Es decir, un nuevo despertar.
Quizás los conejos de vidrio y la cola del perro negro ya lo sabían.
Nunca los escuché ni los imaginé anticipando su sueño.
Menos aún cotejando con relojes.
Las voces del tiempo no son el horizonte de los mediocres.
La nada es una espada en la boca de los susurros.
Y nada, amigo Lázaro, es lo que ahora habla.
Lamentablemente, vuelvo a despertarme.
Siga el protocolo y respóndame a la brevedad.
Dormir no suele resultar un procedimiento adecuado cuando un alce golpea regularmente mi ventana.
Cada uno de los amigos supone que la precariedad es la norma.
No es así.
Existo en un sistema equívoco que se evapora a cada instante.
No hay nada más importante que el método.
No hay nada.
He pensado últimamente en todas las posibles variaciones del despertar.
A veces despierto insomne, otras no despierto.
Suelo seguir dormido.
Las creencias se sobreponen a la duda.
No hay nada revelador.
Sugiero no despertar, amigo Lázaro, no despertar nunca.
No hablo del sueño eterno, por mucho que pueda vanagloriarme.
Hablo de no despertar sin haber dormido.
Vuelvo al principio:
Despertar sugiere haber dormido antes.
Entonces y a saber:
en primer lugar el protocolo sugiere no dormir, luego, no hay despertar.
Al fin: Lázaro, amigo…
Hoy le hablo de un referente inexplicable.
Y de un nuevo modo de pensar: despertar sin haber dormido.
Es decir, un nuevo despertar.
Quizás los conejos de vidrio y la cola del perro negro ya lo sabían.
Nunca los escuché ni los imaginé anticipando su sueño.
Menos aún cotejando con relojes.
Las voces del tiempo no son el horizonte de los mediocres.
La nada es una espada en la boca de los susurros.
Y nada, amigo Lázaro, es lo que ahora habla.
Lamentablemente, vuelvo a despertarme.
Siga el protocolo y respóndame a la brevedad.
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Querido amigo Gabriel, desde hace días no hago otra cosa que correr desnudo en círculo con un cangrejo atado en la espalda. No sé porque hago esto y no creo que tenga nada que ver con la confusa situación anterior. Lo cierto es que la insistencia que gobierna este gesto desesperado, no conoce treguas ni caídas de tensión. La extravagante escena ha llamado la atención de una multitud de curiosos. Atraídos más por la fuerza centrípeta, que por la exhibición de mi desnudez, exclaman en coro versos que no llego a comprender. No se cuanto tiempo más durará este fenómeno, comienzo a preocuparme. He probado despertarme sin haber dormido como, usted me indicó, no obtuve ningún resultado más que el de aumentar progresivamente la velocidad de las vueltas. Dentro de algunas horas, ningún ojo humano será capaz de distinguir mi cuerpo de su movimiento. Gabriel, le pido por favor que intervenga de algún modo.
199
Querido Lázaro que giras: he estado pensando en las diversas maneras de poder ayudarlo, pero luego de sumergirme en el Diario de Bitácora encontré que sólo existen dos opciones, aplicables con niveles aceptables de éxito, para su caso:
“…y mientras observábamos como giraban a cada vuelta a mayor velocidad, la cola del perro negro se sumó a la frenética danza dejándonos solos frente a los peligros que dicho movimiento podía provocarnos. Cuando nada parecía poder detener semejante prodigio, una columna de sesenta mil perros de altura apareció en el horizonte y a cada paso que daba dicha columna vimos apaciguarse a los que giraban y en pocos minutos la cola del perro negro volvió a su sitio.” (página 325, tomo 6 del Diario de Bitácora)
“…se recomienda aplicar una olla, preferentemente pequeña, a modo de ventosa sobre la espalda del corredor, exactamente sobre el cangrejo. Lo complejo de esta operación consiste justamente en lo dificultoso que suele ser lograr semejante precisión en un sujeto que gira a tamaña velocidad, por lo que suele sugerirse que sea el mismo protagonista quién cambie el curso de su carrera para buscar el objeto necesario, o bien extenderle mediante un artificio dicha olla (con el agua ya hirviente) y que el huracán humano pueda tomarla, al modo en que los niños toman la sortija en los carruseles. Una vez aplicada sobre el cangrejo, la velocidad suele ir menguando, a medida que la cocción avanza.” (página 15, tomo 1 del Diario de Bitácora)
Espero que alguien, el Sargento Amarilla supongo, pueda leerle esto y aplicar urgentemente el protocolo.
En este mismo instante veo con cierto temor que un cangrejo, posiblemente el doble del que usted tiene ahora en su espalda, ha comenzado a trepar por mis pantorrillas y siento un irrefrenable deseo de comenzar a correr en círculos… cangri cúrcuma kiejo… cangrázaro…
“…y mientras observábamos como giraban a cada vuelta a mayor velocidad, la cola del perro negro se sumó a la frenética danza dejándonos solos frente a los peligros que dicho movimiento podía provocarnos. Cuando nada parecía poder detener semejante prodigio, una columna de sesenta mil perros de altura apareció en el horizonte y a cada paso que daba dicha columna vimos apaciguarse a los que giraban y en pocos minutos la cola del perro negro volvió a su sitio.” (página 325, tomo 6 del Diario de Bitácora)
“…se recomienda aplicar una olla, preferentemente pequeña, a modo de ventosa sobre la espalda del corredor, exactamente sobre el cangrejo. Lo complejo de esta operación consiste justamente en lo dificultoso que suele ser lograr semejante precisión en un sujeto que gira a tamaña velocidad, por lo que suele sugerirse que sea el mismo protagonista quién cambie el curso de su carrera para buscar el objeto necesario, o bien extenderle mediante un artificio dicha olla (con el agua ya hirviente) y que el huracán humano pueda tomarla, al modo en que los niños toman la sortija en los carruseles. Una vez aplicada sobre el cangrejo, la velocidad suele ir menguando, a medida que la cocción avanza.” (página 15, tomo 1 del Diario de Bitácora)
Espero que alguien, el Sargento Amarilla supongo, pueda leerle esto y aplicar urgentemente el protocolo.
En este mismo instante veo con cierto temor que un cangrejo, posiblemente el doble del que usted tiene ahora en su espalda, ha comenzado a trepar por mis pantorrillas y siento un irrefrenable deseo de comenzar a correr en círculos… cangri cúrcuma kiejo… cangrázaro…
200
Querido amigo, no será fácil poder brindarle un resumen de todo lo que ha sucedido desde que recibí su último mensaje. Pero los hombres de acción no podemos empantanarnos en tribulaciones estilísticas, lamentaciones o auto justificaciones. Cada hecho descrito pertenece de aquí en más a la geometría de un atento análisis. Gabriel, han pasado más de diez años desde que llevé a cabo la segunda opción que me sugirió para detener el movimiento circular en el que me encontraba atrapado. No me extenderé en el relato de como conduje a buen éxito la compleja operación, usted lo puede imaginar. Lo curioso es que una vez aplicada, me encontré en un ámbito distinto, dispuesto a iniciar una nueva vida. Conocí a muchas personas y puse en práctica un renovado ingenio en las relaciones sociales y laborales. Contraje matrimonio y formé una familia (dos niños y una niña), me metí en asuntos políticos a través de los cuales obtuve prestigio social y riqueza. Riqueza que despilfarré con amantes, juego de azar y otros vicios. Con la inevitable bancarrota, caí en un pozo de locura, signado por disturbios graves de la personalidad y otras patologías, que trajeron como consecuencia, la internación de mi cuerpo en un asilo para enfermos mentales. Habiendo tocado fondo, decidí quitarme la vida. En el mismo momento de la auto ejecución, recibí la inesperada visita de Magdalena y su hijo, un muchachito de casi ya diez años. La sorpresa detuvo la cuerda homicida y todo lo anterior pasó a ser un banal accidente del destino. Hoy, completamente restablecido, no puedo hacer otra cosa más que preocuparme por la peligrosa situación que pesa sobre usted. El segundo cangrejo, dos veces más grande que el primero, puede llegar a desatar una serie de fenómenos descontrolados.
201
Querido amigo que ya no gira, es decir Lázaro, el padre de familia y el conjunto de los humanos. Algo ha detenido mi andar circular y se llama error. Una vulgar equivocación lo ha detenido todo. La pérdida de una amistad lejana o mejor aun, la certeza de que nunca estuvo, ha equilibrado instantáneamente los factores en pugna. La materia ha contrariado las leyes de la física y todo se ha detenido.
Hacer oídos sordos o convertir los oídos en faros ciegos no modifica nada.
En fin, el cangrejo no supo ya que hacer para entusiasmar a un público poco entusiasta y retornó a su origen, si es que lo tiene. Yo estoy quieto, tan inmóvil que temo no volver a poder moverme.
Lo que usted lee lo he escrito mucho tiempo atrás, ya que en este momento me resulta imposible. Siguiendo las instrucciones del Diario de Bitácora he dejado órdenes precisas para que este mensaje llegue a sus manos en el momento preciso.
Soy la antípoda del carrusel, la incongruencia de la sortija. No hay más vueltas por dar. El cangrejo cree cantar una obertura trágica junto a sus secuaces. No hay testigos más indicados que los que desaparecen. Y entonces vuelvo a elegirlo. He decidido casarme con la niña que pinta peces con ojos grandes. Sólo esto pondrá finalmente las cosas en su sitio. Pero antes debo pedirle una vez más que me ayude tal como cuando ocurrió el acontecimiento de la caja de selenio. Espero su pronta respuesta y transmítale mis saludos a nuestro hijo. Había olvidado por completo su existencia y el modo inusual en que hemos dejado descendencia. ¿Le ha dicho Magdalena que nombre le hemos dado a nuestro vástago?
Hacer oídos sordos o convertir los oídos en faros ciegos no modifica nada.
En fin, el cangrejo no supo ya que hacer para entusiasmar a un público poco entusiasta y retornó a su origen, si es que lo tiene. Yo estoy quieto, tan inmóvil que temo no volver a poder moverme.
Lo que usted lee lo he escrito mucho tiempo atrás, ya que en este momento me resulta imposible. Siguiendo las instrucciones del Diario de Bitácora he dejado órdenes precisas para que este mensaje llegue a sus manos en el momento preciso.
Soy la antípoda del carrusel, la incongruencia de la sortija. No hay más vueltas por dar. El cangrejo cree cantar una obertura trágica junto a sus secuaces. No hay testigos más indicados que los que desaparecen. Y entonces vuelvo a elegirlo. He decidido casarme con la niña que pinta peces con ojos grandes. Sólo esto pondrá finalmente las cosas en su sitio. Pero antes debo pedirle una vez más que me ayude tal como cuando ocurrió el acontecimiento de la caja de selenio. Espero su pronta respuesta y transmítale mis saludos a nuestro hijo. Había olvidado por completo su existencia y el modo inusual en que hemos dejado descendencia. ¿Le ha dicho Magdalena que nombre le hemos dado a nuestro vástago?
202
Querido Gabriel, aprovecho de su inmovilidad para decorar la inercia con un nuevo paisaje, en el cual la responsabilidad ejerza el poder de la persuasión. La descendencia reclama la atención de lo que las tradiciones han declarado como justo. Nuestro hijo, encarna la alegoría de la decepción que nos ha dado luz. Magdalena se ha negado a decirme su nombre, no he insistido para obtener una respuesta. Lo cierto es que se trata de una réplica fiel de los dos, de un compuesto armónico y equilibrado, derivado de un modo inusual de acción generativa. Pero lamentablemente, la fidelidad de la réplica se agota en la semejanza corpórea. Su conducta navega por regiones que siempre nos fueron ajenas. Lo que hemos generado, se parece más al príncipe de los tontos, al sacristán de la holgazanería y al mariscal del despilfarro, que a un devoto y prudente servidor de las ciencias. Si existen verdaderos amantes de la curiosidad, no encontrarán en esta descripción el fruto de su gratificación; continuar con la misma, hará agravar aun más los efectos de la ausencia de movimiento que a usted aqueja. Por lo tanto detengo ahora mismo el fluido somnífero y paso a las propuestas concretas. En un breve plazo, una persona de confianza, (de la cual no puedo revelar el nombre ni ningún otro dato por problemas de seguridad) le entregará un meticuloso fascículo sobre el comportamiento de nuestro hijo. Espero que de alguna manera usted pueda llegar a leerlo.
203
Estimado Lázaro: ha llegado el momento de abandonar toda queja y su prima hermana, la duda. Ni hablar de sus parientes lejanos tales como la indolencia o el gusto exagerado por los melodramas, o mejor aún, la observación compulsiva de siluetas danzantes.
He dedicado estos días a realizar modificaciones en el orden de los libros que contienen los estantes de nuestras bibliotecas. Sabiendo que usted deberá proceder a realizar los mismos movimientos, paso a detallarle títulos y nuevas ubicaciones.
“El imbécil coronado” ahora está en donde estaba el tomo 4 del “Diario de Bitácora”; “Recorridos y costumbres de las columnas de perros” en el sitio de “La cola negra, detalles y descripción de su conducta”; “Reinados breves y jerarquías en el reino animal” fue retirado por el momento de su sitio y aun no tiene ubicación definitiva. Si bien a algunos podrá parecerle que estos cambios son insignificantes, vale aclarar que es posible que tengan razón. Y con esto creo dar por terminada esta segunda etapa de nuestras investigaciones. Me han llegado noticias que dan cuenta de la existencia de dos amigos que estarían llevando a cabo una compilación de nuestras actividades y tomando como modelo nuestros anteriores tratados organizarán una edición en sucesivos tomos que verán a la luz quien sabe cuando y bajo que influjo. Si tiene algún dato al respecto espero me lo comunique.
He dedicado estos días a realizar modificaciones en el orden de los libros que contienen los estantes de nuestras bibliotecas. Sabiendo que usted deberá proceder a realizar los mismos movimientos, paso a detallarle títulos y nuevas ubicaciones.
“El imbécil coronado” ahora está en donde estaba el tomo 4 del “Diario de Bitácora”; “Recorridos y costumbres de las columnas de perros” en el sitio de “La cola negra, detalles y descripción de su conducta”; “Reinados breves y jerarquías en el reino animal” fue retirado por el momento de su sitio y aun no tiene ubicación definitiva. Si bien a algunos podrá parecerle que estos cambios son insignificantes, vale aclarar que es posible que tengan razón. Y con esto creo dar por terminada esta segunda etapa de nuestras investigaciones. Me han llegado noticias que dan cuenta de la existencia de dos amigos que estarían llevando a cabo una compilación de nuestras actividades y tomando como modelo nuestros anteriores tratados organizarán una edición en sucesivos tomos que verán a la luz quien sabe cuando y bajo que influjo. Si tiene algún dato al respecto espero me lo comunique.
Fin tomo 2
Tomo 3
204
Entiendo, querido Gabriel, entiendo… nada más apropiado, para terminar la segunda etapa de nuestras investigaciones, que obedecer la ley del mayordomo holgazán: esconder la basura (el fascículo) debajo de la alfombra. Los lectores que anhelaban entrometerse en nuestros fútiles enredos domésticos, se sentirán seguramente defraudados. Como defraudado me sentía al tener que componer esta banal introducción para dar inicio a la tercer etapa. Pero si el error es el sostén que afirma la validez de todo método, podemos una vez mas desembarazarnos de las estúpidas limitaciones de lo correcto. No así de la imprescindible simetría que por siempre debe imperar en nuestras bibliotecas. Muchos se preguntarán el porqué de semejante operación, serán como los otros, defraudados. No es en la vulgar afirmación de la respuesta, donde sus necesidades se verán satisfechas: recomendaría más bien, que siguiesen un comportamiento análogo al nuestro. Recomendación que hago extensiva a los dos “amigos editores”, especie de la que también yo tengo vagas noticias. No tratándose esta vez de orangutanes, es posible que sus objetivos lleguen a buen puerto.
205
Querido Lázaro: no tengo nada para decirle. Nada por escribir o escrutar. Nada entre las grandes nadas para pensar, oír o responder. No he llegado a conclusión alguna, no se ni tan siquiera como seguir la próxima frase. Es el momento al que llega todo humano cuando las palabras dejan de ser, para convertirse en algo mucho más peligroso.
El peligro ha visitado mi estudio y se ha paseado frente a mi ventana. A manera de alces, de perros negros, de niñas que dibujaban peces con ojos enormes. Algo se ha instalado en mí para no abandonarme. He pensado repetidas veces en los valores y en las letras que le imprimen justicia a lo que las acompaña para configurar palabras. Palabras como: nada, acerca, ocultarse, miope, envejecido, matrimonio, verdad, asiento, colectivo, rúcula, espinaca, olores, nariz, hueco, horizonte, al, sino, y tantas otras que nos acompañan a cada despertar. La corrección nace de la voluntad moribunda. No espere ahora, Lázaro, que sea correcto. A partir de este momento decido resolver las cosas en el orden de la facilidad: dormir una siesta infinita, cloquear como una vieja gallina, resolver palabras cruzadas, ausentarme por mil años en la vidriera empañada de un asilo para ancianos. Cumplo en responder a cada pretendida revuelta. Supongo ahora debo dedicarme por entero al campo de la revolución. La experiencia me ha demostrado que no es tan fácil. Dedicaré todos mis pensamientos a resolver el enigma planteado.
Hasta pronto, Lázaro.
El peligro ha visitado mi estudio y se ha paseado frente a mi ventana. A manera de alces, de perros negros, de niñas que dibujaban peces con ojos enormes. Algo se ha instalado en mí para no abandonarme. He pensado repetidas veces en los valores y en las letras que le imprimen justicia a lo que las acompaña para configurar palabras. Palabras como: nada, acerca, ocultarse, miope, envejecido, matrimonio, verdad, asiento, colectivo, rúcula, espinaca, olores, nariz, hueco, horizonte, al, sino, y tantas otras que nos acompañan a cada despertar. La corrección nace de la voluntad moribunda. No espere ahora, Lázaro, que sea correcto. A partir de este momento decido resolver las cosas en el orden de la facilidad: dormir una siesta infinita, cloquear como una vieja gallina, resolver palabras cruzadas, ausentarme por mil años en la vidriera empañada de un asilo para ancianos. Cumplo en responder a cada pretendida revuelta. Supongo ahora debo dedicarme por entero al campo de la revolución. La experiencia me ha demostrado que no es tan fácil. Dedicaré todos mis pensamientos a resolver el enigma planteado.
Hasta pronto, Lázaro.
206
Estimado Gabriel, me permite una vez más, ejercitar una breve interrupción en la continuidad de nuestro diálogo. El motivo es que debo formular una serie de advertencias destinadas a nuestros lectores, o más bien a esa multiplicidad de ignotos receptores que de un modo u otro creen de ser nosotros. “Amigos, andáis demasiado de prisa, lo que nos hace individuales, donando el goce que por ello nos invade, incluye una ley vetusta que limita las fuerzas emotivas y organiza las energías. Esta observación tan obvia como sencilla, acentúa en el Gabriel que ahora sois, la negación de la intención de actuar en nombre de las ciencias y la propensión a cloquear como una vieja gallina.”Querido Gabriel, ningún silencio sellará para siempre la boca deforme que habla siguiendo las indicaciones de un presunto “nosotros”. Aquellos comprometidos en la sórdida complacencia de las matemáticas, ya saben que usted y yo somos tres. Otros, comprometidos con el exasperado ardor de la vida emotiva, saben que somos capaces de hablar con labios ajenos. Los menos, encerrados en sus temperamentos críticos, se preguntan el porqué del protagonismo inestable de alces, perros, laberintos y conejos. Esfuerzo ponderable que jamás será gratificado”.
207
Querido Lázaro: las interrupciones son a las paradojas lo que los talismanes de la benevolencia a los odres pretenciosos. Puede parecerle críptica esta afirmación, pero si se detiene en cada detalle, verá confirmada la premisa. No me refiero a un nosotros como tales sino a la ausencia de todo Lázaro o Gabriel como rasgo del infinito que se avecina. Hay más bien una burla al Gran Todo, una taxidermia del lenguaje. No le pido que hoy tome decisiones, simplemente que pueda admitir el éxodo de toda duda.
208
Estimadísimo Lázaro: veo entre piedras lunares y helechos exuberantes que su voz se ha ido apagando al son de la estación veraniega que rige ahora sus días. Supongo supone un nuevo amor que se derrite entre vaguedades ausentes. Aquí las cosas funcionan de otra manera. Como corresponde a un hemisferio distinto, corremos las ventanas, nos ocupamos de mantener el fuego siempre vivo y asistimos sin prisa a una nueva dirección en el combate entre el bien decir y no decir nada. Las cosas suceden de manera extraña si no pensamos en ellas. Pero ahora se necesita dar un buen golpe de timón. ¿Será capaz de recordar nuestros días en el mundo diminuto?¿Tiene en cuenta que la niña que dibujaba peces con ojos enormes aun grita en el bosque?¿Qué ocurre cuando los alces descansan?¿Hay búfalos aún en la pradera que vislumbra desde su ventana?
Me vuelvo a preguntar que ha sido de usted, ya casi sin esperanzas. No suelo tomar las riendas de la credulidad para satisfacer mi descanso. Hay mucho por hacer, Lázaro, le sugiero despierte, hable y viva.
Me vuelvo a preguntar que ha sido de usted, ya casi sin esperanzas. No suelo tomar las riendas de la credulidad para satisfacer mi descanso. Hay mucho por hacer, Lázaro, le sugiero despierte, hable y viva.
209
Querido amigo Gabriel, la distinción entre hacer y no hacer, que para algunos, compromete las raíces más profundas de la credulidad, pasa como un dato marginal ante la gran ignorancia de lo deslumbrante. No pretendo confundir una vez más a nuestros lectores con frases de escaso efecto como la precedente, más me veo obligado a prologar con coloraciones solemnes la descripción de aquello que se ha presentado en la economía de la vida como un simple problema mecánico. No fueron siluetas de alces dibujados en pasillos sombríos, ni ánforas iluminadas por relámpagos, el motivo de mi ausencia en el puntual ritual del diálogo. Sólo herrumbre en los goznes de mi sarcófago. Herrumbre que impedía, claro está, la apertura de la loza tumbal. Muchos se sorprenderán o imaginarán una escena escalofriante, nada más alejado de la fútil anécdota. Ahorraré a usted y a los lectores el modo a través del cual pude liberarme del fastidioso accidente. Presento a todos mis disculpas y renuevo el improrrogable compromiso que nos mantiene en vida.
210
Lázaro, Lázaro invisible, Lázaro pájaro de cuentas, Lázaro que aun insiste en estar vivo. En este momento no puedo evitar revelar uno de nuestros actos más privados a la mirada indecisa del rebaño humano, con el doble objetivo consistente por un lado en dar una lección a la tropa y por otro a mi mismo. Limpiar regularmente los goznes del olvido, lubricar a diario las bisagras de nuestras lápidas, dar brillo a los acerados apliques que adornan nuestras tumbas, aspirar el polvo y las cenizas que se acumulan anticipadamente en los ataúdes. De eso se trata cada segundo de nuestras vidas. Aunque contrariándolo todo, debo confesarle que he vuelto a estudiar el espíritu de ese ser que nos ha visitado simultáneamente hace poco tiempo y se materializó en la figura de un cangrejo en nuestras espaldas. Sabemos que nos obligó a girar a velocidades inverosímiles. Hoy he vuelto a soñar con él y no me atrevo a confesar más que sus primeros balbuceos que paso a transcribir: cangrietro curcuma cangrietro, cangricurcuma kiejo cangri cangri…
No sé bien que intentó comunicarme, dejo a usted las conclusiones necesarias para abordar semejante caso.
No sé bien que intentó comunicarme, dejo a usted las conclusiones necesarias para abordar semejante caso.
211
Querido Gabriel, abordar la vastedad de los fenómenos, o uno solo en particular, es el único acto tolerado por la retirada de la voluntad; el mal que me aqueja. Ser un faro de huesos no me exime de la responsabilidad simultánea. Amigo, ya no haré mas utilización del recurso de las auto justificaciones. De aquí en más comprometeré la prosa con la vivacidad de lo existente. Vayamos al problema: el ser que nos ha visitado renueva su presencia, no así, los interrogantes que la acompañaban. Recomiendo abandonarlo en la caja de selenio, bajo la custodia del perro negro o de alguna otra de nuestras criaturas. Sometido por los impactos continuos de la indiferencia, no encontrará mejor distracción que la de develar los enigmas de su monótono balbuceo. Le sorprenderá seguramente querido Gabriel, la frialdad que asiste la consistencia de mis razonamientos, pero como dije anteriormente, no pienso extenderme en auto justificaciones. La desnudez del crucificado y el paso lento de la desgracia se alojarán en las entrañas del balbuceante, que podrá seguir entonces el destino del rebaño y las regulaciones de lo posible. Créame, una vez admitido y privado de misterios, no ocasionará mas daños. Su lugar vacío será ocupado por el “sereno vigía”, aquel que mueve sus manos con seguridad, en la intención humana que se hace obra. Un temperamento modesto como el suyo nos será de mayor utilidad.
212
Queridísimo Lázaro: he temido que mi imprudente ausencia, que por cierto está justificada en el más antiguo de nuestros protocolos, ha causado extrañas intervenciones por parte del Gran Todo. Paso a detallar los motivos que me llevaron a un silencio que por tan prolongado se pudo imaginar eterno. Volví a sumergirme en la parte líquida del mundo con el objetivo de cotejar ciertos parámetros en uno de los experimentos que había abandonado en el trasfondo de la memoria y ocurrió lo inesperado. La cosa fue así: comencé por una simple inmersión nocturna de pocos minutos en el arroyo que usted ya conoce, ese que fluye con aguas cristalinas a pocos metros de la ventana de mi estudio, casi igual al que usted visita algunas tardes de estío. Al repetir la aventura, una fuerte correntada, cuyo origen aun no puedo explicarme me fue arrastrando a aguas cada vez más profundas y mi entusiasmo por los resultados, los valores, y los números del experimento me hacían olvidar de todo peligro, cuando de pronto me hallé en medio del océano, sólo acompañado por una de mis asistentes (usted recordará a la niña del bosque, esa que pintaba peces con ojos enormes). Para no agobiarlo con tanto detalle solo voy a decirle que finalmente me encontré en una pequeña playa situada a unos pocos centenares de metros del casquete polar, en compañía de ballenas negras, cachalotes rosados y focas retardadas. Uno de los turistas que veraneaban en tan extraño sitio dijo conocerlo a usted, de unos baños termales y refirió la anécdota ya por todos conocida. Finalmente accedieron, luego de largas noches interminables y auroras boreales repetidas hasta el hartazgo, a transportarme en una pequeña embarcación, hasta mi estudio. Aun estoy secando mis ropas húmedas, sacudiendo la sal de mi cabellera vacía y como corolario de tan florida travesía veo con sorpresa que Magdalena y su tío el sastre se han mudado a mi domicilio, portando con ellos a varios de los haraganes de los que tanto hemos hablado y al conjunto de los habitantes del mundo diminuto. ¿Usted me los ha enviado como emisarios para conocer mi destino? Espero su pronta respuesta y sepa disculpar mi silencio.
213
Querido Gabriel, espero que ya repuesto de la nueva aventura, pueda afrontar con serenidad el siguiente interrogatorio al que lo debo someter. Aclaro a los lectores que se trata de una praxis habitual, una operación indispensable para la recomposición de nuestra plataforma investigativa. Visto que, el entero periplo en el que estuvo involucrado, se despliega en las cercanías del casquete polar durante la temporada veraniega, a los ojos de todos, salta una curiosa contradicción en su relato: "luego de largas noches interminables"... es allí seguramente, en el "aparente" error geográfico (en el verano las noches árticas son las más breves), donde se esconde una de las llaves de lectura de lo que realmente intenta comunicarnos. Pasemos entonces a las preguntas: 1) El turista (creo en realidad que se trata de un mayordomo) que encontró en "el extraño sitio" y que dijo conocerme, ¿hizo alguna referencia a una supuesto ligadura geotérmica entre la isla polar y los baños termales? 2) ¿Le habló en algún momento de movimientos de tropas y ejercicios grupales destinados a la construcción de duraciones inestables? 3) ¿Podría describirnos detalladamente el tipo de comportamiento de cada una de las "variedades zoológicas" de la isla durante las "noches interminables"? 4) ¿Notó usted durante su estadía, variaciones de volumen en su caja craneana? 5) ¿De qué tipo de mecanismo propulsor estaba dotada la "pequeña embarcación" que lo transportó hasta su estudio? 6) ¿Aún persiste la humedad que impregnaba su indumentaria?. Suspendo por el momento el interrogatorio. Una fuerza de naturaleza desconocida y el portavoz de los alces, me invitan a refrescar las ideas fuera del estudio en la reverdecida pradera. No por ello olvido responder a la pregunta que cierra su relato: Magdalena, el sastre y los haraganes, nada tienen que ver con todo lo anterior. Aquí nos enfrentamos a vulgares problemas de comportamiento. Esa banda de malvivientes (permítame llamarla así) se había instalado en mi estudio con la única intención de no hacer nada. El sastre olvidó por completo el oficio que le da el nombre, Magdalena se ofrecía sensualmente todo el tiempo a los haraganes, los habitantes del mundo diminuto imitaban en escala diminuta las mismas inútiles cosas. Como imaginará, no tuve otra alternativa que echarlos a patadas, imagino hará usted lo mismo.
214
Querido Lázaro: Por vez primera y tratándose de una necesidad imperiosa comenzaré a responderle en forma invertida. Usted, y todos los que me conocen, saben de mi temperamento tranquilo y de mi naturaleza pacífica, motivo por el cual no podré cumplir con lo que ha imaginado. Muy por el contrario, preso de mi espíritu gregario, he desarrollado un impulso irrefrenable de hospitalidad. Dicho esto, sólo resta comentarle de que modo nos hemos organizado. El sastre pernocta en el comedor y duerme bajo la mesa. Magdalena se ofrece a los paseantes en la puerta de mi domicilio y regresa bien entrada la madrugada. Los haraganes han comenzado a construir camas colectivas y se pasean por el estudio generando un desorden infinito (el único interdicto que he logrado imponerles es el de mantenerse alejados de los volúmenes que reposan en las bibliotecas).Los habitantes del mundo diminuto se han multiplicado y por lo que me han dejado intuir han solicitado nuevos tinteros. No conforme con esto, he publicado en el periódico local un aviso invitando a quien quiera a sumarse a este nuevo orden, con la secreta esperanza de que la llegada de nuevos "amigos" expulse a los anteriores. El resultado no ha podido ser peor. Ahora, en este mismo instante puedo observar como el Sargento Amarilla desayuna con uno de los alces mientras los de la chalupa se dedican a jugar partidas de barajas con los habitantes del mundo diminuto. La cola del perro negro es la única que parece mostrar cierto grado de incomodidad y se arroja una y otra vez al fuego de la chimenea intentando lograr el mismo prodigio que otrora consiguiera en una de nuestras visitas a la India. Le he dicho que no todo fuego es una pira funeraria, pero no me hace caso. Los asistentes hacen lo posible por mantener la limpieza y yo, Gabriel, me dispongo a prodigar mis mayores atenciones a todo el armónico y bullicioso universo queme habita. Espero que este pequeño prefacio le de una somera idea de cómo marchan las cosas por aquí y le pido permiso para continuar respondiendo a sus preguntas en un próximo envío.
215
Querido amigo Gabriel, permítame subir sobre un peñasco protegido de los embates del océano, para poder observar con la suficiente distancia lo que ha pasado y lo que está pasando desde que ambos hemos dado inicio a este diálogo. Aclaro a los lectores que existía un “antes” del mismo en el que un “esto” respiraba inmóvil. Pero no es ese “esto”, que alguna vez fue “aquello”, lo que hoy pretendo poner bajo el lente severo que intenta corregir el efecto de los fenómenos en los que nos vemos involucrados. A ningún aparato regulador pasará inobservada una constante: nuestras experiencias siguen un ritmo de acumulación y vaciamiento. La “ocupación” actual de su estudio, es el enésimo caso de “llenado/vaciado” sorpresivo y asimétrico que se repite sea en su estudio, sea en el mío. ¿Cual es el motivo de esta constante? Podría aventurar, no sin un elevado margen de duda, la siguiente hipótesis: Los elementos acumulados y coexistentes responden al llamado de un determinado tipo de “humedad”. Esta humedad sigue un ritmo irregular de emplazamientos alternados. Es evidente que su asentamiento actual reside en las “ropas humedecidas” que usted transportó desde la isla vecina al casquete polar. El sastre y su comitiva no han hecho otra cosa que seguir un llamado atávico, y no como yo creía, el efecto de mis patadas. Por todo ello, es fundamental que usted responda lo más pronto posible a las preguntas precedentemente formuladas. Develando el origen de esta retención hídrica localizada, resolveremos buena parte de los problemas que obstaculizan nuestras investigaciones. Comprendo las dificultades que estará atravesando, pero como imaginará, mi situación sigue una partitura inversa. Aquí gobierna la absoluta normalidad, los objetos funcionan según la lógica con la cual fueron modelados por pacientes artesanos, los tinteros son tinteros y contienen tinta, sobre el escritorio, escrupulosamente ordenado, reposa un libro sobre la historia del hampa y otro sobre la educación vial. Créame querido amigo, la pulcritud y la medida exacta componen con el silencio y la moderación de los sentidos, el diorama de una existencia segura.
216
Querido Lázaro: Haber nacido demasiado tarde es el resultado oblicuo a haber nacido demasiado tarde. Dejemos descansar a la larga hilera de pares opuestos en el anaquel del buen olvido y dejemos que la dialéctica repose el tiempo necesario para retornar con el rostro rejuvenecido y los músculos tonificados. Quizás usted note algún rasgo de emociones atropelladas en mis palabras y está en lo correcto. Luego de revisar parcela por parcela el conjunto de mi memoria, esa prima efímera de la consistencia, he descubierto que la “ocupación” actual de mi estudio no es más que otra de las consecuencias inevitables de mi conducta. Ahora disfruto plenamente de las charlas que mantienen los alces con los holgazanes, tomo nota de los desplazamientos irregulares de los habitantes del mundo diminuto y por sobre todas las cosas aparto sinceramente mi mirada, otrora hermana de la jurisprudencia, de los actos de Magdalena y el rebaño humano. Lamento, quizás sin razón, la actual situación en la que usted se encuentra, motivo por lo cual le propongo un nuevo encuentro para proyectar una vez más otro de nuestros largos viajes. Debemos pensar con serenidad nuestro próximo destino y resolver quienes nos acompañarán en esta aventura. El perro negro ya ha manifestado querer ser de la partida, así como el sastre y su sobrina. Espero mi propuesta sea de su agrado y podamos ponernos en marcha lo antes posible. Los alces quedarán a cargo de mi estudio y los holgazanes se ofrecen a cuidar el suyo, así que en lo que respecta a las obligaciones del quehacer diario las cosas parecen estar resueltas. Espero ansiosamente su respuesta.
217
Querido Gabriel, el ansia que fielmente lo acompaña, será defraudada. Su propuesta, que sin duda es de mi agrado, no se podrá llevar a cabo: la dificultad, sobrina no reconocida del arrepentimiento, ha dejado sus vestidos de pordiosera en el cuerpo del discurso que usted y los otros lectores comenzarán a desnudar. No intento con esta admisión de inconveniencia, promover el protagonismo de esa sobrina ingrata, sólo anticipo las posibles confusiones que se pueden desarrollar en la común habitación de lo retórico, ya que, poco tienen que ver los desfiles de campeones con las conexiones necesarias que hacen posible la justa reflexión. Querido amigo, me he extendido en este prólogo nebuloso, para evitar el impacto con lo que le debo confesar: la soledad en la cual me vi inmerso luego del “éxodo total”, me llevo a imitar su gesto, publicando un aviso en el periódico local, invitando a quien quiera a sumarse al nuevo orden. La respuesta fue inmediata, en pocas horas mi estudio se vio poblado de nuevas figuras. Se preguntará usted seguramente de que tipo de cosas o organismos se trataba y en el mismo momento que usted se lo pregunta, vacilante, transcribo la siguiente descripción de los mismos. “Pertenecen sin duda a la especie humana y se presentan según los modos comunes a una agregación de similares. Cada uno de ellos se retiene en si mismo ostentando la posesión de un nombre, María, Rubén, Carlos, Daniela, Jesús, Osvaldo...y muchos otros más. Hacen uso de nuestro mismo idioma madre, por lo tanto he podido establecer un contacto continuo con cada uno de ellos y con el conjunto”... La descripción es breve, pero suficiente como para poder interpretar el argumento que motiva el rechazo de su propuesta. Transcribo nuevamente...” Sorprendido por este proliferar de conductas precisas y seguras, comencé padecer una lenta disminución de mis aptitudes, volviéndome vulnerable ante las críticas que estos seres voluptuosos me proferían. Por ello, fui inevitablemente apartado del grupo, considerado inadecuado por falta de coraje y tensión emotiva. Luego de poco tiempo, pasé a ser objeto de todas las burlas, abanderado de la tontería, siervo irritado”. Comprenderá amigo querido, cuán doloroso fue reconocer y difundir el degrado en el que me vi reducido. No lo llevaré hacia el aburrimiento contándole todo lo que siguió después, pero le puedo jurar que ese triste capítulo es ya agua pasada. Hoy, reconocido finalmente como uno del grupo, me siento al seguro y en plena posesión de mis fuerzas. Gabriel, seria de mi agrado que usted se sumase al grupo. He presentado a los responsables su historia personal y se han demostrado más que interesados ante una posible nueva admisión. Por el momento dejemos de lado a los asistentes, evitemos nuevas confusiones. Invierta sus deseos amigo, la ansiedad ahora es mía.
218
Querido Lázaro: hay quienes ponen en el tiempo la gran esperanza. Pobres de ellos. Hay otros que ponen en su ausencia la verdad misma del Gran Todo. Yo, Usted, los alces y también y los holgazanes, dejamos al tiempo a un lado. Hoy lo tengo justamente situado en mi escritorio y ha adquirido la forma del perro negro. Su cola reboza de alegría y la niña del bosque se ha puesto su cola como tocado por encima de su nuevo sombrero. ¡Ya no volverá a pintar peces ni correr por la pradera en busca de ojos enormes! Está sujeta a lo que la nada le indica. Bebemos te lunar en microscópicas tardes, sometemos al Sargento Amarilla al juicio del de la Melena de Melaza. Sé, y bien que lo se, que estas palabras inauguran un nuevo contrato social. Ignorarlo no hará mella en nuestra vieja tarea. Escribir en un relato conciso cada una de las tareas del rebaño humano, fijando la mirada en lo esquivo de cada instante.
219
Querido Gabriel, podemos como usted dice, dejar el tiempo de lado, más no los efectos que ese amigo invisible imprime en la exaltación del presente. Por ello, antes de inaugurar un “nuevo contrato”, me veo obligado a relatarle los sucesos que han motivado mi prolongada ausencia. Desde ya, le aclaro, que no se trató de una inesperada caída en un estercolero astral, ni mucho menos de un encuentro sublime con un albatros pelado. Nada de maravilloso puede rescatarse de un normal caso de sumisión al poder de un grupo de fanáticos. Quien tenga interés notará, revisando mi anterior mensaje, que, desprovisto de espíritu crítico, dejaba de lado yo toda mi lucidez, en la creencia de un compuesto de humanos estructurado según un modelo jerárquico. Las consecuencias de tal abandono no tardaron en verificar secuelas devastadoras en el organismo que las alojaba. Acunado por la privación y la obediencia, no opuse resistencia ante el más cruel de los vetos: “los responsables” decretaron que todo contacto con usted, sería severamente sancionado. Todas las ventanas de mi estudio fueron tapiadas, el laberinto demolido y los libros de la biblioteca reordenados según las indicaciones de “los asesores”. Vejado en lo más profundo de los hábitos y las necesidades prácticas, de lo que alguna vez fui, quedaba bien poca cosa. Pero esa poca cosa fue suficiente para encontrar un salvoconducto. “Los fanáticos” olvidaron destruir la escultura de arcilla que ha usted lo representa. Es inútil que prosiga con el relato, ya que a este punto, podría más fácilmente continuarlo usted. Lo cierto es que ahora en mi estudio, esplende la luz matutina y en el aire vibran las campanas de una estación peregrina. Son muchos los voluntarios que han ofrecido sus fuerzas para reconstruirlo. Querido amigo reiniciemos el diálogo anterior: “Sé, y bien que lo se, que estas palabras inauguran un nuevo contrato social. Ignorarlo no hará mella en nuestra vieja tarea. Escribir en un relato conciso cada una de las tareas del rebaño humano, fijando la mirada en lo esquivo de cada instante”.
220
Querido Lázaro: luego de una atenta lectura al conjunto de nuestros últimos informes no he dudado en pensar en reunirlos a todos ellos en un compendio titulado “Serie indefinida de inconvenientes en las tareas previstas: sus causas, consecuencias y desarreglos provocados por los mismos”. Quizás, un título pretensioso que nos permitirá desembarazarnos prontamente de dicha temática para pasar al “nuevo contrato”. Creo que ha llegado el momento de comenzar a delinear una estrategia acerca de nuestras investigaciones, tanto de orden metodológico como de su primo lejano, el relato delimitado por capítulos y tomos. Puedo pensar hoy con el brillo que me dan los años y ver a simple vista que el artilugio del vaso para visitar el mundo diminuto no debió ser olvidado con tanta ligereza. Ni hablar de las observaciones detalladas de la conducta del perro negro y los conejos de vidrio (cuya existencia parece haberse volatilizado de nuestros apuntes diarios). ¿Sabe usted que ha sido de la suerte del búfalo? ¿Qué ha ocurrido con el perro negro? Hay más de un detalle que hemos descuidado y debemos enmendar rápidamente todos los posibles caminos inapropiados. Es momento entonces de ajustar con una cinta roja la temporada de las postergaciones y reiniciar, tal como tantas veces hemos dicho, el diálogo anterior. Usted sabrá a que me refiero.
221
Querido Gabriel, no lo dudo, en el capitulo se afirmará aquella voluntad inmanente que nos separa del destino del distraído transeúnte. El compendio, que sabiamente usted ha titulado “Serie indefinida de inconvenientes en las tareas previstas: sus causas, consecuencias y desarreglos provocados por los mismos”, resonará como advertencia a las generaciones de humanos motivados por una pasión dominadora. Y quien sabe, querido amigo, si no será el mismo relato contenido, la causa de una nueva exageración en el natural desenvolverse de los hechos en los que se debaten las especies. La observación detallada, hermana mayor de la atención sarcástica, supone un inevitable enmendarse, al cual por el momento podemos dejar de lado. Como usted cree, yo también creo que una cinta roja puede ajustar el postergado afán y hacer pasar, a través de la tensión ejercitada sobre ella, lo que verificamos como reiniciación. Resta, claro está, redefinir una localidad alternativa capaz de alojar “lo inapropiado”. Es allí donde tenemos que encontrar las respuestas a sus interrogaciones: no muy lejos, querido Gabriel, del brillo que envasa su cabeza, en un sin fin de pseudoobjetos que deliberan en pos de una fanática estrategia. Es allí donde lo ocurrido y la conducta, la suerte y los artilugios, hacen causa común con "lo volatilizado". Por lo tanto salto, y le respondo sobre lo que ha sido, con lo que será: los conejos de vidrio volverán a nuestros apuntes diarios respetando el automatismo de sus hábitos, no lo dude. El perro negro, ignorando todo tipo de andamiaje metafísico, encontrará en “lo ocurrido”, un buen lugar en donde esconder sus huesos. El búfalo, separado de toda suerte o accidente, extinguirá su paciencia de rumiante, confirmando la espacialidad de su mole.
222
Querido Lázaro: las restricciones son siempre peligrosas. El pensar nuestro relato solo en relación con tomos, capítulos y diversos modos del arte de la acotación, es negar la virtud de los caminos del extraviado. Hoy he decidido seguir paso a paso el recorrido realizado por uno de ellos: el búfalo. He llegado a diversas conclusiones: en primer lugar no ha migrado ni realizado nada por fuera de lo relatado. Su vida consiste en el aparecerse frente a la ventana de mi estudio para luego ocultarse en el bosque. Hago notar aquí que en innumerables ocasiones lo ha hecho acompañado por los dos conejos de vidrio. Otra de sus peculiaridades es la de llevar consigo últimamente a la pelota azul. En segundo lugar, y esto no es de escasa importancia he de concluir en que mientras no puedo tener un registro preciso del mismo, el búfalo deja de existir para mis investigaciones. Esto podría llevarnos a innecesarias tribulaciones filosóficas. Prefiero que me lea tal y como lo he escrito. El perro negro tampoco ha variado sus actividades y en general se encuentra a mi lado, o bien persiguiendo a su propia cola que insiste una y otra vez en anidar en cualquier parte de mi cuerpo. No negaré, por cierto, su sugerencia de numerarlo todo, motivo por el cual, doy por finalizado el presente informe.
223
Querido Gabriel, la escasa importancia, hija no reconocida de todo lo que habla de un “no relatado”, dispone en un único esfuerzo la validez de lo representado. La regularidad, gemela del astro y la insistencia, descansa allí donde el riesgo reflexiona. Prefiero ocuparme por lo tanto, más de sus decisiones, que de correr detrás de lo extraviado. Gabriel es entonces el informe finalizado, Lázaro la inmediata respuesta. El cielo azul no es cielo, ni azul es el azul del cielo. El búfalo no es mejor ni peor que los parásitos que lo habitan. Ninguno es el perro negro cuando cesan las actividades de su cola. La ventana y la pelota azul confirman la escasa importancia de estas triviales aserciones…Sus decisiones querido Gabriel, despejan el horizonte de lo innecesario, inaugurando la potestad del registro preciso.
224
Querido Lázaro: alguien ha decidido cesar toda actividad. Los designios de la voluntad mortuoria sólo le pertenecen al si mismo. No se bien si dicho si mismo, hermanastro de la voluntad, aprobaría mi última investigación. A pesar de ello y con el peso enorme de la tristeza infinita que se filtra por el iris del ventanal debo cumplir con el protocolo establecido en la página 224 del tomo 9 del Diario de bitácora: “cuando debemos examinar el alumbramiento negativo sugerimos en primer instancia recorrer cuidadosamente el sitio en el cual depositaremos lo que ya no es pero se le parece”.
Debo en primer lugar pedir atención absoluta. La actividad nula de la cola del perro negro determina que no solo él es ninguno, sino todos aquellos involucrados en dicha aventura. Sus cielos azules o los nuevos verdes que habitan ciertos árboles no tienen en este caso importancia alguna. Intentaré describir en primer lugar (sepa disculpar si mis palabras se tornan por momentos confusas) el objeto que decidí investigar. Se trata de un animal humano, más precisamente un vecino, que decidió mudarse a mi estudio. Recordando lo escrito en la página 455 del tomo 3 del Diario de bitácora, construí con la ayuda generosa de mis asistentes (olvidé comentarle que han regresado arrepentidos luego de sus aventuras en el bosque) un nido de nuevo género ubicado exactamente en el ángulo superior derecho, a pocos centímetros del tercer estante de mi biblioteca.
El huésped inesperado resultó ser el padre de los alumbramientos negativos: no crea que exagero, dio paso a paso y día a día muestras de una entereza sorprendente. Realizó pedidos inauditos tales como una cinta roja para recubrir su calvicie, ciertos alimentos para los animales que habitaban cordialmente en sus encías e innumerables instrucciones incomprensibles. Si esto le parece algo del orden de la excentricidad, debo confesarle que en un principio pensé lo mismo.
Podría referir inicialmente a cuestiones elementales, a preceptos filosóficos triviales, a normas, a conductas a seguir, pero prefiero dar paso a las palabras exactas del conjunto del Gran Todo, y aunque algunos puedan desconfiar o pensar que esto es un simple ejercicio literario dedicado al arte mortuorio, Lázaro amigo, el episodio y el si mismo evaporarán al pato de la duda y evitarán a un mismo tiempo toda clase de arrepentimiento inútil.
225
Querido amigo Gabriel, dijimos alguna vez, que "la trama del posible extrae su ritmo de los pensamientos ausentes". La simplicidad de símil presupuesto, puede bastar para colmar la ansiedad en la cual nuestros lectores se vieron precipitados. Pero los obstáculos lógicos de la lectura imponen otro tipo de ordenamiento narrativo, del cual no podemos eximirnos: en tanto usted, Gabriel, construía el nido para albergar “el huésped inesperado, padre del alumbramiento negativo”; yo, Lázaro, llevaba a cabo la vieja práctica del auto congelamiento.( ¡Que no se confunda el desprevenido lector! Nada tiene que ver ello con la temporada helada de los úrsidos!). Siguiendo al pie de la letra el protocolo, apliqué esta técnica rudimentaria para develar la naturaleza del “asombro”, esa afección perceptiva que nos ha provocado más de un problema en el desarrollo de nuestras investigaciones. Hasta el más distraído notará, que al reducir al mínimo mis funciones vitales, no hacía otra cosa que imitar la gesta de su vecino, restableciendo el sistema de simetrías con usted y con su estudio, el mismo que nos permite reiniciar el diálogo anterior.
226
Querido Lázaro: he debido permanecer mudo e inactivo durante este tiempo que ha finalmente concluido. Como podrá apreciar aquél que anidaba en mi estudio ha conseguido hace instantes la experiencia mayúscula del alumbramiento negativo. ¡Pero a cuenta de qué extraña ambición le contaría los detalles de dicha agonía! Quizás lo único importante en esta vida se trate exactamente de eso: estar vivo. No tengo hoy mucho más por contarle, ya que todo se ha teñido de un azul que amenaza convertir mi cabeza en un bamboleante artificio. Pero tengo la convicción de delinear un camino en un horizonte muy cercano. Por favor cuénteme sus últimas aventuras y recuérdeme mi nombre, ya que lo he olvidado durante la extensa experiencia. Mis saludos para Magdalena, el perro negro (si es que está con Usted) y los conejos de vidrio.
227
Querido amigo Gabriel, la vastedad de argumentos que sostienen la insistente resistencia de lo orgánico, bien pueden diluirse en un nuevo anecdotario. Dejemos por un momento al relato (aquel bribón que cree existir para sí mismo como obra), el dominio del inocente y lento fluir que nos separa de la vertiginosa continuidad biológica. Así me lo pide usted (remarco su nombre), “Gabriel” . Inicio el mismo, declarando a viva voz, que esta vez el destino y la buena suerte coinciden. El estado de alegría me autoriza hacer uso de este tipo de expresiones despojadas de todo rigor científico. Querido amigo “Gabriel”, he recibido una sustanciosa herencia: la riqueza y los bienes bendicen ahora mi transitar entre los asuntos humanos. Sin alguna razón válida (o más bien por puro esnobismo), una anciana y rica señora, conocida durante mi estadía en la estación termal, identificó en mi a su único heredero. He terminado una vida de restricciones. El bien vivir asoma su cabezota recubierta con guirnaldas de oro allí donde antes perecía el asno de la desolación. Superada la sorpresa, y toda angustia precedente, me apresto a arrebolar la opacidad del disgusto con el diamantino afán de la opulencia.
Más no era esta la anécdota que intentaba poner en evidencia. Días atrás, con mi automóvil deportivo, me dirigía por una carretera rural hacia el pueblo más cercano. La temperatura era agradable y la naturaleza decorosamente vigorosa. En un cierto momento acciono involuntariamente el freno del brioso descapotable y todo lo anteriormente descripto instantáneamente cambia: me encuentro amalgamado con una sustancia verdosa de partículas pegajosas. Mi cabeza es una masa titubeante pululada por insectos y pequeños roedores. Luego de algunos minutos de agudos dolores siento el rumor de un tren y me adormezco. Despierto y como si nada extraño hubiese sucedido, llego al pueblo más cercano exhibiendo con orgullo mi nuevo vehículo. Pero vana fue mi intención de asombrar a sus habitantes. Parece que todos ellos navegan en la total indiferencia. Se ven atraídos por una esfera de luz verde que gobierna el centro de la plaza. Algunos buscan con desesperación fuentes de energía eléctrica, cables de alta tensión que arrancan con sus propias manos y que terminan reduciendo a los desafortunados en amasijos de carne tumefacta. No disponiendo en este momento de ningún instrumento de medición, retorno contrariado a mi estudio. Estaciono la spider en el garaje y noto con un cierto fastidio que el perro negro (si, está aquí ) olfatea con insistencia los neumáticos. Por el momento esto es todo lo que puedo referirle, ya que me veo obligado a ejercer de juez ante una disputa entre mis nuevos mayordomos.
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Estimado Lázaro: en primer lugar le debo un agradecimiento a la señora anciana y rica que ha pasado a ser historia. En cuanto al resto, a su paseo y a la sustancia verdosa, a la presencia del perro negro (debo comentarle que ya está de regreso en mi estudio y ha referido a su manera cada uno de los detalles de su estadía en el suyo), a cada uno de los segundos, que circunspectos, prosiguen su infinito desfile, no tengo nada por agregar, ya que revisando una vez más al diario de bitácora en su página 38 del sexto tomo me encuentro con la sorprendente indicación: “… y cuando una rica y anciana señora decida dar su fortuna al señor Lázaro el se encontrará amalgamado con una sustancia verdosa de partículas pegajosas…” Usted podrá intuir velozmente lo que continúa ya que es palabra por palabra lo que me ha enviado en la anterior entrega. Así que solo debo decirle que la mera instrucción es la lectura de dicho tomo en los párrafos indicados y tendrá la respuesta, incluida la solución al trivial asunto de los mayordomos. Le cuento a vuelo de pájaro que en las semanas sucesivas a su última entrega (motivo por el cual no quise interrumpir ni anticiparle los acontecimientos) usted perdió toda su fortuna a manos de sus empleados y el pequeño resto que le quedaba en juegos de azar. Como se que está en la ruina absoluta le envío junto a esta misiva un pequeño monto de dinero que hemos reservado para estas situaciones. En el diario de bitácora estaba inscripta la cláusula estricta de no interferir para nada en los acontecimientos, por lo que no le debo disculpa alguna. Simplemente y una vez más he cumplido con el protocolo tal como lo hemos acordado. Espero su respuesta y comprenda el motivo de mi “absurdo y prolongado” silencio. Lo saluda, su amigo Gabriel.
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Querido Gabriel, el continuo retornar de lo vivido hacia la superficie espejada del protocolo, no siempre resuelve con eficacia las torpezas del devenir. Algunas fallas en la estructura del diario de bitácora, demuestran que la pericia de sus obreros (usted Gabriel, yo Lázaro) no los exime de incongruencias y remociones pasajeras. Consultando una anotación al pie de la página 38, me vi involucrado en un confuso episodio sobre el cual me resultará difícil extender algún tipo de coordenadas. La anotación manuscrita (parecía más bien obra de un simio que de un experto calígrafo) señalaba lo siguiente: “…al recibir el pequeño monto de dinero, las sucesivas acciones que emprenderá el buen Lázaro quedarán privadas de todo soporte protocolar…”. Es extraño, pero el hecho de restar desafectado del andamiaje portante de nuestra experiencia, me sumió en un estado de irresponsable ebriedad. Inmediatamente me dirigí con el dinero a la casa de juegos del pueblo más cercano. Esta vez la fortuna se puso de mi parte, el pequeño monto no tardó en convertirse en un torrente de riquezas. El paso siguiente, excitado y sin otro pensamiento más que el de ostentar mi vanidad, fue el de recuperar la descapotable que yacía en la casa de empeños. Al retomar la carretera, lo inesperado no tardó en presentarse: inexplicablemente todo lo anterior había desaparecido, me encontraba en el medio del océano en un crucero de lujo gozando de merecidas vacaciones. A un cierto punto arriba uno de los ya conocidos mayordomos y me porta un mensaje: la palabra “insuficiente”, escrita sobre una piedra de ónix. Mi tranquilidad se trasmutó en ira, comencé a ver a cada miembro del equipaje como un potencial enemigo. Desesperado me zambullí en las profundidades líquidas. Grande fue mi sorpresa al comprobar que el entero océano había desaparecido y que mis pies se deslizaban sobre una plataforma de liso metal. Caminé por largas horas acompañado por un sutil estrato de ausencia de pensamientos. Mi cuerpo era casi transparente, respiraba a través de membranas símiles a las de los peces. Luego de abandonar toda fuerza de voluntad, tomé la decisión de pedir ayuda, mas no poseía ningún órgano capaz de emitir sonidos. No me pregunte cómo; pero puedo asegurarle que el afanoso periplo terminó modestamente, reencontrándome en mi escritorio con los objetos de todos los días. Espero Gabriel que pueda comprender las razones de estos turbamientos. Uno de los mayordomos se está dirigiendo en este momento hacia su estudio para reintegrarle el dinero que gentilmente usted me había enviado.
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Querido Lázaro: he esperado en vano la llegada de su mayordomo. Seguramente se ha extraviado a causa de la palabra “insuficiente” que usted menciona lúcidamente en su escrito. He llegado a varias conclusiones luego de un largo período de reflexiones. La primera de ellas consiste más que en una conclusión en algo parecido a un teorema: “el perro negro es a su mayordomo lo que lo insuficiente es a la impaciencia”. No se si es un logro importante, pero considero necesario transmitirle a pies juntillas cada uno de los fenómenos que guían mi consciencia. De más está decir que también ha vuelto a desaparecer el perro negro, llevándose consigo esta vez uno de los tomos del Diario de bitácora. Esto me ha preocupado seriamente, motivo por el cual necesito que me envíe el que tiene en su portada el número 67 ya que temo se desate una nueva catástrofe por la irregularidad entre ambas bibliotecas. He caído en una especie de sopor de nuevo género y supongo esto es solamente la primera de las consecuencias. El pelo me ha comenzado a crecer en la espalda y mi piel se ha tornado de un color violáceo oscuro. En este momento golpean a la puerta… debo atender, amigo Lázaro… ¿Será una vez más esa extraña figura que investigamos anteriormente?¿Será su mayordomo extraviado junto al perro negro? Escucho una vez más una voz ronca e inquietante: “cúrcuma… kiejo… cangricangronegro kiejo…”
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Sí, querido Gabriel; de la extraña figura que investigamos anteriormente es seguramente el origen de esa voz. Le recomiendo que por el momento no concentre su atención en ella. Tal vez en su rudimentario idioma intenta explicarle lo mismo que yo, en el pleno uso de mis facultades narrativas, estoy por comenzar a contarle. Permítame iniciar entonces, querido amigo, con la confesión de una omisión, que como verá, puede arrastrarnos hacia la completa desintegración de nuestro andamiaje especulativo: “…el mayordomo no sólo tenía que entregarle el dinero. Con la inocente idea de darle a usted una agradable sorpresa, puse en manos del mayordomo un anexo, sobre el cual he trabajado por más de diez anos en absoluto secreto, indispensable para la comprensión del tomo 67”. Hasta el más distraído apasionado de novelas policiales podría continuar este relato: resulta claro que el mayordomo durante la estadía del perro negro en mi estudio, se ganó su confianza y con un perspicaz adiestramiento le encomendó que robara el tomo 67 de su biblioteca. Quién sabe donde los dos bribones se han encontrado, lo cierto es que desde ese momento la intriga adquiere una relevancia cuya magnitud es imposible evaluar. El primer efecto es sin dudas el pelo que le crece en la espalda, el color violáceo oscuro de su piel y el sopor de nuevo género. Pero no son las transformaciones físicas, a las que por otra parte estamos más que habituados, el problema principal. Todo aquello que construimos con paciente esmero y rigor metodológico puede haber caído en manos de agentes sin escrúpulos, quien sabe con que fines. Sé que usted estará muy dolorido por la traición del perro negro al cual era particularmente aficionado y que por ello no es capaz de reaccionar. Tal vez la extravagante criatura que llama a su puerta pueda colmar el vacio dejado por el vil asistente. Yo, de algo estoy seguro, delitos y mayordomos siempre irán de la mano; de aquí en más no delegaré responsabilidad alguna en ellos. Espero Gabriel con impaciencia un nuevo protocolo para enfrentar esta emergencia.
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Querido Lázaro: sorprendido por la sentencia acerca de delitos y mayordomos, que por su grado de ingenuidad no puedo dejar de ubicar en la ilustración o en la tradición decimonónica, supongo ha ocurrido lo inevitable: usted habita ahora un tiempo y espacio distinto al mío, más precisamente el día 8 de agosto de 1870, en un pueblecillo de la Gran Bretaña. No me cabe duda alguna al respecto, ya que he investigado cada una de sus palabras y todas las que configuran su misiva están en el diario de un pequeño poblado de Inglaterra, cercano a Londres, aunque por cierto, en otro orden, en una noticia sobre la actividad de los mineros y la aparición de un extraño animal negro en una de las excavaciones, vistiendo traje de mayordomo. Dando por sentado esta nueva situación, me he ocupado de enviar a la biblioteca del pueblo que usted ahora habita y le he pedido al bibliotecario (un colaborador que nos ha asistido en el caso de la aventura en las selvas tropicales) que insertara mi respuesta en el diario del día siguiente. El protocolo a seguir es por demás de sencillo y me sorprende que no lo recuerde, aunque posiblemente su viaje hacia el pasado haya borrado temporalmente algunos de sus recuerdos. Debe solicitar trabajo en la mina y encontrar al perro negro, que vestido de mayordomo se encuentra en un estado de confusión absoluta. Una vez realizado esto, todo retornará de inmediato a una aparente normalidad, siempre y cuando logre quitarle todo el atuendo a nuestro amigo canino. Espero sus noticias y me despido de usted deseándole un muy buen viaje.